Por Diego Macías

Los malestares que la actual crisis financiera ha ocasionado se resienten en todos lados, incluso en la pobre y usualmente olvidada república de Haití. Este pequeño, pero densamente poblado, país del Caribe es identificado como el primer Estado latinoamericano que ganó su independencia, pero pocas veces nos concentramos en Haití y en sus tristes condiciones económicas: Haití es el país más pobre de América.

Se trata de un país donde más de tres quintas partes de la población económicamente activa se dedica a la agricultura; el sector agropecuario, sin embargo, no es suficiente para cumplir siquiera con las necesidades básicas de alimentación de los haitianos[1]. En Haití, la inflación mal controlada y los déficits en la balanza comercial (las exportaciones valen, a penas, un tercio de las importaciones) son la regla más que la excepción. Sumémosle la terrible cifra de 80% de la población que vive bajo el umbral de pobreza (con menos de 2 dólares estadounidenses al día) y una tasa de mortandad infantil que, contrario a la tendencia en el resto del mundo, crece. Además, Haití es con frecuencia escenario de huracanes devastadores (los últimos, en octubre y noviembre de 2008, acabaron con la vida de casi 800 personas y causaron pérdidas valuadas en 900 millones de dólares, 14.6% del PIB según el CIA World Factbook).

Si en Haití estas condiciones económicas han sido la constante, ¿qué diferencia puede existir en el panorama económico haitiano ahora que el mundo atraviesa una gran crisis? Desde hace varias décadas el país conoce altibajos en su estabilidad política, alternando elecciones con golpes de estado y periodos de liberalización con tiempos de nacionalización de la economía –y subsiguientes bloqueos económicos por parte de los Estados Unidos.[2] En esas condiciones, ¿son los efectos de la crisis mundial en Haití razones extra para preocuparse o se trata de un fenómeno que pasará de largo y que no traerá al país ningún tipo de cambios? Pero la crisis financiera, en conjunto con la caída de los precios del petróleo, presenta condiciones todavía más adversas (y expectativas negativas) para el panorama económico haitiano por dos razones indirectas (cuyo breve análisis es el objetivo del presente texto): en primer lugar, por el adelgazamiento de los fondos de apoyo económico de las instituciones financieras internacionales y de los países cooperantes. En segundo lugar, por el debilitamiento del programa venezolano Petrocaribe, responsable de un ahorro de 200 millones de dólares (muy significativo para Haití). De esta forma, la crisis mundial agudizará las dificultades económicas del país y le obligará a buscar nuevas soluciones.

¿CRISIS FINANCIERA = MENOS AYUDA INTERNACIONAL?

Durante el gobierno de Aristide, Haití sufrió un embargo crediticio y de ayuda económica. Estados Unidos, el principal donador, fue quien dirigió el bloqueo porque consideraba inadecuadas las políticas económicas de nacionalización y aumento de impuestos al capital extranjero promovidas por Aristide. El revuelo político que siguió a su caída significó, al menos, la reanudación de las transferencias financieras hacia Haití. Durante los últimos dos años los Estados Unidos llegaron a donar 400 millones de dólares, la ONU 600 MDD y los demás países (sobre todo europeos) otros 400 millones.

Ahora, en marzo 2009, el gobierno de los Estados Unidos –mediante su agencia de cooperación para el desarrollo, USAID – se reunirá con la ONU y la Unión Europea para discutir el futuro del apoyo económico a Haití. La atmósfera de crisis mundial no es prometedora, ya que se espera una disminución en el monto total versado al gobierno de este país. Por su parte, las instituciones financieras internacionales (El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo) no han definido aún si mantendrán la facilidad de créditos y préstamos al gobierno haitiano. Desde 2006 el FMI implementó, junto con el gobierno, un nuevo plan de desarrollo macroeconómico que permitió a la economía haitiana crecer un 1.8% con respecto al año anterior (cifra máxima desde 1999[3]). En parte gracias a ese crecimiento y en parte gracias a los préstamos estadounidenses, Haití logró pagar los intereses retrasados de su deuda al Banco Mundial, por lo que es, de nuevo, un Estado sujeto a crédito internacional. Si los países donantes no mantienen los mismos niveles de cooperación financiera, Haití no estará del todo solo, ya que el Banco Mundial podrá prestarle nuevamente.

EL PETRÓLEO VENEZOLANO.

El gobierno venezolano lanzó en junio de 2005 la alianza Petrocaribe. Tal programa permite a varios países del Caribe, así como a algunos centroamericanos, comprar petróleo venezolano a precios ventajosos y pagarlo a plazos extendidos con tasas de interés muy bajas (25 años y 1% anual). El proyecto ha afianzado distintas alianzas estratégicas que Venezuela mantenía con otros países (como Cuba) y ha generado una red de beneficios políticos y económicos para Caracas. Haití, por su parte, no pudo beneficiarse de Petrocaribe antes de 2006 porque Chávez consideraba ilegítima la junta militar que gobernaba con apoyo de Washington. Después de las elecciones y con la llegada de Préval (decidido a crear buenos vínculos con Caracas), Chávez introdujo a Haití en la alianza caribeña. El apoyo venezolano está valuado en aproximadamente mil millones de dólares y consiste en la construcción de cuatro plantas eléctricas, una refinería y el envío de catorce mil barriles diarios para el consumo interno.

Sin embargo, también como efecto de la crisis financiera mundial, los precios del petróleo han sufrido una caída espectacular –de más de cien dólares – a lo largo de los últimos ocho meses, lo que indudablemente afectará a la economía venezolana y es posible que varios programas de ayuda necesiten ser revisados. Sin que esto se convierta en una reflexión sobre el futuro de la economía venezolana, quiero tan sólo apuntar que, sin duda, un modelo de desarrollo fuertemente dependiente del oro negro no podrá sostenerse durante mucho tiempo a menos que limite la producción de éste y diversifique su economía.

En todo caso, creo no equivocarme al preveer que una de las primeras medidas para paliar las dificultades del bajo precio del petróleo será modificar las condiciones de Petrocaribe. The Economist calcula que cada año Puerto Príncipe ahorra 200 millones de dólares gracias a este programa, aún sin ser un país prioritario par alas relaciones políticas de Caracas (para Chávez, Haití está muy lejos de tener la misma relevancia que Nicaragua o Cuba). Limitar el programa (o peor, desmantelarlo) implicará para Haití un revés económico importante.

En suma, el recuento de los daños para Haití de una crisis que no hace más que comenzar podría ser el siguiente. Estados Unidos y la Unión Europea podrían verse forzados a reducir la ayuda financiera a Haití, lo que desincentivaría el gasto público, la generación de empleos y agravaría el déficit en la balanza de pagos. De forma similar a otros países expulsores de migrantes, en Haití las remesas han caído en un 20% (y podrían disminuir más), limitando las capacidades de consumo de un sector de la población muy ligado a la emigración (principalmente hacia Estados Unidos). En tercer lugar, Haití tendrá que reajustar sus importaciones y consumo de petróleo ante una posible restructuración de Petrocaribe por parte de Venezuela, lo que posiblemente aumente los precios en general. Sumémosle una ya conocida situación de inseguridad e inestabilidad política que ha frenado a la inversión extranjera y al turismo internacional, y consideremos los índices de pobreza y marginalidad que siguen siendo tan graves como siempre. El panorama haitiano ha sido oscurecido por la crisis mundial, pero las condiciones básicas para fortalecer su economía no existen al interior: las instituciones políticas son frágiles y la economía formal sigue siendo un lujo que el país no se puede permitir. Durante los próximos meses, Haití se sumará a la lista de países que sufrirán un decrecimiento de su PIB y una disminución de la ayuda financiera internacional. Tal parece ser que, una vez más, habrá que esperar el final de la tormenta para reorganizar una economía que no ha conocido nada más allá de la crisis.

[1] La agricultura haitiana es la menos productiva del Mundo según el semanario The Economist (“Rebuilding Haiti, weighed down by disasters”, 14 de febrero de 2009, N. 8618, pp. 45 y 46) y su grupo hermanado de análisis económico, la Economic Intelligence Unit. La producción agrícola abastece, apenas, 50% de la demanda interna.

[2] En 2004 el gobierno nacionalista y proteccionista de Jean-Bertrand Aristide fue tumbado por un golpe, orquestado en Washington según la cúpula política saliente. Estados Unidos mantuvo un bloqueo económico durante el periodo de Aristide, levantándolo cuando éste fue depuesto por una Junta Militar. Actualmente es presidente René Pléval, vencedor de los comicios de 2006 y buen amigo de Washington y de Caracas.

[3] Datos obtenidos en el CIA World Factbook, disponible en internet en https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/ha.html y actualizado, por última vez, el 24 de febrero de 2009.