La imagen principal que acompaña este artículo es de licencia Creative Commons.

En Ecuador existen 14 nacionalidades indígenas que tratan de conservar su legado tanto de la lengua, vestimenta y costumbres. Una de estas es la nacionalidad Kichwa que tiene la particularidad de dividirse en pueblos que poseen características culturales comunes como lengua y territorio, pero que se distinguen entre sí por religiosidad, indumentaria y manifestaciones culturales. Los colores, estilos o bordados tienen diferentes significados que evidencian parte de la cosmovisión andina que los caracteriza. Y es precisamente los diseños del pueblo Puruhá los que se volvieron una moda dentro del contexto social de su cultura y comunidad.

Para ser aceptados muchos jóvenes dejan de utilizar la vestimenta tradicional de sus comunidades, adaptándose a las modas actuales. Sin embargo, Sisa Morocho, creadora de la marca de ropa Sumak Churay, que significa buen vestir, menciona que lo que las mujeres necesitaban para vestir el atuendo Puruhá con orgullo era motivación y diseños nuevos. “La idea es mostrar la belleza de las mujeres indígenas, hacerlas lucir lindas con ropa que refleje su personalidad y su cultura”.

A pesar de que por siglos ha persistido una fuerte discriminación social y abandono, que los ha hecho víctimas del maltrato y rechazos de la misma sociedad, los habitantes trataban de mantener vivo su pasado, conservando su forma de vestir, los colores, forma y detalles que representan sus tradiciones.

En este contexto, la antropóloga Gabriela Bernal, en entrevista para Distintas Latitudes manifiesta que esta manera de expresión de la cultura no es una forma de comercialización como es vista desde los imaginarios tradicionales. Sostiene que “no se vende la cultura, se vende una ropa que utiliza una cultura y se vende porque hay alguien quien compre y son propiamente mujeres indígenas, no son mestizos ni turistas, no son compradores externos”.

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Foto José A. Mendieta.

Pero no todo ha quedado en la comercialización de las vestimentas, también han incursionado en las pasarelas con modelos propios del pueblo indígena. Este año en Riobamba, provincia de Chimborazo, se realizó el primer desfile de diseño de moda intercultural comunitario. Este evento no trató de exhibir una simple vestimenta, sino de demostrar las raíces y la superación de los pueblos indígenas de la cultura Puruhá.

“El objetivo de este desfile de moda intercultural fue el de promocionar y distinguir la vestimenta, sus costumbres y tradiciones que posee cada cantón y cada parroquia de la cultura Puruhá, así como despertar el interés de la población para que conozca su vestimenta, porque cada elemento que viste como el color, el bordado y la bisutería tiene su significado ancestral”, indicó Inti Daquilema, coordinador del evento para Diario el Universo.

Para Bernal, al estigmatizar las pasarelas para los indígenas “pesa mucho el racismo que como sociedad tenemos, porque en nuestra sociedad el cuerpo indígena es visto como un cuerpo sucio, un cuerpo que se debe ocultar”. Además, sostiene que lo de la moda y pasarelas es una apuesta muy interesante y rica a la vez, plantear un ejercicio de autonomía de posicionarte como sujeto desde otra parte que no sea el discurso político y que reivindique el cuerpo como una demanda política de unos cuerpos que han sido históricamente negados por considerarse feos, sucios e inferiores.

En Kawsay Cultura Fashion se elaboran prendas de vestir para los puruhaes, cañaris, salasakas y otavalos. Es una empresa que industrializó la moda indígena y en la que los diseños y símbolos utilizados en las vestimentas guardan un significado de la cosmovisión andina o una filosofía de la nacionalidad Puruhá. Pero esta empresa no es reciente, ya tiene 17 años desde que fue creada por Delia Muñoz y su esposo Francisco Guamán quienes tejían bolsos y fajas (prendas para la cintura), y bordaban blusas puruhaes para venderlas en los mercados de Riobamba. La idea de motivarlas a volver al traje originario y sentirse orgullosas de lucir prendas más vistosas, los incentivó a darle un giro a su negocio.

La cultura no es estática, siempre se está transformando, siempre está en cambios. No se puede seguir con lo tradicional, sino que innovar en las nuevas tendencias para las juventudes que les gusta. La tradición para funcionar en la sociedad debe constantemente estar en renovación, por ello se considera que se reinventa cada día con los cambios sociales y tecnológicos. Para Sisa Morocho “es recordar la esencia de sus propias vestimentas y de paso seguir las tendencias de la moda. Se puede mostrar la vestimenta y con los bordados mostrar la esencia de su ancestralidad”. Estar en la moda no es negar una identidad ni aculturarse. Es una evidencia de que la cultura está viva y que vive en el siglo XXI.