Por Aarón Vivas Purroy (Caracas, Venezuela)

¡Alerta, Alerta!

¡Alerta que camina,

la espada de Bolívar

por América Latina!

Anónimo

Para nadie es un secreto que Latinoamérica, como dicen algunos gobernantes, se ha encendido. Esto nos lleva a reflexionar acerca de la eficacia de los sistemas tradicionales para resolver las necesidades del pueblo, de aquellos despojados y excluidos de la población.

El resurgimiento de tendencias populistas en nuestras democracias pareciera ser un indicador de que muchos latinoamericanos piensan que un nuevo sistema y orden político-social debe instaurarse. El problema está, sin embargo, en que los que detentan el poder sepan dirigir el apoyo reciben de sus gobernados para aumentar el bienestar social de la población y no para derrochar, desviar o corromper las democracias de la región.

Para muchos es cierto que la economía es política. En lo personal, coincido con esta posición ya que dependiendo de la posición política que se tenga, se adoptarán políticas económicas distintas.

En general, los gobiernos de izquierda tomarían políticas fiscales expansivas (basadas en el gasto), y buscarían el fortalecimiento del sector público en lo económico, entre otras medidas. Mientras que los de derecha tenderían a ser más austeros en cuanto al gasto y facilitarían la libre competencia, favoreciendo al sector privado.

Desde hace algunos años vemos cómo en Suramérica existen distintas corrientes políticas y económicas, las cuales han suscitado encuentros y desencuentros. Países hermanos, como lo son Colombia y Venezuela, han padecido fuertes fricciones debido a discrepancias entre los presidentes Uribe y Chávez. Al mismo tiempo, la innegable relación histórica y una nueva idea de cooperación entre algunos países han resultado en el acercamiento necesario de sus gobernantes para lograr el desarrollo de las naciones, desarrollo que jamás se lograría individualmente.

Bloques de Integración.

En América Latina se han creado distintas agrupaciones de países que buscan la integración comercial. La Comunidad Andina (CAN), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad del Caribe (Caricom), el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), ideada por el presidente Chávez, surge en contraposición al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA)

Ahora bien concentrémonos en analizar un poco los principios de estas dos últimas propuestas.

Abdón Suzzarini [1] nos dice que: “Al contrastar el ALCA con el ALBA, sostengo que en esencia se pretende sustituir el egoísmo positivo de Smith, presente en el ALCA, como fuerza positiva, cohesionadora y centrípeta, por el altruismo negativo presente en el ALBA, como fuerza negativa, disociadora y centrífuga.”

El verbo utilizado por los que pregonan los beneficios del ALBA como proyecto de integración tiende a basarse en la equidad, justicia social, defensa de los más desposeídos. Resulta bastante atractiva la idea de alcanzar estos ideales, cuando América Latina es el continente más desigual del mundo con un coeficiente de Gini de alrededor 0.49, según los cálculos del Banco Mundial.

Ahora bien, cuando se nos ofrecen mejoras sustanciales de nuestra calidad de vida, oportunidades de crecer económicamente, parece evidente que tenderíamos a apoyar cualquier política dirigida a esto, pero más allá de lo prometedor que pueda ser, debemos pensar en las implicaciones de los proyectos de integración en cuestión.

El ALCA está enfocada hacia una economía de mercado, donde la apertura económica y la democracia prevalecen en esta propuesta y los conceptos de eficiencia, productividad, beneficio y rendimiento son imprescindibles para lograr el éxito.

Como sabemos, Estados Unidos de América ha sido el principal impulsor de implantar el ALCA en el continente. El capitalismo, sin duda, es asociado a esta propuesta y por lo tanto rechazado por las corrientes de izquierda de la región que han apoyado el ALBA como propuesta de resurgimiento altruista y despertar del pueblo latinoamericano.

Al rechazar el ALCA, piensan algunos, se socavaría la presencia de la economía de mercado en el continente, y a su vez el sistema capitalista como opción para las naciones, lo que traería como consecuencia la posibilidad de aparición de un nuevo tipo de política en la región: un despertar que comenzaría con la implementación del ALBA.

Un esquema basado en los principios de solidaridad y complementariedad, en vez de la división de trabajo para concentrarse en aquellas tareas más eficientes (como lo propuso Adam Smith), sería el apoyado por la nueva izquierda latinoamericana.

La autosuficiencia de los países de la región, dejando de lado la dependencia de los potencias, caracterizaría el nuevo sistema. El desarrollo endógeno, la soberanía alimentaria son pilares de la propuesta bolivariana, a pesar de que el producirlos internamente fuese más costoso que importarlos, con tal de cortar las relaciones dependientes con el “imperio”.

En el marco del desarrollo endógeno, en Venezuela ya se implementan localmente mercados basados en el trueque y mercados con monedas comunales como el “momoy”, “cimarrón”, “relámpago del catatumbo”, las cuales circulan paralelamente a la moneda oficial, el Bolívar Fuerte. Esto en contraste, con los tradicionales mecanismos de intercambio que se construyen bajo la premisa de maximización de beneficio y que son aceptadas por el mercado internacional.

Estos tipos de esquemas de cooperación e intercambio son posibles de implementar gracias a que los ingresos petroleros de la economía venezolana compensan las pérdidas y distorsiones que, en general, producen los mecanismos que no se basan en la eficiencia y productividad.

Suzzarini también explica que de asumirse el paradigma convencional (el del mercado), con sus deformaciones e imperfecciones, pero que corrigiendo los defectos que contiene y capitalizando sus ventajas, es como se pueden beneficiar los países de este tipo de integración, por lo que el ALCA tendría una significación distinta.

En definitiva, estas propuestas manejan perspectivas distintas, donde lo que para un paradigma resulta beneficioso para el otro es perjudicial en su aplicación.

América Latina, una de las regiones con mayores dotaciones de recursos naturales del mundo aún no concibe una forma de integración única que por consenso guíe la senda de desarrollo continental. Pienso que al no tener claro nuestro norte, no podremos avanzar, ya que en la unidad, es que lograremos el progreso de nuestros pueblos.

Ni ALCA ni ALBA

La disconformidad y la desunión de los gobernantes latinoamericanos en cuanto a cuál proyecto de integración tomar o no, nos lleva a seguir innovando sobre el principio que debe regir a nuestro continente.

Resulta interesante señalar la propuesta realizada por el movimiento político venezolano, con base estudiantil, Gestión. Este grupo propone lo que es la eficiencia social. Estas dos palabras construyen la premisa del movimiento que es: el mayor bienestar, para la mayor población, en el menor tiempo posible.

Una propuesta fresca e innovadora que con mucho trabajo y dedicación consolidaría lo que Gestión propone como el neo-pragmatismo. Éste buscaría la reducción de la pobreza, la comprensión de la política como un servicio público y de los políticos como servidores sociales, la construcción de un marco jurídico institucional, un estado de derecho sólido y unas bases legales de igualdad, eficiencia y eficacia, la estabilidad social y económica de la nación.

El potencial de Latinoamérica está en los jóvenes, nosotros que deseamos que nuestro continente salga de la desigualdad, de la pobreza, que tengamos una calidad de vida digna y donde, en definitiva, podamos vivir en paz. Este deseo podría alcanzarse si ideas como las propuestas por este movimiento pudieran ser aplicadas por una generación de relevo que se base en la ética y que deje de lado los intereses personales, avocándose a la resolución de los problemas de las naciones, que finalmente redundarán en la resolución de los problemas de la región.

NOTAS.

1. Suzzarini, Abdón. Venezuela ante la integración económica hemisférica: dos visiones, dos paradigmas. Vadell hermanos Editores. 2008. Caracas.