Tras los #PanamaPapers, los uruguayos de la FIFA dieron de qué hablar. Juan Pedro Damiani, ex integrante del Comité de Ética de la FIFA, era un cliente exclusivo de Mossack Fonseca, y su estudio de abogados llegó a administrar 300 sociedades anónimas creadas por el bufete panameño. Entre ellas, siete de Eugenio Figueredo, ex vicepresidente de la FIFA, actualmente preso en Uruguay por lavado de dinero, estafa y apropiación indebida.


Destapada la olla de los #PanamaPapers, resultó que Uruguay se estaba quemando. Más de lo que se hubiera imaginado. El bufete de abogados Mossack Fonseca (MF), que provee asociaciones offshore a nivel mundial, o sea empresas registradas en países donde no operan que pueden servir para ocultar o lavar dinero, tenía en Uruguay a uno de sus 10 países favoritos. Aquí operaban varias de las firmas de intermediarios de MF más activas a nivel mundial.

Como sucedió en numerosos países, la investigación periodística de los los #PanamaPapers, coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, arrojó en Uruguay datos sobre la vinculación de políticos, abogados, empresarios y futbolistas, con sociedades offshore. Ya tuvieron que dar explicaciones a los medios el ex senador blanco Francisco Gallinal; el líder del partido de la Concertación, Edgardo Novick; el excanciller Sergio Abreu; entre otros. Hasta ahora, la mayoría ha declarado no tener vinculación con la empresa que se los acusa, o que ésta no tiene activos ni mueve fondos.

Pero sin duda, quien salió más quemado es Juan Pedro Damiani, presidente del equipo de fútbol uruguayo Club Atlético Peñarol y ex integrante del Comité de Ética de la FIFA (renunció luego de los #PanamaPapers), el órgano rector del fútbol mundial.

Con Damiani volvió a escena el también uruguayo Eugenio Figueredo, ex vice de la FIFA, y ex presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Figueredo es uno de los siete altos dirigentes de la FIFA detenidos en Suiza en mayo de 2015, acusados por la justicia estadounidense por lavado de dinero y fraude masivo. Actualmente, Figueredo está preso en Uruguay, y la investigación periodística de los #PanamaPapers sacó a la luz que Damiani gestionó siete sociedades anónimas suyas.

Juan Pedro Damiani: las paradojas de la ética

Damiani era un cliente distinguido del bufete MF. Su estudio, J.P. Damiani & Asociados, fue uno de los estudios uruguayos con más sociedades anónimas creadas por MF, que llegó a manejar más de 300. Gracias a la relación estrecha con el bufete panameño, Damiani consiguió tratos privilegiados para sus clientes, facilitó sociedades anónimas sin los controles habituales, y ofreció mover millones de dólares a través de las redes offshore. Lo anterior se relató en el semanario Búsqueda, el único medio uruguayo que participó en la investigación periodística de los #PanamaPapers.

Estos favores especiales con los que contaba Damiani tuvieron particular relevancia en el 2007, con la sociedad anónima Cross Traiding de los argentinos Hugo y Mariano Jinkins. A través de correos electrónicos filtrados, Búsqueda descubrió que MF tuvo dudas sobre si firmar o no una petición de los argentinos. Damiani tuvo que intervenir personalmente. Cross Traiding, fue una de las empresas que se usaron para pagar coimas (sobornos) a los dirigentes de la FIFA, para asegurarse los derechos de transmisión de algunos campeonatos de fútbol.

El tema no pasó a mayores en 2007. De esta forma, Damiani hacía y deshacía con MF, hasta que llegó un momento que se convirtió en un cliente problemático. Según Búsqueda, en 2013 Damiani se comenzó a vincular al empresario argentino Lázaro Báez con tres sociedades anónimas con las que lavaba dinero de jerarcas de los gobiernos kirchneristas. Para aquel entonces, Damiani pasó desapercibido públicamente, pero los documentos de los #PanamaPapers revelaron que estaba comprometido. MF le reprochó que tuviera clientes que generaran escándalos, y tuvo una discusión interna sobre cómo proceder con Damiani, quien, en muchos casos, no brindaba la información necesaria sobre los clientes. Al final de cuentas, y luego de más escándalos, siguió trabajando con el bufete panameño.

En el 2015, cuando siete dirigentes de la FIFA fueron arrestados en Suiza, Damiani volvió a estar en el ojo de la tormenta por las sociedades anónimas que gestionaba para Eugenio Figueredo, otro dirigente uruguayo de la FIFA. Según Búsqueda, el tema fue de conversación urgente entre el estudio uruguayo y el panameño. Hacía casi 20 años que Damiani tramitaba empresas offshore para Figueredo. Por más paradójico que suene, Damiani era integrante del Comité de Ética de la FIFA. Un año después, y tras los resultados de los #PanamaPapers, renunció a su cargo, y declaró en los medios que él había denunciado los casos de corrupción de los siete dirigentes de la FIFA.

Quizá sea por haber tenido el coraje de denunciar, que existan personas interesadas en dañar mi reputación y buen nombre con acusaciones tan falsas como injustas. En todo caso, quienes lo hagan deberán responder a su tiempo ante los tribunales competentes por sus calumnias”, se defendió Damiani en un comunicado de prensa, donde negó haber realizado negocios con Figueredo. Según se publicó en el periódico uruguayo la diaria, las actividades de Damiani no son necesariamente ilegales, aunque sí incompatibles con el cargo que ocupaba en la FIFA.

Eugenio Figueredo: el culpable confeso

La de Eugenio Figueredo fue una carrera ascendente en el mundo del fútbol y en la de los negocios. De presidente de un equipo de fútbol de barrio, el club Huracán Buceo en Montevideo, a vicepresidente de la FIFA. En 1996, obtuvo su primera sociedad anónima en Panamá, llamada Brikford. Damiani fue quien tramitó su apertura.

El 27 de mayo de 2015, cuando Figueredo fue arrestado en Suiza junto con el resto de los dirigentes de la FIFA, comenzó a ser de público conocimiento las propiedades y las empresas a su nombre, así como al de su esposa, María del Carmen Burgos. A finales de ese año, Figueredo fue extraditado desde Suiza a Uruguay.

La Justicia especializada en Crimen Organizado lo investigó por estafa, lavado de dinero y apropiación indebida mientras fue vicepresidente y presidente de la Conmebol (1993-2013). Según publicó Búsqueda, él se declaró culpable y confesó que recibía 50.000 dólares americanos en sobornos por mes. Llegó a un acuerdo con la Justicia para entregar parte de sus bienes adquiridos con dinero sucio, y brindar información para facilitar la investigación.

Figueredo tenía nueve propiedades en Uruguay, que sumaban cinco millones de dólares. Bienes que estaban a su nombre, o al de su esposa, o al de sociedades anónimas que controlaba. Según El Observador, tenía cuatro propiedades en el balneario Punta del Este, y cinco en Montevideo. De los apartamentos en Montevideo, cuatro estaban en un edificio desarrollado, en parte, por dos sociedades anónimas en las que Figueredo tenía acciones, junto con los titulares de la empresa Weiss Sztryk Weiss. Para este proyecto, Figueredo invirtió 2,9 millones de dólares. A su vez, tal como lo publicó el medio digital Sudestada, tenía varias mansiones en Los Ángeles, Estados Unidos, valuadas en al menos cinco millones de dólares. Así blanqueaba el dinero que ilícitamente recababa de las coimas del mundo del fútbol.