Por Nina Carolina Izabal y Jordy Meléndez


Medellín es una ciudad que está situada en el Valle de Aburrá, en la región noroccidente de Colombia, y es atravesada por el Río Medellín. Es la segunda urbe más poblada del país después de Bogotá. La zona metropolitana tuvo en 2005 una población de 3 312 165 habitantes distribuidos en 10 conglomerados urbanos o municipios, lo que significa que Medellín concentra cerca de 8% de la población total de Colombia.

Esta ciudad, que antes fue considerada la más peligrosa del mundo, es un notorio caso de éxito en cuanto a transformación social gracias a un plan de integración basado en tres ejes fundamentales: la convivencia, la educación y la urbanización. Aquí explicaremos brevemente cómo un sistema de transporte público puede no sólo mejorar la calidad de vida de los habitantes de una ciudad, sino revolucionar sus dinámicas sociales, poniendo especial énfasis en el caso del MetroCable de Medellín.

En primer lugar, hay que decir que el sistema de transporte público más importante en Medellín es el Metro. La Línea A, eje principal del sistema, atraviesa el valle de norte a sur desde el municipio de Bello (Estación Niquía) hasta el municipio de Itagüí (Estación Itagüí). La Línea B es un ramal que atraviesa el municipio de Medellín desde el centro de la ciudad (Estación San Antonio) hacia el occidente de la misma (Estación San Javier). Estas dos líneas del Metro, oficialmente llamado Sistema de Transporte Masivo de Gran Capacidad, son complementadas por dos ramales que lo alimentan: la línea K y la línea J del Metrocable, un sistema pionero en el mundo entero y que cambió por completo las dinámicas sociales de varios de los barrios más pobres en Medellín.

El Metrocable es un sistema conformado por un cable aéreo, en este caso de aproximadamente 38 metros de altura, y cabinas (funiculares) de carácter permanente o de frecuencia continua, lo que lo diferencia de los funiculares turísticos o con fines deportivos.

Se implementó en 2004 bajo la administración del alcalde Sergio Fajardo con la intención de comunicar a aproximadamente 150 mil personas que viven en barrios altos, de difícil acceso y pertenecientes a los estratos socioeconómicos clasificados como uno, dos y tres, los más bajos de la ciudad.

El MetroCable se han integrado con el Metro urbano y el mismo billete vale para los dos medios de transporte. Para Sergio Fajardo, “las poblaciones que usan el ‘Metrocable’ son muy numerosas y pertenecen a estratos socioeconómicos muy bajos, por tanto, esta solución de transporte busca que muchos de ellos puedan optimizar sus escasos recursos y destinarlos a cubrir otras necesidades básicas”.

El lapso de tiempo que tarda en pasar una cabina y otra es de apenas 12 segundos y caben diez personas en cada una de ellas: en la línea K hay 90 y en la línea J hay 119 cabinas. En promedio se transportan por hora 3,000 personas y el costo es de 0.80 USD.

Sin embargo, más allá del bajo costo del sistema, el mayor ahorro se consigue en el tiempo de viaje (que es aproximadamente de hasta 30 minutos cuando antes los tiempos de traslado podían ser de hasta dos horas), y el mayor éxito de este sistema ha sido mejorar la calidad de vida de los habitantes de estos barrios, creando toda una dinámica social distinta. [1]

La mayor importancia del Metrocable radica en la inclusión social que provocó en 13 comunas o barrios populares con bajo Índice de Desarrollo Humano. La proyección del proyecto se basó en el Programa Urbano Integral, una iniciativa de la Alcaldía de Medellín en 2003, pensada para integrar la infraestructura urbana con los barrios más pobres de la ciudad, y producir al mismo tiempo un nuevo tejido social más incluyente.

Los barrios en donde se implementó el sistema tienen una constante recurrencia a la violencia con enfrentamientos entre la policía, los narcotraficantes y la guerrilla. El Programa Urbano estableció, además de la estación de Metrocable, una biblioteca (la Biblioteca España), colegios y espacios verdes, así como un reordenamiento de los espacios públicos, haciendo del proyecto una renovación urbana barrial que ha impactado en la reducción de los niveles de violencia y en una mayor integración de los residentes. La vinculación de los barrios populares, que anteriormente fueron irregulares, con los centros de trabajo es una medida de inclusión que provee de oportunidades de desarrollo a las comunas.

Según Luis Pérez Carrillo, director del proyecto de este particular teleférico, “el ‘Metrocable’ mejoró la autoestima de los habitantes más pobres de la ciudad, se generaron oportunidades laborales al crearse negocios para atender a los nuevos visitantes del lugar y la ciudad ‘formal’ reconoció a la zona, acabando con la estigmatización que normalmente afectaba a sus ciudadanos”. [2]

Según el gobierno de la ciudad colombiana, otras ventajas son que el sistema utiliza tecnología limpia (se alimenta del sistema eléctrico) y llega a sitios donde no alcanza el metro o el autobús por los desniveles de la montaña y el mal estado de las vías.

Así, ciudades como Caracas han implementado el sistema y Río de Janeiro ha negociado la implementación por los pioneros colombianos en las más problemáticas favelas.

[1] Recordemos que el Medellín de los noventa fue la ciudad más peligrosa del mundo, con tasas de homicidio increíblemente elevadas (en 1991 llegó a tener una tasa de 381 homicidios por cada 100 mil habitantes).

[2] http://www.soitu.es/soitu/2008/11/11/hartosdelcoche/1226429272_614812.html