Texto: Noelia Rendón (Bolivia), Florencia Luján (Argentina), Luis Barrientos (El Salvador), Graciela Tiburcio y Luis Cáceres (Perú).

El pasado 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, 50 países de todo el mundo se adhirieron a la convocatoria del Paro Internacional de Mujeres. La iniciativa surge en octubre de 2016, luego de una serie de movilizaciones en respuesta a la violencia contra la mujer y a la desigualdad política, económica y social que ellas enfrentan a diario en el mundo.

Varios países latinoamericanos participaron de esta y otras demostraciones el pasado 8M. Acá les traemos esas voces desde cuatro países de la región: Bolivia, Argentina, El Salvador y Perú.

La Paz (Bolivia): entre rosas y voces

Una de las características de la ciudad de La Paz (sede de gobierno) son las diversas movilizaciones sociales, que son parte del diario vivir de las personas que la habitan, y la convocatoria al Paro Internacional de Mujeres, no fue la excepción, se llevó a cabo en cuatro ciudades del país (Santa Cruz, Cochabamba,Sucre y La Paz).

En la sede de gobierno, participaron agrupaciones como “Ni una menos”, “Pan y Rosas”, activistas TLGB (trans, lesbianas, gais y bisexuales), trabajadoras, constructoras y personas independientes, acompañadas de sartenes, pancartas, silbatos, megáfonos y batucadas tomaron las calles en tres jornadas (medio día, tarde y noche). A pesar de haber transcurrido tan solo tres meses del 2017, ya se han registrado 28 feminicidios Bolivia, una cifra que alarma a quienes salieron a protestar.

Sin embargo, más allá de las causas sociales, el 8 de marzo también se ha constituido en una fecha representativa para el sector comercial. Por ejemplo, los medios de información se adhieren a la celebración del Día de la mujer, y los comerciantes salen a las calles a vender rosas, bombones, peluches, tarjetas y globos, un día muy parecido al de los enamorados.

Este panorama según algunas agrupaciones feministas adormece de manera masiva las luchas por los Derechos de las Mujeres y la reivindicación en la toma de calles. A pesar de ello, el centro de la ciudad se tornó diferente, tras la colocación de retratos de mujeres en gran formato, con tonos en blanco y negro impreso en papel y colgados en lo alto de las paredes del museo San Francisco (al lado de la iglesia San Francisco) un proyecto denominado “Adentro Afuera” iniciado por el artista francés JR, quien da la oportunidad de mostrar una imagen reivindicativa para cuestionar el lugar de las mujeres en la sociedad boliviana.

La convocatoria a la primera jornada comenzó a medio día, en donde un aproximado de 20 mujeres se dio cita para tomar las calles cercanas a la plaza del Estudiante (centro de La Paz).

Elena Alfagame activista de la agrupación Ni una menos explicó: “Estamos parando porque la situación nos obliga a ello, el sistema patriarcal, heteropatriarcal y capitalista en el que vivimos nos está asesinando, violentando y vulnerando nuestros derechos”, refiriéndose a las razones del paro, una de sus preocupaciones fue ver a muchas mujeres con rosas y bombones en un día en el cual se debía salir a luchar y no así a festejar.

Fue una jornada, en la cual el Ministerio de Trabajo determinó tolerancia laboral a partir de mediodía para mujeres que trabajaban en instituciones públicas y privadas.

“Creo que es una distorsión de complacencia, en realidad mientras no se garanticen los derechos de las mujeres, todo lo que son días libres, rosas y homenajes no tienen ningún sentido”, dijo al respecto Paola Estenssoro, activista independiente.

Hacia el final de la tarde, una concentración de aproximadamente 200 mujeres, se dieron cita en la plaza Mayor de San Francisco, para marchar de manera masiva por todo el centro de la ciudad, abarcando cercanías del Palacio de Gobierno (Plaza Murillo), puertas de la fiscalía y el Ministerio de Justicia.

Durante el recorrido, la presencia de Tamara Núñez del Prado, una mujer transexual que se desempeña como adjunta de la Defensoría del Pueblo, empezó a incomodar a algunos grupos de activistas, lo cual provocó una reacción de aversión por una de ellas, quien empezó a gritar: “No queremos gente del gobierno” de manera reiterativa y efusiva. Paralelamente Laura Alvarez una mujer transgénero que acompañaba a Tamara respondió: “Somos TLGB, también somos mujeres”.

Tras este suceso miembros del colectivo TLGB, se reacomodaron cerca de Tamara y Laura para evitar cualquier tipo de agresión o enfrentamiento, pese a este incidente, ambas se mantuvieron firmes y concluyeron la marcha junto a todas las activistas.

Esto generó diversas reacciones por personas que conformaban la marcha, algunas estaban en contra de la intolerancia por parte de esas agrupaciones, y otras a favor ya que consideraban que la presencia de personas que trabajan para el Estado, deslegitima la movilización.

El Paro concluyó con la concentración de todas las Mujeres cerca de las 19:30 en el atrio de la Universidad Mayor de San Andrés, donde se instaló un escenario en donde el hip hop fue uno de los representantes más notables de la noche.

Buenos Aires (Argentina): incidentes y represión

A las 5 pm del 8 de marzo en Buenos Aires, el calor era agobiante. La Plaza de Mayo desbordaba de personas que dieron el presente en el primer Paro Internacional de Mujeres (PIM), que se llevó a cabo en más de 50 países.

Cientos y cientos de personas de Buenos Aires se adhirieron a las propuestas del PIM: cese total en el trabajo o tareas domésticas, paro de tiempo parcial por 1 o 2 horas y en caso de no poder, usar algo negro.

Las mujeres que se desplazaban en dirección a la Plaza lo hacían con la frente en alto, conscientes de ser parte de un 8 de marzo atípico, que logró que cientos de mujeres se animaran a denunciar sus experiencias. María, de sesenta años, estaba cansada pero igual marchó, pues un dolor muy grande la tuvo de pie ese día: “A mi hija la violaron diez tipos, en su intento por defenderse mató a uno de ellos, desde entonces está presa”.

Quienes abusaron a esa joven están libres, por eso camina hoy María, para que nunca más se repitan casos como los de su hija o Julieta, una joven de diecisiete años que hace meses fue secuestrada por su novio. “Me encerró toda la noche en su departamento en donde me insultó, golpeó y manoseó durante horas hasta que logré comunicarme con mi mamá, que en una hora estaba afuera del edificio con la policía”.

Una concentración pacífica que culminó con incidentes frente a la Catedral de Buenos Aires, donde un grupo de manifestantes encendió una fogata y pintó con aerosol la fachada del edificio con frases contra la Iglesia.

Y después de la protesta, vino la represión. Veinte personas fueron detenidas en un sorpresivo operativo policial, luego de la movilización en el marco del Paro Internacional de Mujeres, en Buenos Aires. El hecho ocurrió dos horas después de finalizada la concentración en Plaza de Mayo.

Dos hechos aislados que nada tienen que ver el uno con el otro: por un lado, los hechos vandálicos a un monumento histórico en plena marcha, que fue televisado por todos los noticieros del horario central. Por otra parte, la detención de quince mujeres, cuatro hombres y un menor de edad que se encontraban a pocas cuadras de la plaza, en pizzerías con amigas o aguardando el colectivo en su respectiva parada.

Las detenidas y detenidos fueron liberados a la mañana siguiente, pero se encuentran imputados por “atentado, resistencia a la autoridad y daños leves”, explica a Distintas Latitudes Lucía Sangiorgio del #PIM. La comunicadora cuenta que no fue fácil ver y dialogar con las compañeras detenidas, la mayoría de ellas migrantes y lesbianas, lo cual definió como un accionar intencional y discriminatorio hacia las víctimas.

Los colectivos feministas y el Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina presentaran una denuncia penal contra los responsables de dicho operativo ilegal por violencia institucional. “La policía no solo agredió, golpeó, torturó y humilló a mujeres que cazó —sí, esa es la palabra— también impidió el ingreso a las comisarías a quienes iban a oficiar de defensoras de las personas señaladas”.

Laura Arnés es Periodista del diario Página 12 y asistió al Paro Internacional de Mujeres al igual que otras 300 mil personas, ella es una de las veinte detenidas que permanecieron nueve horas en prisión. En el marco de una conferencia realizada por el colectivo Ni una menos —para denunciar lo que denominaron “una cacería”— Arnés contó como la sorprendieron, maltrataron y detuvieron un grupo de policías sin identificar.

“Después de marchar varias horas con amigas decidimos ir a cenar a una pizzería de la zona, al momento de retirarnos llegó un grupo de policías que nos empujó y exigió que abandonáramos el lugar. Le explicamos que esperábamos a una compañera y le pedimos que por favor se identificaran, a lo que nos agarraron de los pelos, nos tiraron al piso, nos tomaron por la espalda y nos metieron en un camión”.

 “Me gritaron negra de mierda varias veces, lo cual según ellos era una razón suficiente para llevarme a la cárcel, en esos mismos términos me dijeron que no me resista porque si no me rompían los brazos. Me llevaban un hombre y una mujer, ninguno de ellos identificados, una vez en la comisaría me sacaron todo lo que llevaba, me requisaron, me sacaron la ropa y me tocaron varias veces”.

La periodista fue a la última persona que liberaron y aún en estado de shock fue quien rompió el hielo en la conferencia, y contó lo sucedido luego del 8M junto a otras compañeras allí presentes también. Cansada y dolorida por el maltrato físico y verbal al que fue sometida durante toda una noche, y parte del día posterior, denunció entre lágrimas que nunca vivió un hecho violento de esas características.

El Salvador: modelos de igualdad e integración

El pasado 8 de marzo, las mujeres salvadoreñas se unieron para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Participaron en concentraciones con el fin de exigir igualdad de derechos y que el Estado rompa un esquema patriarcal, y logre un equilibrio entre hombres y mujeres, esto como parte de las luchas feministas que se desarrollan en el país.

Las manifestaciones en espacios públicos, lograron llamar la atención de la ciudadanía. Las mujeres en una sola voz gritaban consignas para reclamar respeto, igualdad, no violencia y un alto contra el acoso laboral que viven muchas salvadoreñas.

Otro grupo marchó hasta la Asamblea Legislativa para presentar proyectos de ley que buscan beneficiar directamente a las mujeres y a la sociedad en la que viven. También se unieron voces de grupo feministas que pedían la despenalización del aborto en cuatro causales, con el objetivo de salvar la vida de mujeres diagnosticadas con distintos padecimientos generados por sus embarazos. Asimismo, exigieron la libertad para las mujeres que están condenadas a prisión por haber tenido abortos en salas de emergencia de varios hospitales.

Paralelo a estas acciones, diferentes instituciones del gobierno salvadoreño desarrollaron actividades para reflejar las condiciones de los derechos de la mujer en el país. El Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) realizó un foro denominado “Por la igualdad, no discriminación y protección integral de las mujeres”. Abordaron la discriminación contra las mujeres y políticas públicas que respalden los derechos y protección para las mujeres.

Este foro tuvo como objetivo el intercambio de experiencias positivas dentro de las instituciones que conforman el aparato de Estatal y posicionar el diálogo como una herramienta de consenso para proteger la vida de las mujeres que sufren violencia.

ISDEMU aprovechó el marco conmemorativo para las mujeres y destacó que la actividad es un llamado al respeto, tolerancia e igual de derechos. También resaltaron el trabajo que realiza la institución en conjunto con la Secretaría de Inclusión Social, que desarrolla el programa “Ciudad Mujer”, con el que se ha logrado romper barreras en los campos laborales y desmitificar que hay trabajos que únicamente los pueden realizar los hombres. Destacaron la experiencia de mujeres en empresas de mantenimiento vial, las mejoras en autonomía económica, la formación de mujeres en distintas ramas, la garantía de oportunidades laborales; la capacitación para prevenir la discriminación contra las mujeres y el acceso legal para solventar procesos que convergen en la rama de género y protección integral.

Ciudad Mujer es un programa de carácter social que empezó a funcionar en el año 2011, bajo el mandato del ex presidente de la República, Mauricio Funes. En El Salvador funcionan seis sedes de “Ciudad Mujer”, distribuidas en distintos departamentos del país. El objetivo del gobierno en turno construir sedes en los 14 departamentos y llevar los servicios que este programa ofrece a las mujeres. Hasta la fecha Ciudad Mujer ha atendido a un millón 365 mil 493 mujeres, prestando servicios en áreas de salud, economía, habilitación laboral, gestión territorial, asistencia legal, maternidad y atención infantil.

Lima (Perú): un día de lucha

“El 8 de marzo no será más un día de flores”, aseveró Jill Ruiz, integrante de la movilización de Paro Internacional de Mujeres en Perú, y así fue. Durante la mañana del 8 de marzo una larga fila de mujeres vestidas de blanco desfilaba hasta la entrada principal del Palacio de Justicia. Descalzas y portando balanzas, más de 20 mujeres de diversas identidades exigieron justicia e igualdad de género en el frontis de Poder Judicial. Formadas a lo largo de la fachada, las letras pintadas en sus blancas túnicas formaban la frase “Exigimos Igualdad” iniciando así el Día Internacional de la Mujer.

Más de 50 países se sumaron el 8 de marzo al Paro Internacional de Mujeres y el Perú fue uno de ellos. La hora central de la huelga fue de mediodía a 1 p.m. denominada como “Hora M”, 60 minutos en los que las mujeres peruanas cesaron todo tipo de labores y se unieron a una protesta frente al Ministerio de Trabajo.

En el sector público peruano las mujeres aún ganan 18% menos que los varones, mientras que en el sector privado la brecha salarial asciende a 29% por ello el lema “Si nuestras vidas no valen, ¡produzcan sin nosotras!”, bajo el cual las manifestantes de diversas organizaciones feministas y sindicales, exigieron la eliminación de brechas salariales entre mujeres y varones y visibilizar el aporte económico del trabajo doméstico no remunerado (aseo, cocina, lavado, cuidado infantil y de adultos mayores) que constituye un pilar fundamental para la economía nacional.

Mientras el grupo protestante en el Ministerio de trabajo crecía, sucedía lo mismo frente al Ministerio de Cultura en el que otro grupo de mujeres al ritmo de la batucada feminista manifestaba su rechazo a la desigualdad de género que limita el desarrollo pleno de las mujeres.

Por ello el Ministerio de Cultura, la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Iberoamericanos, Fe y Alegría del Perú, Amnistía Internacional así como otras instituciones y organizaciones civiles se sumaron al cese de labores durante la Hora M, generando espacios de diálogo entre mujeres, con la finalidad de mejorar las condiciones en las que trabajan, contribuyendo a construir una política de género en igualdad de oportunidades para sus trabajadoras y trabajadores.

La capital del Perú, Lima, no fue la única en sumarse al Paro, 9 regiones del país: Arequipa, Lambayeque, Cusco, La Libertad, Ica, Madre de Dios, Loreto, Apurímac y Tacna, acataron la huelga internacional y realizaron también diversas performances y manifestaciones en sus principales plazas.

En Lima, el 8 de marzo, finalizó con la ‘Marcha por la Igualdad de Género’ organizada por el colectivo Canto a la Vida, que congregó a miles de personas que demandaron el respeto, garantía y ejercicio plenos de los derechos de la mujeres, así como el apoyo a políticas públicas que propicien las mismas oportunidades para mujeres y hombres y en contra la violencia machista.

Policías motorizados, escudos y camionetas resguardaron a todos los asistentes. Las batucadas retumbaron, banderas con los colores del arcoíris y pancartas, como también las arengas: “La mujer decide. La sociedad respeta. El Estado garantiza. Y la iglesia no se mete”, ¡No es no! ¡He dicho que no! ¿Qué parte no entendiste? ¿La N o la O?”, “¡Señor! ¡Señora! ¡No sea indiferente! ¡Se mata a las mujeres en la cara de la gente!” y “¡Educación sin discriminación!” fueron signos de reconocimiento que armaron el tráfico en puntos clave de la ciudad.

A inicios de la reunión (4:30 pm), una persona en contra de la “ideología de género” repartía propaganda. Integrantes del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) señalaron que repartía “información falsa” y de manera rápida lo separaron. Estuvo programado llegar a un número considerable de agrupaciones hasta las 5:30 pm, pero recién a las seis de la tarde la multitud se movió hacia un lugar clásico de acogida para este tipo de manifestaciones en el espacio público, la Plaza San Martín.

Las organizaciones de mujeres marcharon en Lima no solo por la igualdad de género y en defensa del Currículo Nacional escolar (2017) sino para conseguir más derechos, dignidad y autonomía porque están equivocados quienes piensan que hemos llegado al siglo XXI, pareciera que se sigue en el Medioevo. En el 2016, se registraron 124 feminicidios en Perú, cifra que ubica al país en el segundo lugar en feminicidios en América Latina.

También, por el 49,9% de población femenina en el país según los informes del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las activistas dieron voz de alerta en cuanto a los mensajes que fortalecen una “cultura de intolerancia que es excluyente, antidemocrática, machista y patriarcal” de las congregaciones religiosas y sus aliados. Por ello, la existencia de 15, 000 denuncias por violaciones sexuales, y siete de cada diez víctimas son niñas y adolescentes sin mayor respuesta por parte del Estado.

Aseveran que las impunidades ante los múltiples delitos de pederastia y denuncias por violencia psicológica, física y sexual, que equivalen al 66,4%, 32,4% y 6.8% respectivamente, deben terminar cuanto antes porque una de cada dos mujeres seguirán sintiendo que las peruanas no están seguras dentro de su propia casa.

Desde las 5 p.m. diferentes colectivos, organizaciones y personas independientes a favor de la igualdad se reunieron frente al Ministerio de Trabajo para participar de la marcha que recorrería aproximadamente 7 kilómetros hasta la Plaza San Martín en el Centro Histórico de Lima.

La marcha culminó con una gran congregación en la Plaza San Martín que se apoderó del monumento central con una pancarta que ostentaba el lema principal de la movilización “Igualdad de Género: sin discriminaciones ni retrocesos”. Se cerró así el 8 de marzo, Día de la Mujer, en el cual, como lo anunciaron las compañeras feministas, no fue más un día de flores, fue un día de lucha.