La amenaza del suicidio como una alerta, un llamado de atención. Un grito de desesperación ante el padecimiento de un sistema que ya no se sostiene con nada. Las amenazas de suicidio en los centros de reclusión para adolescentes en Uruguay no son nuevas. De la amenaza al hecho, solo un camino corto. En la madrugada del 30 de mayo un adolescente de 15 años se ahorcó en una celda del centro Desafío del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (INISA). Nadie lo vio: ni sus tres compañeros de celda que dormían ni los funcionarios que no llegaron a tiempo para salvarlo.

El joven dejó una carta para su familia y un grupo de psicólogos está trabajando en el centro para ayudar a los funcionarios y reclusos que quedaron muy afectados. Desde el INISA dijeron no tener ninguna responsabilidad con respecto al hecho. Así lo declararon fuentes del Instituto al periódico nacional la diaria: “Fue un tema personal del chico que estaba mal. Fue una desgracia que pasó y no tiene nada que ver con el sistema ni con nada, son esas desgracias [para las] que no hay una explicación ni una causa”.

La Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo ya pidió que se investigue el caso, recordando que el Estado debe garantizar la integridad física de las personas que tiene a su cargo.

Este mismo año, otro adolescente de 16 años se suicidó en el departamento de Treinta y Tres (centro-este del país) bajo la custodia del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y la policía, mientras esperaba su traslado a un centro del INISA en Montevideo. Su delito: robar bicicletas.

Actualmente, hay unos 700 adolescentes en el INISA, recluidos en condiciones “trágicas y dramáticas”. En septiembre de 2016, la presidenta del INISA, Gabriela Fulco, describió con esas palabras la situación de estos jóvenes ante el Senado y que recogió el diario El Observador.

Las serias carencias del sistema, el abuso del personal, la violencia institucional estructural, las condiciones en las que viven los jóvenes, los problemas edilicios, son algunos de los problemas que Fulco destacó. Sobre los adolescentes que están recluidos, dijo que son “generaciones perdidas” y que existen muchas posibilidades de que reincidan en un futuro. ¿Cuántos suicidios más tendrán que suceder para que las autoridades se sientan responsables? ¿Cuántos suicidios más para entender que el sistema tal como está planteado no funciona?