Suavemente, como quien recupera un proyecto
inconcluso pero ahora con más tino, más experiencia,
más hondura, más ganas de hacerlo realidad.
Mario Benedetti.

El Centro Histórico que observamos hoy es resultado de distintos momentos que se sobreponen como capas en la historia de los habitantes de la ciudad. Ha sido testigo de la construcción, transformación, destrucción y reconstrucción de nuestras ideas.

Cada época retoma algo de la anterior y aporta algo nuevo con vistas al futuro, ligándose no solo a la ciudad, sino que de alguna manera también se liga al país entero. El Centro Histórico es el espacio de convergencia donde se ven las distintas realidades de México que se han gestado a lo largo del tiempo.

La vida que hoy se desarrolla en el Centro Histórico tiene mayores condiciones de cualidad y mejoría.

Cómo y por qué se logró la transformación

La calle Regina se localiza a dos cuadras del límite del Perímetro “A” del Centro Histórico de la Ciudad de México, en el costado sur. Hasta 2007, el tramo que se comprende entre las calles de Bolívar y 20 de Noviembre, y la calle de Echeveste (continuación de Regina, hacia el poniente, rematando el Colegio de Las Vizcaínas), entre Bolívar y Aldaco, se encontraban sin una intervención de infraestructura y servicios durante más de 50 años; su red de drenaje había colapsado, tenía una iluminación pública deficiente y había una gran inseguridad, provocada por la utilización de inmuebles como centros de distribución de drogas, pero sobre todo, por la ruptura del tejido social en la zona inmediata. Como resultado, la calle estaba en el olvido.

 

Del proyecto conceptual a la realidad

Desde 2007, el Gobierno de La Ciudad de México, por medio de su Secretaría de Obras y Servicios, y junto con asociaciones como La Autoridad del Centro Histórico y el Fideicomiso Centro Histórico de La Ciudad de México, emprendieron una tarea faraónica de recuperación del Centro Histórico, el más grande de Latinoamérica y uno de los más grandes del mundo, con una extensión de 9.1 Km2.

Se inició con obras de recuperación y rehabilitación de infraestructura, como redes de drenaje, agua potable, alumbrado público y energía eléctrica. Después se eliminaron los pavimentos de concreto asfaltico y las banquetas obsoletas, en su lugar se habilitaron tapetes de pisos para peatones con un diseño particular, que juega con formas, colores y texturas. Se recuperaron jardineras y se plantaron árboles y palmeras a lo largo de la calle.  La colocación del  nuevo mobiliario urbano como papeleras, biciestacionamientos y bancas invitó a propios y extraños a permanecer en el espacio. En algunos puntos de la misma calle se colocaron ejemplares bancas artísticas que forman parte de la colección “Diálogo de bancas”.

Entre la portada principal del Templo de Regina Coeli y un jardín arbolado se instaló una fuente seca de trayectoria lineal, en donde niños y no tan niños observan cómo los chorros de agua crecen y decrecen a distintas alturas y ritmos. El deleite es tal, que juegan cruzando de un lado a otro de la fuente.

En un predio que antes había funcionado como estacionamiento vehicular, se adecuó un espacio de recreación y reposo para niños, con muebles de juegos, un pequeño espacio deportivo y una zona de estar con servicios.

Se rehabilitaron cada una de las fachadas de los predios que dan frente o hacen esquina a la calle, como vecindades, edificios de departamentos con accesorias de uso comercial en planta baja e incluso el Templo de Regina Coeli. Hubo limpieza de canteras, en algunos casos se repusieron elementos faltantes, y se remplazaron o sustituyeron aplanados, pintura, ordenamiento del cableado, adecuación de anuncios y toldos.

 

El eslabón más importante

La cadena de situaciones anteriormente expuestas dieron paso al eslabón más importante: la reconstrucción del tejido social. Esta labor se realiza día a día, con la colaboración de vecinos y grupos ciudadanos que se conformaron a la par de las intervenciones urbanas y arquitectónicas. La convergencia de la vivienda es un factor muy importante, no solo por los nuevos vecinos que han llegado y han ayudado a repoblar el Centro Histórico, sino también por las personas que han habitado estos inmuebles desde tiempo atrás y que se adaptan a la mejoría de la zona de intervención, y logran una calidad de vida con muy buenas condiciones para el desarrollo de la calle.  Los comercios han mantenido sus giros: sastrerías, reparadoras de calzado, carnicerías, recauderías, talleres para maquinas de cocer, imprentas, restaurantes, cafeterías y fondas. Pero esto se refuerzan con nuevos negocios, como farmacias, cafeterías, restaurantes y más. Destaca la infraestructura para la cultura, al conservar los usos de los inmuebles que ocupan el centro cultural “Casa Vecina” y un foro de ensayos del Instituto Nacional de Bellas Artes.

La peatonalización correcta de la calle trajo consigo la apropiación del espacio público de variadas formas. Ahora, los vecinos y los visitantes pasean junto a las mesas de restaurantes y caferías, donde se puede disfrutar de una buena comida o de un café al aire libre. Por ejemplo, el llamado “Club de las niñas”, un grupo de señoras de la tercera edad, se reúnen todos los días a tejer en las bancas de la calle, lo cual nos regala buenas postales, con las distintas formas, tamaños, texturas y colores de las prendas que confeccionan.

La accesibilidad se logró al 100% por medio de pavimentos en un solo nivel, que permiten el libre acceso y tránsito peatonal, así como de las personas que realiza su traslado ayudadas de un bastón o en una silla de ruedas. Para dar preferencia al peatón en los cruces vehiculares además de semáforos peatonales, se construyeron reductores de velocidad, que fuerzan a los automovilistas a hacer alto total antes de cruzar. Así se mantiene al peatón en un solo nivel, y se evita que suba y baje alguna guarnición.

 

Más acciones

Gracias a una serie de programas para fondas, se capacitó a sus propietarios para dar una mejor presentación, calidad, higiene y sabor en sus platillos. El mejoramiento de cada local de venta y preparación de comida se apoyó con la colocación de trampas de grasa, para evitar un colapso prematuro en el sistema de drenaje y mejorar el espacio ocupado por los comensales y en las zonas de preparación de alimentos.

En distintos puntos de la calle se realizan actividades culturales, como performances, y representaciones teatrales. Una serie de murales temáticos temporales adornan el entorno, siempre respetando e integrando al espacio público y a sus usuarios.

El estímulo en proyectos específicos que ayudan a la regeneración de la zona, como centros culturales o de documentación, y sobre todo proyectos de vivienda de calidad, aunado a otras acciones, conllevan a una transformación urbana exitosa.

Algo sucede, y algo que sucederá.

“sigues caminando sobre viejos territorios”

Hoy se siente y se vive el espacio público de las calles Regina y Echeveste de una forma digna, flexible, con asombro y goce. Ahora nos vemos hacia el futuro catalizando y detonando más intervenciones como la de la calle Regina, o explorando otras formas de replantear la ciudad. La ciudad tiene tiempos y ritmos muy distintos, y mucho más prolongados de lo que uno se imagina. Pese a esto, la ciudad se va encontrando día a día.

El Centro Histórico que se reconstruye en un espacio que asume todas las cualidades de conformación de la ciudad, se convierte en un rescate faraónico que conlleva a adaptar una ciudad nueva en la ciudad antigua.

Algo sucedió aquí y es sorprendente; algo sucede aquí y es asombroso. Algo sucederá y está en nuestras manos que éste y otros espacios sigan reconfigurando, reconvencionando y recuperando nuestro Centro Histórico de la Ciudad de México.