Ana Teresa Toro es una mujer de convicciones claras, a pesar de vivir en una isla donde las identidades son difusas. Periodista y escritora, Toro construye su literatura desde Puerto Rico, un espacio que encierra fuertes tensiones entre un marcado pasado colonial y un intenso deseo de independencia. Distintas Latitudes conversó con la escritora sobre sus inicios en la literatura, sus identidades y arraigos personales, y los proyectos en los que actualmente participa. Ana Teresa es uno de los 22 autores del continente americano que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una iniciativa para destacar la nueva literatura del continente.

Ana Teresa, cuéntanos sobre tus inicios como escritora. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos alrededor de la literatura?

Uhm. Buena pregunta. Estoy segura que tenía entre 7 y 8 años. Estaba en segundo grado y un día la maestra nos pidió hacer un poema. Debo aclarar que yo soy del centro de Puerto Rico, que tiene zonas muy montañosas. Entonces, escribí unos versos sobre una montaña. No recuerdo el verso, pero recuerdo la sensación. La sensación de haber creado algo con palabras. Fue algo muy especial. Dije “ah, caramba. Así se siente crear algo”. Y desde entonces me convertí en la escritora, en la dramaturga del colegio. Por otra parte, mi abuela, que no tenía educación formal, se sabía todos los poemas del mundo. Se ponía a declamar poemas de Julia de Burgos, la gran poeta de Puerto Rico. Entonces, esa influencia también me marcó muchísimo. Pero debo decir que soy periodista casi por naturaleza. Me fascina contar sobre las cosas que pasan a mi alrededor y Puerto Rico es un país que necesita que muchas cosas sean contadas. En 2004 entré a la redacción de un periódico de acá, El Nuevo Día, y aprendí muchísimo. El periodismo cultural y la crónica han sido, desde siempre, dos de mis motivaciones más grandes alrededor de todo lo que tiene que ver con la literatura.

Poemas y periodismo en tus inicios. ¿En qué momento empezó tu gusto por los cuentos?

Debo decir que mi entrada fue el teatro. Yo soñaba con ser actriz, pero tengo un miedo escénico terrible, entonces no me animé nunca a actuar. Sin embargo, tengo muchos amigos que hacen teatro y comencé a escribir algunos monólogos para los actores. Soy muy fanática de Luis Rafael Sánchez, un cuentista y dramaturgo puertorriqueño cuyos textos son muy sonoros, muy rítmicos, muy musicales. Atrapa muy bien el habla de la gente, son textos muy hechos para leer en voz alta. Entonces, comencé a trabajar textos que fueran también para ser leídos en voz alta. Al escuchar estos textos, mis textos, empecé a experimentar cómo es escribir y ver las reacciones que suscitaban ciertas palabras, ciertas pausas, en el público. Es una sensación increíble, es como tener lectores en vivo. Por otro lado, al hacer esos monólogos era muy divertido plantearse el reto de cómo poner a operar el mundo literario en tan poco espacio, porque no eran obras largas. Entonces creo que de ahí derivó mi gusto por los cuentos, por las narraciones breves de ficción.

En todo este proceso, ¿cómo crees que llegaste a desarrollar tu propio estilo?

No sé si tenga ya un estilo. Quizá es muy pronto para decirlo. Lo que sí es que algunos lectores me han hecho notar cosas que ellos identifican ya como un patrón. Una de ellas es el humor, algo que suele salir a veces sin proponérmelo. Otra cosa es la musicalidad. No sólo me interesa que se lea bien, que se escuche bien, sino que suelo integrar boleros u otras canciones populares en los cuentos. Y si están ahí: bienvenidas. Habrá que seguirlas cultivando.

En un país como Puerto Rico, ¿cuáles son tus arraigos, Ana Teresa?

Uff. Ésa es la pregunta que los puertorriqueños tenemos que contestar cada vez que viajamos, por la cuestión colonial con Estados Unidos. Yo no me siento latina. Para mí, el latino es el que se va a Estados Unidos a vivir. Yo soy puertorriqueña, en primer orden. Tenemos un país, aunque no sea un estado-nación reconocido. Y en este país, por supuesto que tenemos una identidad propia. En segundo lugar, me siento caribeña. Aunque pasa algo interesante. Tenemos más cerca, geográficamente hablando, a países como República Dominicana que ciudades como Miami o Nueva York, pero en Puerto Rico estamos más pendientes de estos últimos. Confirmo que soy caribeña cuando viajo, cuando viajo a las zonas caribeñas de Colombia, por ejemplo. También me siento latinoamericana, sobre todo por el idioma. En particular, yo conecto por el idioma. Por otro lado, tampoco niego la conexión con Estados Unidos. No niego que son más de 100 años de ocupación de Estados Unidos y eso hace que políticamente, económicamente, y hasta espiritualmente haya conexiones difíciles de soltar. Hay algo curioso: cuando un mexicano, un colombiano se presenta, basta decir de dónde es. “Soy mexicano. Punto”. No se tiene que hacer ninguna aclaración adicional y nadie la pide. Pero cuando se habla de Puerto Rico, casi siempre hay que explicar nuestra condición híbrida, de un país que no es un estado-nación independiente. Es confuso. Puerto Rico es un país que a veces no sabe cómo ser país. Y que a veces no le queda de otra. Mi arraigo es mi país, mi isla. Pero es un arraigo muy tenso.

¿Cómo influye tu identidad como puertorriqueña en tu obra literaria?

Francamente no me he planteado este tema desde la literatura. Desde el periodismo, sí. Pero creo que irremediablemente está presente. Aparece casi como una sorpresa. Mi primera novela, Cartas al agua (2015), está ambientada en tres momentos distintos de la historia de Puerto Rico. Yo pensaba que estaba contando tres historias de amor y ya. Pero luego muchos lectores me han hecho la observación de que es una novela que tiene que ver con la experiencia colonial, con un encierro doble: estamos en una isla, rodeados de agua, y estamos colonizados por Estados Unidos, que es otro tipo de encierro. También en la literatura me importa retratar mis paisajes familiares. Mis montañas. Puerto Rico no es sólo agua de coco y playa. También hay sierra. Por otro lado, me encanta el lenguaje y el español de Puerto Rico. Me gustan nuestras palabras. Por ejemplo, bote de basura se dice zafacón. Y esta palabra tiene que ver con Estados Unidos. Los estadounidenses le decían safety can a los contenedores de basura. Pero el puertorriqueño lo transformó a algo más españolizado, una palabra con más identidad.

¿Tu ideología se representa en tu obra?

Como periodista, suelo no hablar de mi ideología política. Pero es evidente que tengo una inclinación hacia defender lo que es Puerto Rico como una nación separada de Estados Unidos. Están las personas que defienden el régimen actual, estado libre asociado. Otros que ven la anexión a Estados Unidos como el camino al desarrollo. Otros que nos gustaría encontrar la independencia plena. En mi caso, cuando voy a Estados Unidos, aunque tenga pasaporte estadounidense, es claro que estoy yendo a otro país.

Ahora que lo mencionas, ¿qué tanto te gusta viajar?

Me encanta viajar. He estado en México varias veces. Siete u ocho. Casi siempre para trabajar. He ido varias veces a Colombia. Conozco algo del norte de África y algo de Europa. Pero te voy a hablar de un viaje que hice cuando tenía 17 años. Los padres de una amiga del colegio nos invitaron a pasar unos días en Las Antillas Menores, paseando en barco. Algo que era muy cotidiano en Puerto Rico en otros tiempos. Estar en la parte holandesa de una isla, y luego pasar a la parte inglesa, te permitía darte cuenta de que, aunque hay diferencias, en el Caribe somos del mismo tronco. Eso me ayudó a entender mi lugar en el mundo. Para escribir conviene viajar. Y más si vives en una isla. La perspectiva cambia cuando sales, cuando tienes contacto con tierra, con la parte continental. También recuerdo un viaje a Cuba, que fue muy intenso. Ahí fue donde entendí la dimensión de La Habana. La hermandad entre San Juan y La Habana. Entendí que La Habana, en mi caso, era esa gran ciudad con la que a mí me tocaba soñar, en vez de Nueva York o Miami.

Cuéntanos, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente, en el corto plazo?

Pues mira, ahora mismo acabo de terminar un proyecto histórico que tiene que ver con el primer conglomerado mediático de Puerto Rico. Está por salir en unos meses. Tiene muchos elementos de periodismo narrativo. Por otro lado, estoy trabajando con un colega dramaturgo, Joaquín Octavio, que estamos escribiendo a cuatro manos el guión de una película. Estamos en eso desde diciembre de 2016. Ya estamos en una etapa donde el texto es híbrido, ninguno recuerda qué escribió o aportó el otro. Tengo mi segunda novela en remojo. Esa etapa donde esperas a que se duerma para volver a ella con nuevos bríos. Es una historia sobre la decadencia de la industria periodística, sobre nuestros presos políticos y sobre nuestro fracaso para lograr la independencia del país. La idea detrás es que hasta que Puerto Rico acepte que la lucha por la independencia fracasó, no podremos construir algo nuevo.

Finalmente, Ana Teresa, si tú fueras un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo?

Creo que mi nudo principal sería un nudo interior. Creo que las historias más difíciles de contar son las que están adentro de uno, el drama interior que puede estar ocurriendo en la mente y en el alma de una persona y que desde fuera a veces es difícil o imposible reconocer. Literalmente, sería un nudo en la garganta. Intentaría contarme desde las pequeñas acciones cotidianas que den una pista de lo que está pasando en el interior.