La prisión de la libertad: el Freelance

Soy joven, pero tampoco estoy en los veintes en los que la emoción guía las decisiones. Ahora la emoción continúa, pero se sopesa más. Estoy en lo que puede considerarse mi segunda temporada en el territorio del freelanceo (así, castellanizado). Mis amigos me preguntan qué se siente estar sin jefes ni horarios de tarjeta inteligente que abre y cierra puertas, al tiempo que realiza un registro riguroso de entradas y salidas, o si tardaste más de la cuenta en la hora de la comida. Cada freelance tiene su experiencia propia, un camino particular para lograr su cuota autoimpuesta para...

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