Rehacer el nido. Testimonios desde el exilio argentino en México

-Traigo cien dólares –mintió María Luz. El oficial de la aduana mexicana miró a la muchacha extranjera, escéptico. -A ver, muéstremelos. -¿Por qué se los voy a mostrar, si son míos? -¿No se da cuenta de que si yo no quiero, usted no entra? “Y no, no me daba cuenta”, rememora María Luz casi cuarenta años después, en su casa de la colonia Portales, en la Ciudad de México. “Tuve mucha suerte de que ese hombre me dejara entrar a México, con un gesto como diciendo: ‘Pasa, pendeja, entra’”. Era 1977 y ella, como muchos otros jóvenes argentinos, había...

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