Una de las revoluciones en seguridad alimentaria que han pasado desapercibidas alrededor del mundo es la mejora en técnicas de cultivo de camarones, por ejemplo con la producción camaronera artificial, por medio de granjas . Aunque ya desde principios del siglo XX se habían establecido granjas camaroneras en el sureste asiático, para la década de 1980 el cultivo de camarón se volvió un negocio global. La FAO estima que para 2003 se producían en el mundo más de 1.6 millones de toneladas de camarón cultivado, con un valor mayor a USD 9 mil millones.[1]

En América los productores más grandes son Brasil y Ecuador, pero muchas granjas se encuentran en América Central, particularmente en el Golfo de Fonseca, que bordea a Nicaragua, El Salvador y Honduras. Sus 261 kilómetros de línea costera, rodeados de manglares, proveen del ecosistema necesario para el cultivo de camarón; sin embargo han sido sobreutilizados debido en parte a la falta de regulación y a la corrupción imperante en este sector económico.

El establecimiento de granjas de cultivo de camarón en Honduras se dio como parte de las políticas públicas desarrolladas en la década de 1970 en todo Centroamérica. Se esperaba lograr el desarrollo económico de la zona por medio de la explotación de recursos naturales, ampliando especialmente el mercado de exportación de productos agrícolas, forestales y pesqueros.[2]

La economía Hondureña y las granjas camaroneras

Las técnicas de acuicultura camaronera llegaron a Honduras en la década de 1970, pero no fue sino hasta casi dos decadas después que el cultivo de camarón en granjas se convirtió en una industria importante. El camarón cultivado se ha convertido en el tercer rubro económico de exportación en términos de ingresos; tan sólo en 2004 su valor fue de USD 152 millones. [3] Por otro lado, de acuerdo con el gobierno de Honduras, este sector provee empleos directos para al menos 35 000 personas.[4]

En sus inicios se planteó la creación de granjas camaroneras como una fuente de seguridad alimentaria para la población hondureña. Se esperaba el camarón a precios bajos se convirtiera en una fuente de proteína accesible para los pobladores de todo el país. Con este argumento, el gobierno obtuvo el apoyo de la agencia estadounidense USAID, así como del Banco Mundial para fomentar la inversión en este sector.

Así, el Estado concesionó 37 012.37 hectáreas, en su mayoría playas y salitrales principalmente a la iniciativa privada y en particular a la inversión extranjera, todo esto con los permisos correspondientes de las autoridades ambientales. La inversión en la industria camaronera provino principalmente de Estados Unidos, como se puede ver en el cuadro 1.

EMPRESAS CON INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN HONDURAS

POR ACTIVIDAD ECONÓMICA Y PAÍS DE PROCEDENCIA DEL CAPITAL

1997 2002
Empresa Capital Empresa Capital
Acuacultura Fonseca Estados Unidos de América Acuacultura Fonseca Estados Unidos de América
Camaronera El Faro España Camaronera El Faro España
Camaronera La Jagua Estados Unidos de América Camaronera La Jagua Estados Unidos de América
Camaronera Pacífico Estados Unidos de América Camaronera Pacífico Estados Unidos de América
Chestnut Hill farms Honduras Estados Unidos de América Chestnut Hill farms Honduras Estados Unidos de América
Criaderos Marinos S.A. Estados Unidos de América Criaderos Marinos S.A. Estados Unidos de América
Cultivos Marinos Estados Unidos de América Cultivos Marinos Estados Unidos de América
Empacadora Litoral Estados Unidos de América Empacadora Litoral Estados Unidos de América
Expopesca Estados Unidos de América Expopesca Estados Unidos de América
Sea Farms de Honduras Estados Unidos de América Sea Farms de Honduras Estados Unidos de América
Camaronera San Bernardo Estados Unidos de América Granjas Marinas San Bernardo Estados Unidos de América
Aquafinca Saint Peter Estados Unidos de América
Granjas Marinas Larvicultura Estados Unidos de América

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo, 2006, Inversión Extranjera Directa en el Sector Agropecuario: El Caso de Honduras.

El “boom”, se esperaba, traería prosperidad a los hondureños. Sin embargo de esta área concesionada no se ha utilizado en su totalidad (sólo 22 688 has. son explotadas hasta la fecha) y la mayor parte de la producción no está destinada al mercado local, sino al de exportación, por lo que se produce en explotaciones que sobrepasan 500 hectáreas. [5]

Si bien en el análisis del gobierno hondureño, que puede ser problemático por razones que se verán más adelante, se indica que la acuacultura camaronera atrae inversión extranjera muy necesaria para la construcción de infraestructura y la mejora de servicios a lo largo del país, se debe tomar en cuenta las consecuencias que la producción camaronera trae para la población y el ecosistema de manglares.

Por ejemplo, hay una situación cada vez más grave de restricción de acceso a recursos naturales para los pescadores y agricultores tradicionales. Y debido a que las granjas mantienen uso intensivo de agua dulce, en ocasiones los dueños y administradores de granjas camaroneras restringen el acceso a fuentes de agua para la población local, incluso utilizando la fuerza. [6]

Un producto en disputa

Las consecuencias negativas de la acuicultura camaronera han sido analizadas a profundidad desde finales de la década de 1980, y se ha encontrado que, contrario a los pronósticos optimistas del gobierno y los impulsores de los programas de acuicultura, no se ha dado un incremento en el consumo de proteína que favorezca a los residentes costeros y que, de hecho, son pocos los beneficiados por el cultivo de camarón a gran escala. Por ejemplo, al reducir el acceso a los estuarios de la población en general, de hecho se ha aumentado el costo de acceso a alimentos protéicos de los segmentos menos favorecidos de la sociedad hondureña.[7]

Otro problema importante es que si bien se crean alrededor de 35,000 empleos gracias a esta industria, muchos son empleos precarios, con salarios bajos y en su mayoría estacionales. Por otro lado, los costos de entrada a la industria son altos, de tal forma que  los agricultores artesanales no pueden competir en términos de tecnología ni precios y por ende son obligados a salir del mercado.

Finalmente la corrupción derivada de las granjas camaroneras es extensa. En Honduras las concesiones más lucrativas se otorgan a personas que tienen relacion con el gobierno, o en ocasiones incluso a miembros del gobierno, por lo que el daño ecológico y los problemas sociales que se presentan en las granjas camaroneras no son documentados ni investigados en muchas ocasiones. [8] Pero quizá el problema más importante es la degradación ambiental producida por las granjas camaroneras, particularmente la pérdida y degradación de los ecosistemas de manglar.

Pérdida del ecosistema

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha dado a conocer un estudio en el que se revela que el ecosistema de manglar es deforestado a una tasa tres o cuatro veces mayor que los ecosistemas terrestres, y que una quinta parte de los manglares alrededor del mundo se han perdido desde la década de 1980. Uno de los principales culpables es el cultivo de camarón. [9]

El ecosistema de manglar se genera en zonas donde no hay movimientos fuertes de agua en periodos suficientemente largos, en particular lagunas y estuarios. La vegetación consiste en gran medida de árboles y plantas tolerantes a la sal. Es un hábitat esencial para muchas especies de peces comercializables, monos, y lagartos.[10] Son una barrera natural contra la erosión, así como inundaciones y tempestades. También permiten la filtración del agua hacia los mantos acuíferos, dando como resultado la reposición de los mismos, lo que permite contar con agua dulce. Sin embargo, son sistemas naturales muy frágiles y extremadamente vulnerables a cambios repentinos en el ambiente, y no son fáciles de recuperar. Por todo esto, las leyes Hondureñas establecen que debe haber barreras de protección o ‘franjas de amortiguamiento’ para proteger los manglares. Estas leyes no han sido observadas de manera regular, particularmente por las productoras más importantes. [11]

El establecimiento de estas granjas necesita cantidades importantes de agua dulce, pero sus subproductos son vertidos nuevamente a los espacios estuarinos con lo que éstos son contaminados, pierden su composición original y, en algunas ocasiones, ha dado como resultado  la salinización de los mantos acuíferos.

Por otro lado en las granjas camaroneras se utilizan de manera extensiva antibióticos, antiparasíticos, alguicidas y pesticidas así como alimento especial para el cultivo. Debido a esta mezcla, la productividad de los estanques disminuye con el tiempo y en promedio las granjas deben ser abandonadas a los cinco años. El terreno no puede ser aprovechado nuevamente debido a la salinización.

Una de las principales razones que aducen las empresas poseedoras de granjas camaroneras es el costo que implicaría mover las granjas existentes, y transportar la materia prima—como las larvas—a las nuevas. Sin embargo, la preservación de las áreas de manglar en Honduras traería beneficios no solamente a la población general, sino también a las granjas.

Por ejemplo, al cuidar el ambiente de manglar las granjas camaroneras estarían creando una barrera que protegería su inversión contra desastres naturales. Uno de los efectos adversos de la pérdida de manglares de los que la producción camaronera no se ha podido recuperar fue la destrucción ocasionada por el Huracán Mitch en 1998. Al haberse perdido parte de la barrera que podría haber protegido a las granjas de la fuerza del huracán, la producción disminuyó hasta veinte por ciento. [12] Por otro lado, mejorar las condiciones higiénicas, e invertir en cuidar las fuentes de agua pueden ayudar a prevenir infecciones como la llamada ‘mancha blanca’ que ha afectado a la industria camaronera de forma importante.[13]

Conclusión

La falta de medidas de protección del ecosistema de manglar, sobre todo ante el establecimiento de granjas camaroneras ha tenido consecuencias ecológicas y sociales que no deben ser ignoradas. Si bien las nuevas tecnologías de producción de alimentos deben permitir la seguridad alimentaria, los beneficios deben ser distribuidos y la afectación al ecosistema y a los habitantes minimizada en medida de lo posible.

La corrupción en Honduras es uno de los problemas principales por los que las medidas de protección del ecosistema no son respetadas. La intervención gubernamental impide que quienes no respetan las reglas de conservación sean perseguidos, castigados y el daño ecológico reparado.

Pero no debemos olvidar tampoco la responsabilidad de los consumidores sobre el consumo responsable de alimentos. Los consumidores informados pueden ser  a mejorar las condiciones en las que los camarones se cultivan, las condiciones de los trabajadores en las granjas  y el uso de recursos. Pero la responsabilidad recae sobre todo en los dueños de las unidades de producción. Es ahí donde debe caber la conciencia de que proteger los manglares es, a fin de cuentas, proteger también su modo de vida.

[1]Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), (n.d.) Visión general del sector agrícola nacional: Honduras, disponible en: http://www.fao.org/fishery/countrysector/naso_honduras/es#tcNA00AD, consultado el 12 de octubre de 2010.

[2] Susan C. Stonich, The Environmental Quality and Social Justice

Implications of Shrimp Mariculture Development in Honduras, Human Ecology, Vol. 23, No. 2, 1995

[3] FAO, supra nota 1.

[4] ibid.

[5]Instituto Nacional de Estadística de Honduras, (2009), ‘Boletin de prensa 18 de junio: Cultivo de camarón se coloca en tercer lugar entre productos de mayor exportación’.

[6] EJF, (2003) ‘Smash & Grab: Conflict, Corruption and Human Rights Abuses in the Shrimp Farming Industry’. Environmental Justice Foundation, London, UK.

[7] Tobey, J., Clay, J, Vergne, P., (1998), ‘Maintaining a Balance: The Economic, Environmental and Social Impacts of Shrimp Farming in Latin America’, Coastal Management Report, 2202.

[8] Stonich, S. and Bailey, C. (2000) ‘Resisting the Blue Revolution: Contending Coalitions Surrounding Industrial Shrimp Farming’, Human Organization 59: 23-36.

[9] ‘Mangroves Report Reveals Threats & Opportunities to Global Economy & the Planet’, Disponible en http://www.unep.org/Documents.Multilingual/Default.asp?DocumentID=630&ArticleID=6645, consultado el 13 de octubre de 2010.

[10]Tobey, J., Clay, J., Vergne, P., supra nota 7.

[11] María C. Haws, Claude E. Boyd y Bartholomew W. Green, (2001),  ‘Buenas prácticas de manejo en el cultivo de camarón en Honduras: una guía para incrementar la eficiencia y reducir los impactos ambientales de la acuicultura de camarón. Evaluación de las prácticas actuales en Honduras’, Coastal Resources Center, Universidad de Rhode Island, 101 p.

[12] También se perdió parte de la diversidad genética necesaria para continuar el cultivo de camarón en el Golfo de Fonseca, Travis, S.E., (2002), ‘Hurricane Mitch: shrimp population assessmentsin the Gulf of Fonseca, Honduras’, USGS Open File Report 03-174, 30 p.

[13] Bilio, M., Saborío Coze, A., Hernández Portocarrero, A., ‘Los manglares, los camarones y el desarrollo de las áreas costeras en el Istmo Centroamericano’, Cameronicultura, 12 (4), 1999.