En 2011, una serie de inquietudes embargaron al artista brasileño Eberth Vinicius sobre el ambiente artístico en donde tuvo su formación inicial: el ballet clásico. Marcadamente heteronormativo, con delimitación clara de papeles, además de reglas rígidas, inflexibles y excluyentes. Estos papeles evocan mensajes de dominación y naturalizan jerarquías, y fueron generando e Eberth una serie de incomodidades, que lo llevaron a idear XL, una relectura “queer” del ballet clásico Giselle.

  • Nombre: Cena Queer
  • País: Brasil
  • Página en Facebook
  • Una frase: “Entramos en las cuestiones del cuerpo y el almo, pariendo los cuestionamientos con todos los dolores, sin pretensión de dar respuestas, pero quierendo afectar y ser afectadxs”.
  • Se define como: Colectivo de experimentación artística que celebra la disidencia sexual.

Este fue uno de los primeros pasos que desembocaron en el nacimiento de “Cena Queer”, un colectivo que realiza performances que celebran la disidencia sexual y de género en Salvador, capital del estado norteño de Bahía, en Brasil. Esta subversión del ballet buscaba una reflexión sobre los varios patrones que limitan la existencia humana, mediante la transgresión de elementos que iban desde el escenario (un baño público), pasando por la música (funk de la banda popular Solange tô Aberta), hasta llegar a la interpretación de la protagonista: un homosexual negro, que vive en la periferia de Salvador, y que encarnaba a Giselle.

De los diálogos con la DJ Adriana Prates vino la necesidad de un amparo teórico para profundizar la discusión sobre género y sexualidad, y así Eberth inició la revisión de textos de autoras como Judith Butler y Beatriz Preciado, exponentes de la teoría queer.

“Comenzamos entonces a realizar algunos experimentos para componer XL (alusión al tamaño deseable del pene, según se ven en los anuncios de los sitios gais de encuentros sexuales), cuando surgió la invitación para tematizar un evento llamado Sexta Cênica, que ocurría mensualmente en la Escuela de Danza de la Fundación Cultural del Estado de Bahía (FUNCEB). Invitamos a algunos “performers” en cuyos trabajos identificamos una crítica de la normatividad y/o busca un abordaje más libertario en relación a las cuestiones de género y sexualidad. Este fue el embrió de Cena Queer”, dijeron Adriana Prates y Eberth Vinicius a Distintas Latitudes.

A partir de ahí tuvieron cerca de 10 artistas con ellos de forma permanente. Además de Vinicius (que es bailarín clásico y performer) y de Prates (que es DJ y productora), se integró Junior Oliveira (performer y productor); así como Alex Oliveira (fotógrafo), Isabela Silveira (performer),
Jacson Costa (VJ), Marcelo Sousa Brito (performer), Michele Matiuzzi (performer), Ricardo Alvarenga (performer), Simone Gonçalves (performer), y Soter Xavier (bailarín y productor).

Además, desde el inicio han tenido la política de invitar “performers” afines con sus puntos de vista. Algunas de estas personas que participaron de forma más puntual incluyen a Paulo Belzebitchy, que participó de una de las primeras actividades de Cena Queer; Lola Bê; Bruno Álvaro (del colectivo Coiote), Rainha Loulou, Erich Gutmann, Deko Alves, Hélio Oliveira, The Faboulous, Thábata Vermont, Claudio Manoel (de quien se exhibió el documental “Cuceta”, sobre la banda Solange tô Aberta), y Edeise Gomes.

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Performance de Cena Queer. Fotos: Alex Oliveira (incluyendo foto de portada de la nota).

El principal objetivo del grupo es discutir la cuestión de la diferencia y de la normatividad en la intersección de cuestiones de género, sexualidad, raza, envejecimiento y consumo, entre muchas otras, usando el arte y mezclando lenguajes. Sus performances y presentaciones artísticas las realizan, en su mayoría, en espacios desvalorizados o degrada de la ciudad, para ampliar su crítica al proceso de gentrificación vigente en la mayoría de las capitales brasileñas, y que se vio reforzada por las prácticas que se dieron ante la realización de eventos como la Copa Confederaciones y la Copa del Mundo Brasil 2014.

“Hoy, Cena Queer está en ‘stand by’, porque estamos reviendo algunas cosas, inclusive nuestro nombre. Mientras tanto, estamos dedicándonos a proyectos paralelos. Eberth, por ejempl, está reiniciado experimentos para realizar el segundo acto de XL y está desarrollando un proyecto denominado ‘Barril’, sobre masculinidad en el ‘pagode’ (género musical) bahiano. Adriana viene desarrollando el proyecto ‘Cabaret Drag King’, cuyo tema también es el de masculinidades”, explicaron ambos.

Para el colectivo, la mayor conquista que han tenido fue reunir artistas potentes, para que expresen sus cuestionamientos y colaboren entre sí, y también el hecho de poder realizar algo diferente en la ciudad, creando espacios para expresar y discutir sus puntos de vista.

Además de eso, han ganado varios premios y concursos públicos. XL ganó el premio Vivadança y Cena Queer ganó un concurso municipal y otro estatal. Con eso, tuvieron recursos para montar XL y realizar 10 ediciones de Cena Queer en 2013.

De momento, su mayor obstáculo es el mismo que tienen todas las personas que trabajan en arte y cultura en Brasil: la sustentabilidad, conseguir recursos para realizar y mantener proyectos. Sus producciones, por ejemplo, aunque simples, movilizan a muchas personas, y sin dinero es difícil mantener a todas enfocadas, pues los artistas requieren del dinero para subsistir.

“Esto nos lleva a la cuestión de los concursos públicos, que, si por un lado pueden representar financiamiento, por otro lado, exigen adecuación a una burocracia irritante, además de la obediencia a calendarios rígidos, y esto es muy limitante para el trabajo creativo”, dijeron Adriana Prates y Eberth Vinicius.

“Lo ideal sería que consiguiéramos sustentar nuestros proyectos a través de esquemas colaborativos o con dinero obtenido por taquilla, pero en nuestra ciudad las personas que consumen cultura alternativa no son muchas, algunas todavía son estudiantes o están desempleadas, y esto dificulta sustentar los proyectos por esta modalidad. Otra cosa es que abordamos cuestiones fuertes, personas, que a veces impactan subjetivamente, o incluso desestabilizan por un tiempo. Es un proceso doloroso, y a veces es necesario para por un tiempo”, agregaron.

A pesar de todas estas limitaciones y frustraciones, desean seguir experimentando; para, a través del arte, entrar en las cuestiones del cuerpo, y hacer visibles las contradicciones que somos y con las cuales vivimos.