Rafael Garay, uno de los economistas más reputados de la TV chilena, reconocido por su capacidad para explicar las complejidades de la economía en forma sencilla, terminó protagonizando una estafa similar a las que él mismo criticaba a través de los medios. Se gastó el dinero en night clubs. Inventó un cáncer basado en información de Google y una película e intentó casarse con una rumana para huir de Chile. El plan no resultó, y ahora -tras ser extraditado- enfrenta a la justicia en uno de los casos más mediáticos del último tiempo.

Por: Jonathan Flores Belmar, integrante de la 2da generación de la

Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas

 

El 13 de junio de 2016, hace un año, el entonces destacado economista y comentarista de televisión Rafael Garay realizó un anuncio inesperado a través de sus redes sociales: “Hace un tiempo atrás me fue detectado un glioblastoma. Esto es un tumor, una suerte de cáncer cerebral. Antes de 21 días renunciaré a todas mis actividades laborales y profesionales para focalizarme sólo en esto. Dejo todo”, aseguró con nostalgia y una entereza sorprendente.

Inmediatamente recibió mensajes de apoyo de quienes lo conocían de cerca y del público que lo seguía por televisión. Tres semanas más tarde, concedió una entrevista a un programa matinal, donde contó detalles de su retiro y una eventual causa de su cáncer.

Por respeto, nadie lo cuestionó en ese momento.

Dijo que ingresó a la planta de Fukushima a buscar a dos amigos desaparecidos tras el terremoto y maremoto que asoló Japón en marzo de 2011. “Para poder esquivar los controles, va a sonar súper irracional lo que voy a decir, no me queda otra que meterme a la planta de Fukushima. Una de las teorías, que no hay cómo comprobarlo, es que esa radiación me dio cáncer”, sostuvo.

Eso sí, su presencia allí era plausible. Sus amistades orientales las cultivó gracias a la práctica de artes marciales mixtas. De hecho, fue parte de la selección nacional de Kudo y participó en competencias por todo el mundo. Pero ¿radiación de Fukushima?

Sea como sea, cuando anunció su enfermedad aseguró que devolvería todo a quienes confiaron en él. “Mis inversionistas recibirán sus dineros con las ganancias, obviamente sin la comisión”.

Entre ellos se encontraba uno de sus mejores amigos: Iván Nuñez, destacado conductor de televisión de uno de los noticiarios más vistos en Chile. Y había algo más que amistad. Garay fue su sensei de Kudo.

Nuñez y su esposa depositaron en él su confianza. En conjunto le cedieron cerca de 132 millones de pesos (cerca de 200.000 dólares) a cambio de una rentabilidad de un 1% mensual. Think & Co, la empresa de Garay, ofrecía una cifra mayor a la banca tradicional -que ronda en el 0,4%-, pero mesurada. Eso sí, la justicia encontró documentos en que ofrecía rentas de hasta un 18% anual a algunos clientes.

Nuñez estuvo constantemente pendiente del estado de salud de su amigo. El 21 de agosto de 2016 Garay le confesó por WhatsApp que entre el 5 y el 15 de septiembre viajaría a Francia al centro europeo del cáncer Gustave Roussy para someterse a una quimioterapia y así dar la última pelea.

En ese entonces, dicha decisión también era evidencia de sus convicciones. Según explicó, escogió ese centro en desmedro de la conocida Clínica Mayo en Estados Unidos, porque como economista rechazaba la política internacional norteamericana.

En tanto, Garay dijo que llegaría de regreso a Chile el 15 de septiembre a las 9:00 am. Así lo sabía su familia y Nuñez, su amigo. Pero no apareció. No respondió las llamadas ni los mensajes. Todos se preocuparon, ya que viajó solo y su enfermedad provocaba pérdidas de memoria temporal.

Ante la incertidumbre, el 21 de septiembre su familia decidió reportarlo como perdido ante la Policía de Investigaciones (PDI), para así recabar información que pudiera dar señales de su paradero.

Todo el mundo esperaba lo peor.

De perdido a prófugo

Al día siguiente Interpol reportó los primeros antecedentes. Garay efectivamente pasó por Francia, pero sólo realizó una escala para llegar a Tailandia. Más tarde se supo que en su viaje de regreso pasó por Holanda y finalmente volvió a Francia.

Toda la opinión pública chilena tenía sus ojos puestos en él. Lo próximo que se supo fue que el día 20 de septiembre pasó por el Consulado de Chile en Bucarest, Rumania, donde solicitó un certificado de soltería.

Ahí comenzaron las primeras dudas. Más aún tras la respuesta que entregó la secretaria del centro Gustave Roussy, donde supuestamente Garay trató su tumor cerebral: “Lo siento, no hay ningún paciente con ese nombre”, señaló.

En adelante, la historia dio un vuelco dramático. El reputado comentarista de economía comenzó a ser acusado por estafa. Irónico, considerando que él mismo se había paseado por distintos medios de comunicación explicando cómo evitar caer en estafas piramidales.

Apareció en horario prime, revelando las malas prácticas de Alberto Chang y Patricio Santos, quienes también defraudaron a cientos de personas en Chile con el Grupo Arcano y AC Inversions respectivamente. Inmediatamente las redes sociales festinaron con las imágenes.

Sus inversionistas acudieron a la justicia. En total, 36 personas materializaron la demanda contra Garay, y en conjunto le reclaman cerca de 1.800 millones de pesos chilenos (unos 2,7 millones de dólares).

De inmediato, el foco se puso en su vida privada. ¿En qué se gastó el dinero? ¿Cuál era su status de vida? ¿Por qué pidió un certificado de soltería en Rumania? ¿Quería casarse allá? ¿Tiene extradición con Chile ese país?

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Fotografía de Rafael Garay tomada de su cuenta de Twitter.

La vida loca

Las primeras señales las dio Antonella Torelli, quien fue su pareja desde marzo de 2016 hasta que estalló el caso. “En una oportunidad dejó su perfil de Facebook abierto y observé el perfil de una muchacha joven, supuestamente rumana, de nombre Marya Sara, que tenía contacto con él”, relató a la policía chilena.

En rigor, su nombre es Marya Runcán. Y en diciembre se supo que Garay intentó casarse con ella.

“El ciudadano chileno y la ciudadana rumana solicitaron contraer matrimonio. Nosotros procedimos a verificar los documentos de identidad y vimos que estos no eran válidos para la ley rumana. Por eso tuvimos que rechazar la solicitud”, dijo la directora del Registro Civil rumano, Melania Florescu.

Ese traspié fue clave para justicia chilena, que entonces ya había presentado cargos en su contra y había solicitado su extradición desde Rumania. Si Garay hubiera logrado casarse, su situación de ciudadanía habría cambiado.

Pero en Chile trascendieron más detalles sobre su vida lujosa y llena de gastos millonarios. Según pudo constatar la PDI, efectivamente usó el dinero de sus inversionistas para cubrir su habitual despilfarro.

¿Qué gastos?

Rafael Garay fue un asiduo cliente de 2 populares nigth club de Santiago: Passapoga y Diosas. Según relataron a la policía el administrador, las bailarinas y los meseros, asistió al club de Providencia por al menos 10 años, donde gastaba en torno a los 600.000 pesos (cerca de 1.000 dólares) en cada noche.

Lo describían como un bebedor de vodka y cerveza al que le gustaba reunir a varias chicas e invitarlas al unísono, relata el informe policial. En Diosas también lo señalaron como un cliente frecuente que gastaba altas sumas de dinero cada vez que asistía. Dos interrogadas por la PDI lo señalaron como “un sujeto raro, alcohólico, un caballero sin alcohol, pero con éste en el cuerpo un tipo agresivo”.

Según la investigación del Ministerio Público, hubo noches puntuales en los que gastó cerca de 13 millones de pesos (20.000 dólares).

Incluso trascendió que días antes de su viaje a Europa y el sudeste asiático Garay realizó una fiesta de despedida en el Passapoga junto a amigos y bailarinas del club. Aunque Sandro Retamales, administrador del lugar, dice que fue algo más que eso: “Él se despidió como tres veces. Y fueron noches normales. Le di la mano y nos dimos un abrazo. Yo le decía ‘tú estás bien, te vas a mejorar’”, recordó.

Mientras la prensa difundía estos detalles, Garay sufrió otro revés en sus intentos por huir de Chile: el 28 de diciembre de 2016, la Corte de Apelaciones de Brasov, en Rumania, ordenó su arresto preventivo mientras la justicia chilena tramitaba formalmente la solicitud de extradición ante el país europeo.

Ese mismo día fue trasladado al centro de arresto preventivo de la policía de Brasov. El plan maestro de Garay se caía a pedazos.

Operación retorno

Casi dos meses más tarde, el 17 de febrero de este año, la justicia rumana acogió la orden de extradición sobre Rafael Garay. La Corte de Apelaciones de ese país revisó la solicitud del imputado para permanecer en Rumania, pero la rechazó. Y Garay también se rindió, pues desistió de recurrir ante la Corte Suprema por un último intento.

Inmediatamente cambió de estrategia. Su abogado defensor, Reynerio García de la Pastora, logró borrar los antecedentes penales de Garay en el Registro Civil en Chile. De este modo, cuando volvió a pisar Chile, pudo dar cuenta de una irreprochable conducta anterior ante la justicia.

En su expediente pesaba una condena por conducción en estado de ebriedad. El 18 de diciembre de 2007 protagonizó un choque múltiple mientras conducía acompañado de 3 bailarinas del Passapoga en Las Condes, uno de los barrios más acomodados de Santiago.

Dos vehículos chocaron en primera instancia. Y luego la camioneta de Garay impactó contra ellos. Todos habían bebido, pero su alcoholemia fue la más alta: registró 2,37 gramos de alcohol por litro de sangre.

El accidente dejó a una joven de entonces 22 años con graves lesiones, quien incluso estuvo internada con riesgo vital en la Clínica Las Condes producto del choque. Por ello es que recibió una sentencia de 200 días de pena remitida.

Así las cosas, el 15 de marzo de 2017 fue el comienzo del fin. Abandonó Rumania custodiado por 4 efectivos policiales armados con traje de campaña de la Interpol, quienes lo llevaron hasta el aeropuerto de Bucarest.

Allí fue entregado a los 3 policías chilenos que llegaron a escoltarlo para su regreso. Tras una escala en París, llegó cerca de las 12:00 horas del día siguiente directo hasta el Tercer Juzgado de Garantía, donde la Fiscalía presentó cargos en su contra por segunda vez -ya lo habían hecho en su ausencia- por apropiación indebida y estafa reiterada.

Pese a ser sumamente respetado por la opinión pública por su facilidad y elocuencia para explicar complejos temas económicos, ese día fue increpado por un grupo de personas que esperó su llegada afuera del tribunal. Su reputación estaba oficialmente en el suelo.

Tampoco ayudó el procedimiento utilizado por la justicia. Curiosamente fue esposado frente a las cámaras y se le colocó esa especie de blazer amarillo que da cuenta de su condición: “imputado”. En cambio, no ocurrió así en otros casos emblemáticos de financiamiento irregular de la política, donde sus protagonistas fueron enjuiciados por defraudar al Estado por montos 3 ó 4 veces superiores.

Inmediatamente fue dejado en prisión preventiva ante el inminente peligro de fuga. La jueza Paola Rabinovich determinó también que era un peligro para la seguridad de la sociedad. De todos modos, ya estaba rendido. Le pidió a su abogado que no apelara a esa determinación.

Ya había decidido colaborar con la justicia y contar su verdad.

Tres días para matar

Cuando Garay ya llevaba 19 días en prisión tras su regreso a Chile, pidió declarar ante José Morales, el fiscal a cargo del caso. Durante ese periodo, se tomó el tiempo para analizar la carpeta investigativa.

Y ese día llegó. El pasado 4 de mayo se sentó por más de 4 horas para dar su versión a la Fiscalía Metropolitana Centro Norte.

Tras sentarse a hablar con Morales, admitió que inventó su supuesto cáncer y que basó su mentira en una película e información de Google.

¿Cuál película?

Tres días para matar. Un film de 2014 protagonizado por Kevin Costner y dirigido por Joseph McGinty, que cuenta la historia de Ethan Renner: un espía internacional de la CIA que toma la decisión de dejar su carrera luego que se le diagnosticara un cáncer cerebral.

De todos modos, la Fiscalía sólo lo preguntó por cortesía. La investigación ya había determinado que su enfermedad era inexistente tras solicitar informes médicos y verificar el registro de su seguro médico, el cual no registraba movimientos relacionados a un tratamiento de esas características.

Ese mismo día también puso a disposición de la justicia 500 mil pesos -poco menos de 1.000 dólares- para configurar la atenuante de “reparación del mal causado” a las víctimas de la estafa. “Ofensivo”, dijo Rodrigo Bravo, abogado querellante en la causa.

Si bien la ley estima que el dinero dispuesto por el imputado debe ser repartido entre todos los afectados, ese día Garay pidió que el aporte fuera en directo beneficio de -en su opinión- la persona más perjudicada: Víctor Mellado, un trabajador que invirtió en Think & Co una indemnización de 15 millones de pesos (22.000 dólares) obtenida tras sufrir un accidente laboral que lo incapacitó de por vida.

Cuando se sentó en el banquillo de los acusados explicó por qué lo eligió: “Siento un aprecio por él. Por lo menos me va a empezar a hacer sentir más tranquilo, porque he tenido más tiempo del que quisiera para pensar“, aseguró.

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En tanto, el jueves 11 de mayo, volvió a declarar. Tras ello, entregó nuevamente la misma suma. “No va a haber recuperaciones de dinero, se encuentran totalmente acreditadas las circunstancias en las que fueron utilizados los fondos en su minuto por Rafael Garay”, señaló su abogado Reynerio García de la Pastora.

Finalmente, el martes 16 de mayo Garay hizo un mayor “esfuerzo”: entregó su vivienda y una serie de obras de arte avaluados en cerca de 80 millones de pesos (120.000 dólares). “No le queda absolutamente nada más en esta tierra que estos bienes“, dijo su abogado tras colocarlos a disposición de la justicia.

Un hecho que ha quedado en duda, considerando que Reynerio García de la Pastora no es un abogado de la Defensoría Penal Pública garantizado por el Estado. Es pagado por Garay. Entonces ¿con qué dinero le paga?

Ahora el mayor desafío es que la justicia acepte esos bienes como medio de reparación, ya que la ley chilena contempla que las consignaciones ante la justicia sólo pueden hacerse en dinero en efectivo. En primera instancia, el tribunal se declaró incompetente para recibirlos.

Por su parte, los estafados, que seguramente se niegan a creer que Garay se gastó todo el dinero en una vida de lujos, deberán mantener la esperanza en que los fondos aparecerán.

Aunque la batalla legal continúa, Víctor Mellado ya consiguió una pequeña victoria. El tribunal le entregó un cheque con los 2 pagos que el imputado realizó tras declarar ante la justicia. No es suficiente, pero es un comienzo.