De niño, Christian Ibarra le robaba libros a su hermano para leerlos y luego devolverlos a escondidas. A los 14 años escribió su primer cuento, por motivación de una maestra, pero no quiere acordarse mucho del texto que ahora considera muy malo. Ibarra agradece siempre que las cosas se digan con la menor cantidad posible de palabras; de ahí su pasión no planeada por los microrrelatos. Por eso, se considera escritor de carreras cortas. Desde Puerto Rico, el autor, que es uno de los 22 autores del continente americano que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, conversó con Distintas Latitudes sobre su estilo, su vida y su país.

¿Cómo te acercaste a la literatura y a la escritura?

Trazarlo exactamente es complicado. Pero si tengo recuerdo de la infancia, en que, como a mucha gente, mi madre me leía. Me leía Las mil y una noches, recuerdo, sobre todo. Desde ahí se fue gestando ese germen. Luego, más tarde, mi hermano mayor tenía una pequeña biblioteca, muy modesta, con unos 30 libros; entonces yo me interesé, un día me acerqué, y se los robaba a escondidas y me los llevaba a la escuela en la mochila. Luego se los devolvía.

Creo que trazar el acercamiento a la escritura, o la literatura en general, nace como esos primeros amagos de lector. A escribir, empecé como a los 12 años, por ahí, escribiendo, como mucha gente, poemitas muy malos. Y gracias a una maestra, en la escuela que aquí le llama la “high”, que es como escuela superior, como a los 14 años, me alentó a escribir un cuento. En ese sentido es bastante tarde, hay gente que empieza mucho más temprano. Y con ese cuento no paré. Al principio, los libros que le creía, los reescribía, trataba de hacer algo totalmente distinto, casi siempre microcuentos, con ese texto.

Por ejemplo, recuerdo El coronel no tiene quien le escriba, pero antes, sobre todo, cuando te contaba que le robaba los libros a mi hermano, leía poesía. Ese gusto por el ritmo viene de ahí.

¿Qué recuerdas sobre ese primer cuento que escribiste?

Es muy malo, obviamente. Y precisamente, hablando de esa relación con la poesía, era un poco una traducción burda de El barco ebrio de Rimbaud, en cuento. Una historia entre un anciano y un joven, un niño, que quizá era yo. Pero con detalles no recuerdo muy bien, porque una vez, tiempo después, lo leí y era muy malo.

¿Cómo nace esa pasión por los microrrelatos?

Fue una cuestión no muy planeada. Siempre agradezco que las cosas se digan en la menor cantidad de palabras posible. Y sobre todo, porque más allá del género (microcuento, cuento, minificción), me interesaba la contención en la literatura. Que las cosas se digan en las palabras exactas. En ese sentido también aporta que me persigan los puntos finales.

Julio Ramón Ribeyro, el peruano, decía que no podía escribir una novela, porque llegaría a la meta cuando todos se hubiesen ido al estadio. Yo creo que me parece una situación muy similar la mía. Me considero más escritor de carreras cortas, de 100 metros.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Proyectos como tal no tantísimos, porque la situación en Puerto Rico es un poco complicada. Pero sí me hace ilusión que va a salir un segundo libro; ya había publicado el primero, que era el de La vida a ratos, que va a salir una reedición aquí, y ahora va a salir un segundo libro que yo escribí hace aproximadamente siete u ocho años, que tiene por título Ventanas. Esos sí son cuentos más extensos. Ya está pronto a llegar a la imprenta, así que ese me hace ilusión.

Además, estoy trabajando en una tesis de la universidad sobre los migrantes chinos en Puerto Rico.

¿Cuando hablas de la situación en Puerto Rico, te refieres a la situación económica?

Sí, a la situación económica que en Puerto Rico, como en muchos lados, está íntimamente ligada a lo político. Sobre todo a nuestra condición colonial. Se perfila que el pueblo de a pocos se está levantando. Hay una deuda del gobierno de 72 billones de dólares, que no es poca cosa para un país de 3,4 millones de habitantes.

Los Estados Unidos, como imperio, nos implantaron una junta de control fiscal, que es casi una junta militar, pero económica. Lo único que buscan es hacer llegar el dinero a sus acreedores, a los bonistas. Y para eso crean políticas en contra del pueblo, medidas de austeridad; quieren desintegrar prácticamente la Universidad de Puerto Rico, que ha sido el motor social y económico del país, y se prevé que los maestros se van a quedar sin su retiro en aproximadamente casi 2 años; van a cerrar 300 escuelas; cerraron el Banco Gubernamental de Fomento… una locura.

¿Qué es lo que más te apasiona?

Lo que más me apasiona, que me remueve adentro, es el periodismo. Por suerte, creo que la literatura y el periodismo están íntimamente relacionados, aunque son distintos. Ahora mismo no estoy trabajando en eso, lamentablemente, porque la situación económica lo empuja a uno a trabajar en otro tipo de cosas. Estoy en publicidad.

Pero sí, el periodismo, sobre todo esa sorpresa escondida al otro lado, porque me interesa mucho el trato con las personas. A mí, de la literatura me interesan muchísimas cosas, pero el periodismo te ofrece el contacto con el otro cara a cara, y siempre es un misterio, todos los días, cada asignación que le mandan a uno, y eso es bonito. Sobre todo en estos tiempos tan convulsos, me parece que es el periodismo bien hecho es cada vez más urgente.

¿Te gusta viajar?

Me gusta, lamentablemente mi pasaporte está vencido. Pero el anterior tiene pocos sellos, porque como somos una isla, viajar es un poco cuesta arriba económicamente. Pero sí, mi familia es de Uruguay, mi mamá, y mi viejo es de Chile. Estudié allí hace poco, pero básicamente esos han sido mis viajes, no han sido tantísimos como he querido. España, Portugal, Chile, Colombia, pero más allá de eso no. Tengo pensado tirarme un viajecito, pero todavía no sé a dónde.

De estos destinos, ¿cuál te ha llamado más la atención?

Evidentemente, porque mi familia es chilena, Chile me marcó. Viví allá un tiempo de niño. Pero así, ciudad que me enamoró, en Portugal, Lisboa. Me parece un lugar mágico.

¿Cómo piensas que tu identidad como puertorriqueño te ha influenciado en términos generales y también en tu literatura?

Como nosotros vivimos en un gran limbo. Si uno mira hacia atrás, en la historia de la literatura, hay mucha gente que se ha encargado de trabajar esta cuestión identitaria, sobre todo en los 70. En mi caso, por lo que te digo, que tengo ascendencia de otros países, ese intento de trazar algo identitario muy fuerte, como que no se me ha hecho una demanda obligatoria.

La literatura, incluso creo que en Latinoamérica, se ha trasladado a un territorio un poco más privado, quizá más doméstico. Eso no lo digo como experto, sino como algo que siento. Pero, más allá de lo identitario, que en Puerto Rico juega un poco con la condición ideológica, el contexto puertorriqueño es muy particular. Puerto Rico es un país muy absurdo, también muy bello. El libro que voy a sacar sí recoge muchísimo más esas preocupaciones, pero no como estandarte, sino como magma que recorre los textos, un poco entre líneas.

¿Cuáles dirías que son tus ideas o convicciones más profundas?

Una de las cosas que más me remueven, más en el plano personal, es el sentido de justicia. El sentido de justicia, la amistad, pelear aunque sea inútil, porque las cosas sean un poquito menos desiguales, pero eso ya como una cuestión más ética en el trabajo que hago desde el periodismo.

En la literatura, creo que me obsesiona el tiempo, el paso del tiempo, y cómo se gastan ciertas cosas. Quizás también la cuestión de la incomunicación, y cómo ahí afloran otro tipo de cosas.

¿Qué proyectos tienes en el corto o mediano plazo?

Quiero terminar la tesis que dejé en el aire, y ojalá sea un texto publicable. Quiero que sea un libro de no ficción, ojalá resulte, porque sabes que uno tiene muchos libros en la cabeza que no resultan. El tema migratorio, en Puerto Rico, como isla al fin, me parece importante, y quizás no sea ha tocado el tema en el sentido amplio que se merece, porque lo migratorio en Puerto Rico siempre es hacia el norte, hacia los Estados Unidos. De hecho, hay una frase hecha en Puerto Rico que dice, “se va pa’ fuera”, e irse “pa’ fuera” es irse a los Estados Unidos.

Pero, estos otros migrantes que están en Puerto Rico, y que nadie les da pelota, también me interesan, porque creo que son parte de aquello que nos compone.

¿Y qué planes más a largo plazo?

En realidad no sé. Tampoco me gusta mucho saber qué haré, proyectarme mucho a futuro. De hecho, mi vida ha sido un poco así. Nunca pensé que iba a escribir ficción, mucho menos que iba a hacer periodismo, mucho menos que iba a estar en publicidad. Yo creo que adonde el viento me lleve.

Si fueras un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y cuál sería tu desenlace?

Diablos, está difícil. Yo no me enamoro tantísimo de los personajes, me enamoro más de todo el texto. Hay un librito, un diario, que a mí me gusta mucho, de un francés que se llama Christian Bobin, que se llama Autorretrato con radiador. El personaje sufre una pérdida, y comienza a escribir este diario, y comienza a relatar las cosas más simples de su hogar. Yo creo que sería eso.

Un desenlace, que difícil. Lo que pasa es que en la literatura todos mueren. En la vida también. Así que no sé, ahí estoy un poco perdido. Yo creo que un final abierto, quizá. Me gusta el desenlace del Ensayo sobre la ceguera (Saramago), donde la mujer abre los ojos y no se sabe lo que va a pasar.