Por Lia Valero, integrante de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas

[Este texto es parte del especial “Lxs calientes en América Latina” que incorpora reportajes, crónicas e investigaciones desde 12 países de la región]

Mateo Varela se interesó en el tema de los anticonceptivos masculinos desde el año pasado, cuando las redes sociales y las noticias informaban que el más reciente estudio para desarrollar un nuevo método, conocido como la inyección masculina, era una investigación frustrada: los efectos secundarios en 20, de los 320 hombres que la probaron, detuvieron su posible producción.

A pesar de que la inyección era efectiva en un 96% y que más del 75% de los entrevistados, dijeron estar satisfechos y dispuestos a utilizarla, se echaron para atrás cuando efectos secundarios como el acné, cambios de ánimo y reducción de líbido empezaron a aparecer, efectos con los que las mujeres han tenido que convivir durante años con los métodos hormonales como pastillas, parches e inyecciones.

Las anteriores parejas de Mateo intentaban tomar anticonceptivos durante algunos meses pero la decisión no siempre terminaba bien. Sentían esas mismas secuelas que llevaron a cancelar la comercialización de la inyección masculina: acné, dolores severos de cabeza, mareos, cambios de humor, tristezas espontáneas, malestar, entre otros. Al final, volvieron  al método por excelencia en este tipo de situaciones: el condón. “Al principio, no me llamaba mucho la atención usarlo, pero pensé en lo injusto que era hacer pasar a mis parejas por ese duro proceso de planificación, solo porque a mi me molestaba el condón”, cuenta este bogotano de 25 años. “En ese proceso hubo un cambio mental que me ayudó a darme cuenta de esa problemática y a tomarla en serio.”

Sin embargo, las conversaciones sobre estos temas siguen biches [inmaduras, verdes, crudas] en nuestra sociedad colombiana. En la mitad de la entrevista Mateo cayó en cuenta que nunca ha asistido a una consulta médica sobre planificación. Una situación normal para muchos. Y es que la principal fuente de información sobre métodos anticonceptivos para los hombres, entre los 13 y los 49 años, es la televisión, seguida de periódicos, internet y la radio. Tan solo el 10.5 por ciento de los hombres entrevistados para un estudio de Profamilia, la entidad especializada en salud sexual y reproductiva en Colombia, han hablado del tema con un profesional de salud.

“Los hombres, sobretodo en los casos de planificación y sexo, son muy irresponsables. Muchas veces, si la mujer no decide parar el acto y decirle que se ponga un condón, el man perfectamente puede seguir. Pero hay que ser más flexibles, porque la carga de cuidar al bebé o de un embarazo o aborto ha estado en la mujer”, afirma Mateo.

Desde el punto de vista de Federico Tobar, asesor regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas, (UNFPA) la prevención es, hasta ahora, un tema principalmente femenino. “El hombre prácticamente no acude al servicio de salud para abordar temas de planificación. No existe ninguna noción de eso en término de los hombres. Tenemos que trabajar generando conciencia y la necesidad de la protección a enfermedades de transmisión sexual, embarazo y incluso el SIKA”, dice Tobar.

Lo cierto es que hay que hablar del tema de la planificación masculina con la claridad como se habla del aborto, como se habla de la familia. Hay que ir más allá de campañas de sensibilización y educación y más aún si se tiene en cuenta que, según Profamilia, el 80% de las mujeres y el 82.5% los hombres no ha participado en actividades de educación sexual en instituciones educativas colombianas en el último año. El tema tiene que sonar fuera de los pasillos de hospital y se puede empezar por lo básico: el uso del condón. 

Tobar explica que este anticonceptivo, de mayor uso masculino, no es un medicamento y por ende promover su uso y entrega en los servicios de salud, es remar en contra de la marea. “Nosotros ya sabemos que, por cada hombre, van cinco mujeres al servicio de salud. Si comenzamos a generar estrategias para promover el acceso y la entrega de los condones fuera de los hospitales, podemos crear un cambio de comportamiento importante”, afirma.

Uno de los proyectos en construcción desde la UNFPA es una aplicación para smartphones que busca promover el acceso a métodos anticonceptivos usando, por ejemplo, dispensadores de condones en colegios o en discotecas. “La verdad es que no hemos hecho una apuesta a la invención de nuevos métodos porque primero hay que crear el usuario, un ciudadano que esté involucrado, que decida cuidarse y cuidar a su pareja y segundo innovar en la tecnología”, cuenta Tobar.

Un mercado millonario que mueven las mujeres -y los productos que vienen-

En Colombia, al igual que en casi cualquier lugar del mundo, solo existen pocas opciones para la anticoncepción masculina: usar condones o realizarse una operación permanente conocida como la vasectomía. O interrumpir el coito, o eyacular por fuera. Por ende, son las mujeres las principales usuarias y el público objetivo de los métodos anticonceptivos. Ellas son las que hacen de este mercado farmacéutico uno de los más rentables en América Latina. En Colombia los anticonceptivos están entre los 10 productos farmacéuticos más vendidos, según la UNFPA.

“Hay interés de las farmaceúticas en innovar y fabricar nuevos métodos que generen menos trastornos, efectos colaterales y sean más fáciles de usar. Ahora, como se sabe que el hombre está menos sensibilizado y preocupado con la anticoncepción, la innovación siempre se orienta a donde hay más tasas de retornos; el mercado más fértil es el mercado femenino”, explica Federico Tobar.

Sin embargo, el que podría ser el nuevo anticonceptivo masculino ya está en etapa de prueba, a varios kilómetros de esta tierra. En San Francisco, la Fundación Parsemus se inventó un gel sintético, llamado Vasalgel, que se inyecta en el conducto por el que pasa el esperma y que actúa como filtro, impidiendo el paso de los espermatozoides. Lo han nombrado como “revolucionario” porque no es un método hormonal y es reversible, una novedad que los ha llevado, incluso, a tener más de 20.000 seguidores en sus cuenta de Facebook.

Para Linda Brent, directora ejecutiva de Parsemus Foundation, es necesario tener distintas opciones. “Realmente sentimos que los hombres, al igual que las mujeres, merecen tener la disponibilidad para controlar su propia reproducción. Es un derecho”, dice.

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Sin embargo, existen grandes preocupaciones al momento de invertir en la producción de anticonceptivos masculinos, como la responsabilidad de tratar a un paciente sano y la aceptación del producto. ¿Estarán dispuestos los hombres a usar nuevos métodos? Según esta investigadora con más de 30 años de experiencia, ese tipo de preguntas son las que generan desventajas, desde el punto de vista farmacéutico, teniendo en cuenta que básicamente están motivados por el lucro.

“Cuando piensas en productos médicos que vienen al mercado, piensas en esas grandes compañías farmacéuticas que tienen mucho dinero y enormes secciones de investigación y desarrollo que hacen este trabajo. Pero, básicamente, no han estado muy involucrados en la anticoncepción masculina. Tratan de reutilizar anticonceptivos para mujeres y, por supuesto, eso implica una situación para los hombres que no es de mucho interés”, explica.

Más allá de ofrecer una opción distinta para los hombres, esperan que Vasalgel también tenga beneficios para las mujeres y que, por ejemplo, ayude a reducir embarazos no deseado, una cifra que sigue siendo alarmante. Según la UNFPA, de cada 100 nacimientos, entre 20 y 25 son de madres menores de 19 años.

“Muchas mujeres no pueden tolerar los anticonceptivos hormonales, que son los que más existen. Varias de ellas, estaban muy entusiasmadas en que su pareja pudiera asumir el papel de usar anticonceptivos y eso las liberaría”, afirma Brent.

 La vasectomía no te hace menos hombre

En Colombia cada vez más hombres optan por hacerse la vasectomía, un procedimiento común en países de Europa y Australia. Solo el año pasado más de 15.000 hombres tomaron esta decisión, según afirma Profamilia. A pesar de la facilidad del procedimiento, para David Umbarila no fue sencillo tomar la decisión.

Tiene 36 años y fue papa a los 23. Aunque dice que siempre soñó con tener una familia de tres hijos, después del nacimiento de Alejandro, de 14 años y de Mariana de 6, tuvo que realizarse la operación definitiva. Su pareja y él no querían correr el riesgo de pasar nuevamente por un momento traumático: la pérdida de un embarazo de gemelos. Aunque está convencido de que no quiere tener más hijos cuenta que renunciar definitivamente a la posibilidad de la paternidad le tomó casi 10 meses.

“A mi edad es una decisión más clara porque involucra un mayor nivel de madurez. Les quita una responsabilidad inmensa a las mujeres y nos permite tomar una posición más activa en esa decisión. Pero la sociedad es muy machista y asumen que si te haces el procedimiento vas a dejar de ser hombre como antes”, cuenta David.

Este procedimiento es sencillo y no dura más una hora. David lo asimila al dolor de un balonazo. Pese a la facilidad para realizarla – ser mayor de edad y entender claramente que es un procedimiento permanente – aún existen bastantes mitos sobre la vasectomía.

“En las consultas, a ellos les interesa saber si hay algún tipo de efecto secundario, como pérdida de la potencia sexual o desempeño sexual y que no vaya a haber incremento en el riesgo de enfermedades metabólicas o cáncer”, explica Juan Carlos Vargas, asesor científico de Profamilia.

Vargas afirma que la participación masculina en anticoncepción, sobre todo con la vasectomía, ha incrementado en Colombia. “Yo creo que si en este momento apareciera un método temporal reversible masculino y seguro, si habría aceptación por parte de los varones”, comenta.

El reducido mundo de la anticoncepción masculina aún deja muchas preguntas y sólo un par de respuestas. A pesar de que las investigaciones para crear un método distinto al condón y a la vasectomía llevan años, la luz del túnel se ve bien lejos y aún existen muchas barreras que cruzar para que los hombres se preocupen más por su responsabilidad en la anticoncepción.