Con todos sus claroscuros, la región latinoamericana está repleta de historias que merecen ser contadas, investigadas y difundidas: esa es la premisa de jóvenes periodistas como Jennifer Ávila, cofundadora de Contra Corriente (Honduras) y Juanita Vélez, editora de La Silla Sur (Colombia), quienes se proponen ahondar un poco más en los temas de índole política, económica, social, cultural y ambiental de sus países.

Contra Corriente es un medio digital naciente que pone el foco en Honduras, un país azotado por la violencia producto del narcotráfico y los crímenes contra activistas y defensores del medio ambiente; La Silla Sur es la pata regional más reciente de La Silla Vacía, uno de los medios digitales más reconocidos del continente, y busca hacer reportería a profundidad al sur de Colombia, donde está parte de la guerrilla de las Farc en proceso de desmovilizarse.

Distintas Latitudes dialogó con Ávila y Vélez, quienes son parte de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, sobre el contexto en que nace cada sitio web. Ambas coinciden en que el desafío no es otro sino hacer un análisis más riguroso de lo que pasa día a día en las calles de Honduras y Colombia, que usualmente no se da en medios tradicionales

En Contra Corriente tenemos la necesidad de transmitir lo que es Honduras, un país que tiene una niebla densa encima que no deja ver lo que pasa”, explica Jennifer Ávila, quien también es documentalista y dirigió un largometraje producido por ERIC y Radio Progreso,  sobre la vida de Bertha Cáceres, ambientalista asesinada en 2016 en Honduras.

Por su parte, Juanita Vélez comenta que La Silla Sur “contará sobre las movidas de poder que se gestan en tres regiones olvidadas por los grandes medios colombianos: Huila, Caquetá y Putumayo, territorios que serán el termómetro para juzgar el éxito o fracaso del proceso de paz.”

Las particularidades de ambos proyectos es lo que los hace más interesantes. Por ejemplo, Contra Corriente piensa presentar sus investigaciones a través de nuevos recursos como el podcast o la ilustración, además de los tradicionales textos y videos. Esa decisión editorial se toma teniendo en cuenta que el público al cual apunta el sitio son jóvenes. Pero no sólo buscan entre la juventud a sus audiencias, sino a colaboradores, “jóvenes en vías de publicar sus trabajos, porque muchos sienten que un medio así hacía falta”, dice Ávila.

La Silla Sur, por su lado, se comprometió de inicio con sus usuarios en hablar sobre el asesinato de los líderes sociales en Caquetá desde que las Farc y el gobierno pactaron el cese bilateral en agosto de 2016. “Pensamos las historias desde esa lupa y por ahora prometemos a nuestros lectores y lectoras concentrarnos en eso”, desarrolla Juanita Vélez.

Todo emprendimiento periodístico necesita un equipo detrás que haga posible su funcionamiento, y eso ambas periodistas lo tienen en cuenta. Si bien son equipos pequeños, hay mucho talento. En el caso de Contra Corriente están, además de Jennifer Ávila, los periodistas Catherine Calderón y Jorge Andino y el tecnólogo Daniel Cotillas, del colectivo Nodo Común. La Silla Sur tiene a Juanita Vélez como su editora y a Jerson Ortiz, ambos comunicadores que han migrado hacia el sur de Colombia y en cada investigación le ponen “el pecho a las balas”.

Los lanzamientos de cada sitio ha corrido con estrategias distintas: Contra Corriente ha salido a la luz con un movimiento silencioso, casi subrepticio, pero ha logrado adhesión de jóvenes mujeres del país que quieren más y mejor periodismo. Mientras tanto, La Silla Sur se plantó con bombos y platillos y a cambio lograron una inmediata respuesta por parte de políticos y organizaciones locales.

Los desafíos más grandes para muchos de estos medios nacientes, además de animarse a dar el salto, tiene que ver con el financiamiento: en Contra Corriente piensan en un modelo de financiamiento equilibrado que no dependa de UNA empresa, o UN donante, pero aún no lo tienen definido del todo. Además, tienen que lidiar con “el silencio por parte de la sociedad, la cual está sometida a una violencia desmedida en Honduras.”

En La Silla Sur la dificultad principal radica en “conquistar una audiencia propia, que nos vean como un medio independiente.” De momento, el equipo tiene el apoyo económico de la Embajada Británica, que donó recursos para arrancar con esta nueva silla que promete ser un éxito.

Más allá de las distancias geográficas, otras cuestiones que separan a ambos emprendimientos, Contra Corriente es un medio que empieza desde cero y La Silla Sur surge en un sitio ya establecido. De todos modos sus objetivos y expectativas son las mismas: “convertirse a mediano plazo en la principal alternativa de información objetiva, de calidad y pertinente para las personas de la región y por qué no para el país”, dicen las periodistas.