Texto y fotografías: Luis Cáceres Álvarez

Distintas Latitudes entrevistó a Alejandro Neyra, nuevo director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). Escritor y diplomático. Formó parte del equipo peruano que negoció en La Haya la demanda marítima con Chile. Su más reciente trabajo fue ser agregado cultural de la embajada de Perú también en el vecino del sur.

El 2 de mayo inició sus actividades en la BNP. Cree que sin hábitos de lectura fuerte, el país no llegará a alcanzar el tren del desarrollo social. A un mes de iniciada su gestión, apunta a mantener las puertas abiertas de la institución para recibir el bicentenario con más peruanos que perciban a las bibliotecas como espacios públicos para la construcción colaborativa del conocimiento. Propuestas románticas para algunos, arriesgadas para otros. Una conversación sobre las bibliotecas en la era digital, como centros de innovación tecnológica, espacios de aprendizaje, trabajo e inclusión social y políticas culturales en el Perú.

Estamos a cuatro años del Bicentenario de la biblioteca, hay personas que señalan que aún no se democratiza la cultura de las letras en el Perú. ¿Qué les respondería?

La biblioteca es el espacio más abierto, inclusivo, que tiene toda la colección del patrimonio bibliográfico abierto para todos los peruanos. No hay espacio más democrático para la lectura que la biblioteca. Es cierto que no siempre la lectura, ya en otro nivel, es accesible. Como biblioteca lo que vemos es que hay una falencia en el sentido de que no llegamos, directamente, a la gente. No somos percibidos como un lugar atractivo para el público. Tenemos el espacio de San Borja que es en sentido estricto para investigadores, que no es un espacio que no esté abierto al público. Y tenemos la biblioteca pública de Lima que es el espacio, efectivamente, para toda la ciudadanía. Cualquiera puede ir, saca su carnet con su DNI; no hay ni siquiera que pagar. Tienes acceso a todas las colecciones de libros que hay. Lo cierto es que no todo el mundo puede ir a una biblioteca. Acercarse al espacio. Viajar. Hay pocas bibliotecas. Hay bibliotecas municipales, pero no necesariamente forman parte de una red.

Entonces, nosotros  si consideramos que falta mejorar una red de bibliotecas que permita a la gente saber, en primer lugar, a dónde acceder si desea leer. Porque el libro es accesible. El acceso sí se da tanto desde el Ministerio de Cultura, incluida la Biblioteca Nacional, como en el Ministerio de Educación con el Plan Lector. Hay esfuerzos para que el libro sea más accesible a la población. Igual pase lo que pase el avance tecnológico ya permite que la gente pueda acceder fácilmente a textos a través de sus dispositivos móviles.

Por lo cual, no hay ningún impedimento, ni físico ni tecnológico, de llegar a la lectura. Nosotros siempre tendremos la obligación de facilitarla, de colocar el libro a disposición de la ciudadanía de manera más sencilla.

Alejandro Neyra regresa a Perú cargando Chile a sus espaldas, ¿qué rescatar del espacio alrededor del libro en ese país?

El sistema nacional de bibliotecas públicas en Chile funciona demasiado bien. Un trabajo que empezó hace varios años.

Nosotros hemos empezado una biblioteca digital que avanza rápido, pero ellos tienen el proyecto “Memoria chilena” una década atrás. Debemos aprender de Chile, el entendimiento o la transformación de la biblioteca como un espacio abierto y amigable que genere interés al ciudadano. Estamos en deuda con el Perú. Hacer que las bibliotecas sean percibidas como un espacio en el que tú, yo o cualquiera pueda acercarse, efectivamente, a leer pero también a un lugar en el cual pasar el tiempo y juntarse con otros para compartir lecturas, compartir intereses, escuchar música, ver películas, etcétera. Eso falta en el país. Chile nos lleva ventaja, pero no es inalcanzable. Por el contrario, experiencias como las de Chile o Colombia, que son países vecinos, que están cerca, ayudan, probablemente, a cortar el tiempo que les tomó a ellos trabajar esa línea.

¿Cuál es el porcentaje de personas que accede a las bibliotecas en el país?

Menos del 5% de la gente va a las bibliotecas en el Perú. Conversando con el Ministerio de Cultura, hay cifras que están alrededor del 2%, dependiendo de qué se considera como biblioteca si son públicas, regionales, municipales, distritales, o también, escolares.

Somos 32 millones de peruanos y el 2% va a las bibliotecas…

Exacto. No es bueno. Hay mucho por hacer. Siendo optimistas, hay mucho trabajo para crear o poner, nuevamente, en el ojo del espacio público que la biblioteca es un espacio donde se puede acceder por cultura, no solo por libros.

Un gran reto es descentralizar la BNP. ¿Y cómo hacer masiva la concurrencia a este espacio cuando ahora predomina lo digital? 

Conversé con el embajador de Singapur, un país pequeño; sin embargo, mantiene una gran biblioteca pública. Y sus bibliotecas virtuales en los centros comerciales en los cuales tú puedes descargar un libro. Muchas veces no es necesario que exista el espacio físico si no que haya una biblioteca en el teléfono que es como funcionan muchas partes en el mundo, incluyendo la nuestra. Al ingresar a la BNP digital verás, por lo menos, el catálogo que ya está digitalizado.

¿Qué se ha digitalizado?

Hay más de un millón de documentos del fondo antiguo. Es un trabajo a revisar.

Antes del incendio del 10 de mayo en 1943, la Biblioteca Nacional en Lima junto con Ciudad de México y Río de Janeiro era considerada como una de las más importantes del continente. El fuego destruyó entre manuscritos e incunables. Actualmente, se calcula que la colección total de volúmenes en custodia ronda los 7 millones. Pero, ¿qué se ha recuperado?

Son 4 mil 100 documentos que forman parte, actualmente, de la exhibición “Memoria recuperada”. Lo que se ha hecho con esos documentos es ponerlos, básicamente, en formato libro, que sean posibles de acceder pero no significa que puedan ser usados como libros por decirlo de alguna manera. No todos pueden ser revisados. No puedes pasar la página en cada libro. Es un proyecto con varias etapas.

La segunda etapa es recuperar el libro en su formato físico y finalmente llegar a ser digitalizado en su gran mayoría. Esos documentos no, necesariamente, forman parte de ese proyecto especial.

El fondo antiguo, el fondo reservado o “La bóveda” como se le llama aquí comúnmente es donde están la colecciones más importantes de la biblioteca, incluyendo los libros desde los incunables que existen aquí, libros anteriores a 1600 en caso europeo y siglo XVII en caso peruano, que digamos aquellos que están en buenas condiciones están ya muchos en formato digital. Los que están, completamente, digitalizados son algunos pocos que forman parte de un programa que se llama “Memoria del mundo” que esperamos que estos libros quemados puedan forman parte aquel programa, los documentos más valiosos a nivel mundial. Y de esos, no tengo el número exacto ahora, pero todos están digitalizados. Son accesibles a través de nuestra plataforma y la de UNESCO.

En el 2013, Ollanta Humala promulgó la Ley 30034 –Ley de Sistema Nacional de Biblioteca–. Esta legislación se rige por los principios de “accesibilidad, calidad, enfoque al resultado, inclusión, cooperación y protección de los Derechos Humanos”. ¿Cómo descentralizar la BNP? ¿Cómo ingresar a las regiones? ¿Cómo sacar del aislamiento a los municipios? ¿Qué resultados concretos existen?

El sistema nacional nos da una gran responsabilidad que es ser el ente rector y coordinador de todas las bibliotecas del Perú. Eso no significa que todas las bibliotecas dependan del presupuesto, o del personal, o de nosotros. Lo que tenemos que buscar como biblioteca es la capacidad en brindar asistencia técnica, de tenerlas conectadas y la posibilidad de darles herramientas, directivas, pautas para que funcionen dentro de un orden y que respondan a una misma lógica en el país. Entonces, ese trabajo que es el que asumo con mayor responsabilidad porque sé que es el más difícil por hacerse.

Hay un libro de José Tamayo Herrera, Pasado y futuro de la Biblioteca Nacional del Perú (1991), quien fue director en los años ochenta, él ya tenía un plan para el sistema nacional de bibliotecas. Es, totalmente, admirable. Un error nuestro fue asumir que solo la dación de la Ley creaba por arte birlibirloque el sistema cuando lo que debemos hacer es trabajar para que cumpla realmente. Como resultado, hay cuatro centros coordinadores regionales, formalmente, designados.

Conviene subrayar que como biblioteca buscamos en cada región cuál es la biblioteca más apta para ser el Centro Coordinador Regional. En Arequipa es la Biblioteca Regional Vargas Llosa, en Piura es la Biblioteca Pública Municipal Ignacio Escudero, en Lima es la Biblioteca Pública, y en Ucayali es la Biblioteca Municipal de Pucallpa. Ahora, vamos a trabajar con dos más: Cusco y Ayacucho para un proyecto específico con una fundación colombiana.

¿Qué otros ejemplos tiene después de directores como Ricardo Palma, El Bibliotecario Mendigo, el escritor que pedía a diversas personalidades que donaran libros, o Jorge Basadre,  uno de los mayores historiadores de la República?

Claro, los grandes directores aquí han sido ellos por ser los “reconstructores” o “restauradores”. Los que hicieron que la biblioteca resurgiera de sus cenizas—literalmente— en ambos casos: después de la Guerra con Chile con Palma y después del incendio de 1943 con Basadre. Son grandes figuras. Es inevitable. Pero, a José Tamayo, el único director quechua hablante, no lo conozco personalmente. Iré a visitarlo pronto. Su libro sobre lo que pensaba debía ser la biblioteca no está en lo absoluto distante de lo que yo pienso debe ser.

¿Considera que su estilo debe ser más dinámico?

Sin duda. Cuando me ofrecieron el cargo, creo que parte del paquete estaba entendido que era alguien, decididamente, más joven y más ejecutivo, comparando con lo que se esperaba de quien era designado a la biblioteca. Es un honor, un privilegio y una responsabilidad, a pesar de renunciar a varios puntos: la familia y un puesto diplomático. Pero, sí feliz. Mi deseo máximo sería estar en varios lugares al mismo tiempo.

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Neyra sentado frente al retrato de Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), escritor e historiador peruano de ascendencia inca y española. Conocido como “príncipe de los escritores del Nuevo Mundo”

Antes de la designación como director de la BNP, ¿cuál era su relación con esta entidad?

Fui usuario cuando era estudiante. Pero, lejana. Volviendo al tema considero que el problema general de la biblioteca en el Perú es no ser un espacio cercano. En otras palabras, hay mayor movimiento con el cine o las películas peruanas. No el libro peruano y menos la biblioteca. Nadie piensa en la biblioteca de tu distrito, probablemente, como un espacio a donde ir. Quizás si vives en Miraflores o en San Isidro. Es curioso, este espacio que en otros países funciona como un lugar aglutinador, de esparcimiento, convocante, amigable. Aquí no. Eso debe cambiar. Es parte de mi visión, de lo que yo pienso que son las bibliotecas y de lo que quiero que sea esta.

¿Qué convenios existen con otros países?

Tenemos uno con la biblioteca de Medellín. Lo que he pedido a la gente de Cooperación no es obtener recursos sino de dónde podemos aprender, cómo gestionar el conocimiento. Debe cambiarse la idea de biblioteca como repositorio de libros a un lugar donde se genera conocimiento. Si no somos capaces de entender eso, no vamos a ser capaces de cambiar la mentalidad sobre la institución.

El Ministerio de Cultura debería apoyar a mantener ese pensamiento constantemente…   

Sí, sí, sí. Es parte del trabajo. Y parte de estar mejor integrado con la gente del propio Ministerio. En una reunión con el equipo del Gran Teatro Nacional salieron comentarios de cómo hacer para convertirlos en “espacios públicos reales” atractivos para la gente. Pasan miles de personas por la estación de metro La Cultura y ¿qué hacer? Si yo le ofrezco a alguien que está esperando en la estación entre una hora u hora y media sin hacer nada, gastándose sus datos, Wi-Fi por el cual le doy un libro gratis, probablemente, lo lea. Y si le digo, sabes que ven porque habrá una película gratis a tal hora. En vez de hacer hígado, igual llegarás tarde a tu casa, pero por lo menos anda a tu casa relajado después de una función. Es cuestión de ponerle imaginación, de ganas, de esfuerzo. La gente, finalmente, va a entender que la biblioteca puede ofrecer algo.

La falta de hábito de lectura es un problema complejo, ¿qué es lo distinto que propone su gestión después de la digitalización y de abrir las puertas? ¿Qué más?

No somos, en ese sentido, los responsables de la política pero no es que huyamos de la responsabilidad sino que debemos coordinar con el Ministerio de Cultura, con la Dirección del Libro y la Lectura. Y con el Ministerio de Educación  (Minedu), también con la Casa de la Literatura que es parte de esta. Tendremos una reunión pronto para definir bien que hacer juntos porque en realidad cada uno muchas veces va por su lado. Será bueno para marcar una agenda y ver cómo nos repartimos, de cuál es el rol de cada uno, yo me tengo que preocupar más por los espacios de acceso al libro.

La dirección del libro es la que promueve políticas para acceder. Se está trabajando en un plan y una política del libro ahora mismo. Y la nueva Ley del Libro debería aprobarse el próximo año. La biblioteca  participa en el grupo de trabajo. Pero, yo no me quiero quedar ni en las leyes, ni en la política. Hay que medir. Necesitamos un plan estratégico: indicadores concretos con los que trabajar. Es fundamental saber, exactamente, cuánta gente accede a la biblioteca. Si en cuatro años a mí me dicen que es el 2%, me voy a mi casa. No tengo nada que hacer aquí. Porque si no he podido crear una red de bibliotecas, si no he podido convencer por todos lados a la gente que es importante conservar el patrimonio bibliográfico pero sobre todo ponerlo a disposición del ciudadano: digital, físico, como quieras.

El plazo razonable de tiempo para todas las secciones culturales es el bicentenario. Ese es nuestro horizonte. Si no llegamos a hacer eso juntos con el Ministerio de Cultura y con el Ministerio de Educación, que haya mejor comprensión lectora, que la gente tenga interés por la lectura, de nuevo, será difícil que continúe un reto para lo cual no me sentiré capaz. Yo asumo esto con interés, responsabilidad y con mucho entusiasmo. Pero, sé que mi entusiasmo solo no alcanza. Hay que trabajar y espero que en tres o cuatro años tengamos indicadores que permitan darnos la satisfacción de decir: “mira, la Biblioteca Nacional ya tiene un mejor acceso. Es un espacio público, la gente por lo menos pasa y sabe que existe. Y lo mismo en las regiones”.

Y terminar de una vez con la frase que el “Ministerio de Cultura es la cenicienta de cada gobierno y que la Biblioteca es la cenicienta de la cenicienta”…

Sí, por supuesto. Cuando hay un horizonte claro de lo que se quiere con este planeamiento estratégico, sabremos mejor cómo hacer que el ciudadano perciba a la biblioteca algo realmente cercana, amigable y confiable.

En el artículo 7 de la Ley 30034 Ley de Sistema Nacional de Bibliotecasse señala la creación de los Institutos técnicos de bibliotecología y ciencias de la información que están ligados al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Educación (Minedu), ¿cómo está dicha situación?

Está en proyecto en el Minedu la creación del Instituto Técnico de Bibliotecología “Jorge Basadre”. Hay un proyecto de largo aliento con la recuperación de un espacio de la Biblioteca Pública de Lima para formar técnicos en bibliotecología. Ya me reuní con el Colegio de Bibliotecólogos. Bueno, la bibliotecología no es la disciplina más requerida ni la más “sexy” por decirlo de alguna manera.

En el Perú, la gente piensa que el bibliotecólogo es un “ratoncito” de biblioteca que está detrás de un escaparate y que solo te puede pasar un libro y colocarle un numerito. ¡No! El bibliotecólogo es alguien que gestiona el conocimiento. Si tú le preguntas por algo es capaz de decirte dónde encontrar la información que tú quieres, de darte herramientas, de darte posibilidades.

Necesitamos crear técnicos en bibliotecología porque permite que más gente acceda a tener acceso a esta formación. Al final es técnico humanística, pero sobre todo abierto a la atención y servicio al ciudadano. Entonces, lo que me decían ellos es que solo hay dos universidades en Lima que enseñan bibliotecología. Claro, no va a haber suficiente oferta laboral para los bibliotecólogos. Lo que hay que hacer es de qué manera otras universidades del interior del país también se interesen por esta carrera técnica. Pero, con un nuevo paradigma de lo que es la bibliotecología. No solo catalogas, ordenas, fichas y entregas. Gestionas el conocimiento. Hay mucho por hacer.

A parte de reforzar la vigilancia para evitar el robo de libros, ¿qué otros problemas debe enfrentar?

Hay un sistema de vigilancia que funciona 24 horas todos los días en diferentes salas, especialmente, en las salas donde está el material más valioso y ese es un legado de Ramón Mujica. Le dije un día: “Con todo lo que hay, con lo que has hecho con la seguridad es imposible que se roben un libro”. Me respondió: “Nunca digas que es imposible. Puedes decir que es casi imposible”. No obstante, se ha mejorado muchísimo. Igual hay que reforzar ciertos puntos: seguridad interna, protocolos de seguridad, pero por lo menos, en este local donde está el patrimonio bibliográfico más valioso está muy bien protegido.

De las más de 450 Bibliotecas Públicas que existen en Chile, hay seis que tienen el rango de Biblioteca Pública Regional. Estas poseen un alto estándar y se constituyen como potentes centros culturales en sus respectivas regiones. ¿Qué ocurre con el caso peruano? ¿Cuántas tenemos?

Hay más de 1800 distritos. Las cifras que tenemos son casi 900 bibliotecas públicas entre provinciales y distritales.

En Lima tenemos cinco bibliotecas periféricas: La Victoria, Breña, Rímac, El Agustino y Comas. Son pequeñas, sobre todo para el público infantil, escolar, adolescente, que está en la zona. Esto genera comunidad. Nuestra responsabilidad es mejorar la infraestructura porque siempre se puede, la seguridad y darle más apoyo, entusiasmo y respaldo a la gente que trabaja ahí. Me he prometido ir a una los lunes para ver cómo están.

Para mí, es imposible soñar que cada pueblo del Perú tenga una biblioteca. Pero, pienso siempre en el acceso y la democratización del libro. No lo vamos a hacer si solo nos enfocamos en Lima, San Borja, Miraflores y San Isidro. Parte de mi trabajo es conocer las dificultades en la vivencia. Quiero ir a las regiones para saber cómo están también. Mi próxima visita será a la ciudad de Huancayo. Después, quiero ir a Ayacucho y Piura.

Mientras tú tengas una biblioteca cerca y la percibas como realmente cercana, que no te de miedo, habrás crecido y abierto tu mente a muchas cosas más. Eso nos dará identidad. Los peruanos no somos los limeños.

¿Cómo quisiera ser recordado Alejandro Neyra?

Como el director de bibliotecas que permitió acercar el libro a la gente.