El 26 de junio se inauguró la Copa Mundial FIFA de mujeres en Alemania. Uno de los objetivos de esta copa ha sido promover el deporte y lograr que se convierta en una actividad “prime time”, sobre todo en América Latina y Europa donde el futbol es cosa de hombres. Me sorprendió escuchar cuando comenzaba la Copa, en una mesa de amigos que “qué valientes mujeres que juegan ese juego tan rudo” y otro con sarcasmo me dijo “las mexicanas entrenarán en Heidelberg, por qué no vas a verlas, nomás que aguas ¿eh?” Ah, el estereotipo. Obvio, si juegas futbol has de ser muy macho, y si eres macho y resultas ser del sexo femenino necesariamente eres lesbiana, y si eres lesbiana necesariamente te gustan todas las mujeres: todas.

Mientras reviso este texto, Genaro Lozano publica en su blog un texto parecido criticando el grito de “puto” por la afición mexicana a los equipos contrarios. En su texto me llama la atención que Genaro se refiere precisamente a este estereotipo, los niños deben jugar futbol, mientras que las niñas no. El que no juega futbol es afeminado, el que es afeminado es puto, ser puto es malo.

Así pues la dicotomía futbol -> macho/ antifutbol ->mujer se refuerza gracias a la publicidad que se mete hasta nuestras casas cada vez que hay un torneo, llámese Copa del Mundo, Copa América, Eurocopa, Champions League o aunque se trate de las ligas nacionales. Siempre veremos en la publicidad – de lo que sea- a un grupo de hombres tomando cervezas, comiendo papas fritas, viendo la TV y un grupo de mujeres frustradas porque ellos no les hacen caso, por más que se arreglen (¡!) Evidentemente la publicidad que ha promovido este tipo de enfrentamiento entre sexos ahora no sabe cómo hacer para que la gente vea el futbol femenil. Claro, porque ver correr a 22 tras un balón es cosa de hombres… siempre y cuando no juegue Italia, porque ah, claro, las mujeres vemos el futbol sólo -tan sólo- por ver a los jugadores guapos. Como si las mujeres no pudieramos disfrutar de un deporte sin fijarnos en la galanura o no de los deportistas. –Ah, ya, es que se supone que todo el tiempo estamos en búsqueda de marido.

Pues resulta que el campeonato femenil ha logrado, un poco, romper estos estereotipos. El sábado pasado fuimos a ver el partido de cuartos de final de Alemania contra Japón y me sorprendió mucho ver el bar lleno y encontrarme dos o tres mesas de mujeres de más de 50 años (el estereotipo de la mujer que se hace llamar “viuda del futbol” que aprovecha que los maridos ven el juego para ir de compras con las amigas) y una de hombres de la misma generación (el estereotipo del hombre macho que “qué de serio pueden encontrar en 22 jovencitas pateando un balón” – más allá de unas bonitas piernas -). Señores y señoras convivieron –por casualidad- en mesas contiguas, los dos grupos gritaban, abucheaban y quedaron pasmados cuando la japonesa anotó el gol que dejaba a las alemanas fuera de combate. Chicas con la cara pintada lloraron. Había más mujeres con las camisetas de la selección alemana, los chicos no se veían tan entusiasmados, al parecer más bien acompañaban a las amigas y novias a ver el partido de mujeres.  De mujeres.

Lo digo así porque los estereotipos que priman en el futbol son de lo más difícil de desterrar y es por donde pienso que debería comenzarse para lograr realmente equidad de género y respeto por la diversidad sexual. No porque el futbol sea la panacea para la diversidad, pero sí es un deporte donde los estereotipos de género se encuentran profundamente arraigados… y también es un deporte seguido por millones en todo el mundo.

Al comenzar la Copa FIFA se publicó la noticia acerca de las declaraciones homofóbicas de la entrenadora de Nigeria, Eucharia Uche, quien dijo que quería desterrar la homosexualidad de su equipo por ser un “asunto sucio” y algo “moralmente muy malo”. Rápidamente corrieron a buscar firmas sendas cartas de repudio a estas declaraciones, apoyadas por asociaciones de derechos humanos y de la comunidad LGBTI. Afortunadamente la FIFA criticó las declaraciones de Uche. Tatjana Haenni, la directora de las competencias femeniles de FIFA, dijo en la TV alemana que “FIFA está totalmente en contra de todas las formas de discriminación.” Sin embargo, se echa de menos una iniciativa como la dedicada desde 2002 a combatir el racismo en el futbol. Quienes ven los partidos seguramente recordarán la bandera amarilla y azul que aparece siempre al principio, y las declaraciones que se han leído antes de los juegos con motivo de conmemoraciones o actos reprochables de discriminación en otros partidos.  Hasta ahora, la FIFA no ha hecho aún nada por combatir la homofobia tan presente en este deporte.

Según una nota en The Daily Beast, un desfile organizado por la FIFA con motivo del Mundial Femenil estuvo “a punto” de marchar este julio junto al Gay Pride en la Puerta de Brandenburgo en Berlín. Ya había un acuerdo para apoyarse mutuamente, lo que hubiera sido un mensaje muy poderoso contra la homofobia. Sin embargo, la FIFA no desfiló, pero tampoco emitió ningún mensaje además de la declaración de Haenni en la televisión.

A finales del año pasado el seleccionado alemán, Mario Gómez, se pronunció a favor del “outing” en el futbol de jugadores homosexuales, “ser gay no debe ser más un tabú [en el futbol].” Hace apenas unos meses, el capitán de la Mannschaft, Philipp Lahm, dijo en una entrevista a la revista Playboy que los jugadores no podrían con la presión que sobrevendría al hacer pública su homosexualidad. Lo mismo advirtió Tim Wiese del Werder Bremen. La DFB (siglas en alemán de la Federación Alemana de Futbol) dijo que no ignora los problemas que acompañarían una decisión de este tipo, a pesar de hacer campañas contra la homofobia en el futbol y haber declarado que apoyaría a cualquier jugador gay. “El primer homosexual que ‘salga del clóset’ en el futbol profesional no la tendrá fácil, he pensado que no sería el caso como en la política, el arte y la cultura, donde actualmente no es un problema. Inclusive en el futbol amateur se trata mejor esta cuestión, pero el futbol profesional es, al parecer,  mucho más conservador en sus formas” –dijo Theo Zwanziger, presidente de la DFB.

La revista alemana Cícero publicó en noviembre pasado un artículo donde se plantea la cuestión de una forma que me parece interesante. Wolfram Eilenberger habla sobre el papel de los jugadores profesionales de futbol como “role model” o modelos a seguir. Nos recuerda el machismo que permea al futbol, “el niño que en el patio de la escuela se niega a jugarlo, es tachado de ‘maricón’; el niño que parece/es gay, no puede jugar futbol. Cualquier aversión al futbol es inmediatamente ‘cosa de niñas’, no se es hombre sino te gusta el fubol” (sobre esto, ver de nuevo la nota de Genaro Lozano a que arriba me refiero). Pero, nos dice, esto no es sólo un problema en las escuelas, pues en los clubes de fans la palabra gay o ‘maricón’ – o puto en México – se utiliza para referirse a “todo aquello que no es como debería ser”. Así, la camiseta del equipo contrario es una ‘camiseta de maricones’, el árbitro que favorece al contrario es un ‘maricón’, en fin. “El fenómeno es tan global como el futbol mismo, la homofobia es una parte inherente del futbol y su cultura”. Por eso, dice, en el caso de que algún futbolista se atreviera a ‘salir del clóset’, sería indispensable el apoyo y las campañas antidiscriminación de la DFB, UEFA y FIFA, igual que se ha hecho con la discriminación racial. Antes, dice el autor, los insultos a los jugadores de color y a los turcos eran parte del juego y una regla en ciertas aficiones, y hoy están (casi) erradicados de los estadios.  La verdad es que los equipos profesionales, estadísticamente hablando, tienen jugadores homosexuales, igual que los hay entre los aficionados y los clubes de fans. Si se rompiera finalmente el tabú, se podría llegar a una aceptación de la homosexualidad sin vergüenza. Y esto es válido también en los patios de las escuelas, en las canchas públicas municipales y, por supuesto, en los equipos femeniles. En seguida, Eilenberger se pregunta, ¿qué podría provocar en la conciencia de un niño de 9 años, enterarse de que su ídolo –de quien porta con orgullo su camiseta- es gay?

Considero que el efecto del ‘outing’ de jugadores profesionales de futbol se vería reflejado de manera positiva en las estadísticas de bullying por homofobia en contra de niños y adolescentes. El autor hace un llamado entre líneas a la selección alemana, que durante el mundial de 2010 se caracterizó por ser abierta, tolerante, diversa y multicultural y que fue catalogada como “el futbol del futuro”, a apostar en convertirse en una selección respetuosa de la homosexualidad. “Sería un acontecimiento de relevancia mundial, pero, como he dicho, se requiere un gran valor y fuerza de voluntad”.

Ha sido muy criticada la elección de Catar como sede de la Copa –masculina- en 2022, pues en ese país la homosexualidad es ilegal, Sepp Blatter respondió a las críticas con un cínico “pues que se cuiden de no tener relaciones sexuales”. Declaración por la que después tuvo que pedir disculpas. Algo contradictoria su declaración con la política antidiscriminación de FIFA, ¿no?. La realidad es que FIFA tiene 10 años para lanzar una campaña anti homofobia. Quizá es mucho pedir, pero quizá para entonces las niñas y los niños tengan ídol@s en el futbol, hombres o mujeres, sin que su orientación sexual sea un tema.