Por la cobertura de historias sobre las personas LGBTI en América Latina, el costarricense Diego Pérez Damasco obtuvo  el reconocimiento como “Periodista con mejor enfoque” en la tercera edición de los Pride Awards.

Texto: Xochiketzalli Rosas desde México.

Silencio. Ese todo y esa nada que es el silencio debe acaparar su alrededor para que el periodista costarricense Diego Pérez Damasco pueda escribir sus textos. Definitivamente no puede plasmar una historia en la hoja en blanco, si está escuchando música, ni siquiera instrumental. Cuando escribe necesita silencio.

Quizá este joven de 24 años necesita el orden para, a su vez, ordenar el rompecabezas de sus historias. Su formación académica también le ha dado las armas. Primero unos semestres de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica (UCR), que abandonó porque no era lo suyo; después, su licenciatura en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas (UIA), en San José, Costa Rica. Y ahora la maestría en Comunicación y Desarrollo también en la UCR, donde está desarrollando su tesis sobre la calidad del periodismo digital costarricense.

Por eso, Diego puede escribir sobre cualquier tema que esté relacionado con los Derechos Humanos: las migraciones, los refugiados, pero siempre en el contexto Centroamericano. Además de que en meses recientes se ha vuelto en un amante de los datos, los cuales lo han llevado también a escribir sobre temas económicos y de comercio, entre otros. Sin embargo, su tema recurrente ha sido el movimiento LGBTI en su país y en toda América Latina.

Así lo ha plasmado en las diversas radiografías de la situación de los derechos de la población LGBTI en Latinoamérica que ha publicado en Distintas Latitudes (http://distintaslatitudes.net/tag/lgbti). Diego Pérez Damasco formó parte de la Primera Generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas de esta plataforma, para después convertirse en editor y reportero.

Precisamente formar parte de Distintas Latitudes, dice el joven costarricense en entrevista, le permitió conocer a otros colegas más experimentados, lo que cambió mucho su  perspectiva sobre las fronteras (tanto nacionales como disciplinarias) en el ejercicio periodístico. Y ahí es donde él ha encontrado la diversidad de perspectivas y de historias para contar las propias; las de las personas LGBTI, las cuales lo llevaron a recibir el reconocimiento como “Periodista con mejor enfoque” en la tercera edición de los Pride Awards.

Este galardón se entrega por tercer año consecutivo en Costa Rica con el propósito de reconocer el trabajo artístico y de lucha de la población LGBTI; siempre en el mes de junio, previo a la Marcha de la Diversidad.

Diego se había enterado apenas la semana pasada de su nominación a tal distinción: “Supe que varias personas del Frente por los Derechos Igualitarios (FDI), la agrupación de organizaciones y activistas LGBTI más grande de Costa Rica, estaban proponiendo mi nombre para el reconocimiento de los Pride Awards”, narra Pérez Damasco en entrevista con Distintas Latitudes.

—¿Qué representó para ti haber sido reconocido de esta manera? —le preguntamos vía correo electrónico.

—Me da mucha alegría, porque significa que hay personas que respaldan mi trabajo, mis estándares éticos y mi corta trayectoria. El sentir esa visibilidad de mi trabajo y ese aprecio por lo que he hecho hasta ahora es sumamente gratificante. Y además, me compromete a seguir por este camino. El solo saber que tantas personas, algunas de ellas con las que no tengo ni tanta cercanía, conocían mi trabajo, lo respetaban y sentían que estaba aportando a una sociedad más inclusiva, fue grandioso.

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La entrega de los Pride Awards, el primer años, se llevó a cabo en un pequeño teatro; luego en un cine histórico de la capital (el Cine Magaly), y este año se realizaron en el Hotel San José Palacio.

El interés de Pérez Damasco por los temas LGBTI ha existido desde siempre. Pues desde que estaba en la universidad él descubrió que quería usar su voz para contar historias de una población a la que pertenece. De hecho, muchos de sus trabajos durante sus tiempos de estudiante fueron sobre temática LGBTI; así empezó a conocer a muchos activistas en Costa Rica. Su primera tesis fue sobre acciones del movimiento LGBTI en el país.

Diego considera que mucho ha cambiado desde entonces. “Cuando yo trabajaba estos temas en la universidad, todavía los medios de comunicación nacionales los tocaban con mucho morbo y exotismo. Aunque en cierta medida sigue siendo así, la fuerza con la que ha crecido el movimiento hace que el discurso público que se maneja sobre él no pueda ignorar su arista política, beligerante, y de exigencia de igualdad sobre una base mínima de respeto a los derechos humanos”, comenta el joven periodista.

—Después de las diferentes radiografías que has publicado en Distintas Latitudes sobre la situación de los Derechos Humanos de las personas LGBTI, ¿cómo ves el panorama en la región?

—En América Latina el panorama en derechos de la población LGBTI es muy desigual, por lo que he podido ver hasta ahora. No solo entre países, sino también a lo interno de los mismos territorios nacionales. Mientras tenemos países que ya tienen aprobados el matrimonio igualitario (como Uruguay, Argentina y Brasil) y las leyes de identidad de género (como Bolivia), hay otros donde la urgencia es que dejen de matarnos, como pasa en el Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala). Pero dentro de los mismos países en donde ha habido avances legales significativos, la desigualdad suele ser grande. Brasil tiene un amplio margen ganado en igualdad legal, pero es también el país con mayor cantidad de crímenes de odio contra personas LGBTI. En Costa Rica, ha habido importantes avances hacia el reconocimiento de algunos derechos de las parejas del mismo sexo y de las personas trans, pero aún hay un mundo de diferencia entre lo que se vive en San José, la ciudad capital, y las áreas rurales del país. Sin lugar a dudas, el componente cultural del machismo y las actitudes patriarcales es lo que une a América Latina en cuanto a la dificultad para que el avance de los derechos de las personas LGBTI sea más rápido.

—¿Cómo piensas o planeas tus temas al respecto? Es decir, ¿cómo aportar desde el periodismo a estos temas y no revictimizar o estereotipar a las personas LGBTI? Precisamente luego de ganar un premio que resalta tu talento para los enfoques de los temas

—Ese es un reto muy grande, y uno en el que suelen salir mal librados hasta periodistas que son personas LGBTI, pero que no se están cuestionando la forma en la que cubre los temas de la población.  En primer lugar, creo que hay que ser muy críticos con el famoso discurso de la objetividad y el fairness en el periodismo. Muchas veces, al cubrir temas relacionados con personas LGBTI o la lucha por la igualdad de derechos, los medios suelen entrevistar a un activista, y luego a un sacerdote, pastor, o cualquier líder religioso que se oponga. Es casi lo mismo que dar la voz a un activista por los derechos de las personas afrodescendientes, y luego ponerle el micrófono, en igualdad de condiciones, a un racista. Esto solo contribuye a seguir fomentando y distribuyendo discursos de odio. Esto no es objetividad. Al cubrir los temas LGBTI debe primar la perspectiva de derechos humanos y la perspectiva de género. En mi opinión, esto debería ser la norma en cualquier producción periodística que quiera ser considerada de calidad. Hace falta formación sobre derechos humanos en las redacciones. Entender que todas las personas deben ser iguales ante la ley. Que una persona tiene el absoluto derecho de ser reconocida por el nombre y el género con el cual se identifica. Si te dijo que es mujer, como periodista no tenés el derecho a tratarla en masculino en tu texto. Son cosas muy básicas en las que se está fallando y atentando contra los derechos todos los días, desde los medios. Por otro lado, también es importante entender que no existe una “comunidad” LGBTI, aunque a veces se use esa palabra como eufemismo. Existen personas, poblaciones, organizaciones, con visiones de mundo y agendas a veces muy distintas y hasta discordantes.

—¿Ahora qué más te falta o quisieras hacer?

—Siento que el camino de los temas LGBTI me llevó a los temas de Derechos Humanos, y de ahí pasé al tema de la calidad en el ejercicio periodístico. Siento que todos estos temas están atados: no puede haber buen periodismo, sin perspectiva de derechos humanos, ni periodismo sobre temas LGBTI sin comprensión sobre esta perspectiva. Desde un enfoque más académico ahora quiero estudiar la calidad del periodismo.

Este joven, que en septiembre próximo llegará al quinto lustro de vida, también ama la ciencia ficción ya sea en formato libro, serie de televisión o película; incluso le gusta escribirla, aunque, dice, cuando traza sus cuentos termina explorando más la evolución psicológica de los personajes que la ciencia ficción en sí.

Y sobre su tema favorito precisa: “como periodistas siempre debemos acercarnos a las causas con cautela. Pero cuando la causa es justicia, es retribución, es un cuestionamiento a un orden establecido abusivo y que violenta a las personas, el periodismo no debería tener de dudas sobre dónde posicionarse”.