Daniel Zamudio es quien aparece en la imagen aquí a la derecha. Joven de 24 años, homosexual, fue brutalmente golpeado y torturado el pasado 3 de marzo de 2012, presuntamente, por un grupo de jóvenes con antecedentes de xenofobia y supuestamente neonazis. Pasó más de 20 días internado en la Posta Central, donde sufre un paro cardiorrespiratorio. Finalmente, muere el 27 de marzo, según la autopsia, debido a la golpiza recibida.

Para entender el efecto de este hecho en la sociedad chilena, es necesario comprender cómo se ha relacionado ésta con la diversidad sexual.

La sociedad chilena se puede caracterizar, a partir de investigaciones y entrevistas con organizaciones que defienden la diversidad sexual, como una sociedad muy conservadora (tradicionalista), basada moralmente en una oligarquía profundamente cristiana y discriminadora hacia a la variedad de orientaciones sexuales. Efectivamente existió en Chile, hasta 1999, una penalización a la sodomía (penetración anal entre hombres), aún cuando ésta fuera consensuada entre dos hombres adultos. Si bien no era una ley explícita contra la homosexualidad, al sancionar las prácticas homosexuales sí se puede considerar como una penalización a la homosexualidad.

Ello se hace evidente en los ámbitos político (no hay homosexuales dentro de nuestro sistema político formal), social (no se pueden casar, no pueden adoptar hijos, etc.) y laboral (deben ocultar su orientación para no sufrir discriminación), por mencionar sólo algunos. Dicha impronta conservadora afecta incluso la innovación y el emprendimiento empresarial. Como ejemplo podemos mencionar las razones que dio Arnon Kohavi, inversionista israelí, en 2011 para no invertir en Chile. Kohavi buscaba generar un fondo para inversiones en tecnología chilena. Sin embargo, abandonó el país denunciando que en la elite chilena predominaban los grupos conservadores católicos como el Opus Dei, lo cual favorecía el conservadurismo y tradicionalismo imperante, siendo estos elementos el mayor obstáculo para la movilidad social y el desarrollo económico.

Otro ejemplo del conservadurismo imperante lo constituye la carta que envió el conjunto de iglesias cristianas (protestantes) pidiendo a los parlamentarios no aprobar el matrimonio para todo tipo de parejas. En dicha carta expusieron lo siguiente:

Considerando que más de un 85 % de la comunidad nacional se declara de convicciones cristianas, invitamos a nuestras autoridades y legisladores a una seria reflexión acerca de las consecuencias que legislaciones como las señaladas pueden importar para el futuro de Chile. […]. Tampoco quisiéramos que, en virtud de este pretexto, se llegue a permitir el matrimonio y la adopción de niños y jóvenes por personas del mismo sexo unidas legalmente

Cabe mencionar, en honor a la verdad, que no todas las iglesias firmaron este documento. La Iglesia Evangélica Luterana no lo hizo, como también cabe destacar que dentro de las iglesias que firmaron esta carta, existen sectores que defienden la diversidad sexual.

Pero, a pesar de lo anterior, la muerte de Daniel Zamudio permitió constatar un naciente cambio de mentalidad sobre el respeto a la diversidad sexual. Muchos fueron los que condenaron el ataque y que exigieron justicia. Por primera vez en mucho tiempo, gran parte de la sociedad chilena repudió públicamente que se atacara a una persona debido a su orientación sexual. No es posible plantear que a partir de este hecho específico haya cambiado todo el pensamiento, pero este episodio sí visibilizó el problema de la discriminación en Chile. El ataque y la muerte de Daniel masificaron e hicieron evidente que, más allá de la tradicionalidad y conservadurismo propio de las elites de este país, en Chile sí existe, desde hace largos años, una mentalidad en donde la sexualidad es un tema privado, por lo que  no corresponde que la orientación sexual sea juzgada por el resto de la sociedad y menos que se ataque a alguien por esta razón. Lo que cambió con Zamudio fue la visibilidad y masificación que logró, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, el problema de la discriminación por orientación sexual en Chile

Una consecuencia directa del ataque a Daniel fue la aceleración que tuvo el proyecto de ley de antidiscriminación, el cual había estado atascado alrededor de 5 años en el Congreso. El propio gobierno puso énfasis en la necesidad de su aprobación, forzado por una sociedad que pedía resguardos y penas mayores contra quienes discriminaran y atacaran.

Entonces, ¿qué pasó?

Pasó que la inclusión inconsciente de la homosexualidad, a través de la televisión y la globalización, y un aumento de su presencia en la esfera pública, abrieron los caminos a una mayor inclusión de este grupo, siendo considerados como una parte importante de la sociedad. No es menor que en la campaña presidencial del año 2009, uno de los temas más debatidos (y una de las promesas del actual presidente) fueran leyes a favor del respeto a la diversidad sexual.

La preocupación por el asesinato de Zamudio y la presión de la opinión pública por encontrar a los agresores y condenarlos fue altísima; más todavía lo fue la presión de organizaciones en pro de la diversidad sexual, quienes encontraron un espacio y una sociedad dispuesta a escucharlos. Y ocurrió la reanudación de la discusión sobre una Ley de Antidiscriminación (inexistente hasta este año), que tanto gobierno como partidos políticos se vieron empujados a tomar el tema y legislar al respecto. Se hizo latente la necesidad, a nivel de la población común y corriente, de hacer un cambio significativo en cuanto a la discriminación en general y, en especial, la discriminación sexual.

No faltaron los sectores que no querían hacer cambios. Como ejemplo podemos mencionar los políticos de la derecha más conservadora y cristiana, como la UDI (Unión Democrática Independiente) y RN (Renovación Nacional), ambos partidos componentes de la actual coalición gobernante, y también las ya mencionadas iglesias cristianas. Por ejemplo, Jorge Reyes, abogado de tendencia UDI que trabaja en el Ministerio de Salud como coordinador de la Red Por la Vida y la Familia, se mostraba absolutamente molesto porque, a su juicio, Daniel Zamudio estaba siendo erigido como mártir de la lucha por los derechos de las minorías sexuales. Por esto, en un verdadero ataque moral, planteó:

 “creo yo que si la sociedad conociera la realidad de la vida de este niño, uno empezaría a entender que hay conductas que hoy día la sociedad parece tan cercana a ellas, (pero) tendría una opinión distinta”

Lo anterior hace referencia al estado etílico en el que se encontraba Daniel al momento de la golpiza y a que supuestamente, por ser homosexual, su familia lo había echado de su casa. Por su parte, parlamentarios de la UDI y RN coincidieron en que las críticas que se les hicieron por rechazar la Ley Antidiscriminación no eran correctas. Argumentaron que era “una canallada de quienes han pretendido vincular un hecho como el que le hicieron al joven Zamudio, con la votación en particular de un proyecto de ley” (G. Uriarte, senador UDI), intentando desligar la muerte de Zamudio de la aprobación del proyecto de ley. Además, el jefe de la bancada UDI, Felipe Ward, recalcó que esta ley podría abrir las opciones a la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales, tema que su partido rechaza tajantemente.

Sin embargo, fue tanta la presión ejercida por la sociedad hacia los parlamentarios, que los sectores políticos tuvieron que apoyar los cambios legislativos. Se aprobó así la Ley Antidiscriminación. También la presión ejercida por la sociedad exigiendo un pronunciamiento de la Iglesia Católica en el tema, produjo que ésta finalmente terminara pidiendo justicia para este caso, al apuntar que:

 “La partida de Daniel se produce en circunstancias tan dolorosas y repudiables, como es la denigración de la persona humana que se traduce en intolerancia, agresión y violencia, bases sobre las cuales no se puede construir el futuro de la comunidad humana”

Es así como vemos varios cambios en la sociedad chilena. Se avanza en la masificación de un cambio de mentalidad con respecto a la diversidad sexual, aceptando que la diversidad existe, que es normal y que no puede ser fuente de agresiones. Dicho giro se ha traducido en una inclusión formal, representada en una nueva legislación que traerá penas más duras para los delitos considerados discriminatorios (ya sea sexual, racial, religioso, etc.).

No obstante, hay que ser claros en la evaluación de este cambio. No estamos en presencia de una emergencia ex nihilo de una mayor aceptación de la diversidad sexual en Chile, sino que de una masificación, a través de un hecho doloroso y dramático, de estas visiones. Para la sociedad en su conjunto, la muerte de Daniel fue percibida como un acto de odio e intolerancia que Chile, como comunidad, no puede permitir si quiere lograr ser un país desarrollado, justo y respetuoso de todos quienes forman parte de su comunidad. La explosión de estas ideas no se produjo desde arriba hacia abajo, desde la cúpulas de poder político hacia las bases de la sociedad. Como hemos podido observar, fue la presión espontánea de miles de chilenos y extranjeros quienes, a través de distintos canales informales de presión y participación política, exigieron que el Estado de Chile estableciera un nuevo marco legal que garantice seguridad, libertad de expresión y democracia a todos los chilenos. La pelea todavía no se gana, pero desde abajo y de a poco se avanza en conseguir que Chile sea un país más justo y democrático para todas y todos.