Por Bun Alonso, desde Torreón, México

La ciudad norteña de Torreón se ubica en el estado de Coahuila. Un estado mexicano que al año 2010 tenía un porcentaje de 81.7 de población católica. Aunque es un porcentaje alto, se ubicaba en el 21° lugar (de 32 estados) en un país eminentemente católico.

En esta ciudad, en septiembre del año pasado, grupos de religiosos respondieron a una convocatoria nacional para salir a marchar contra el matrimonio igualitario y contra el derecho de los homosexuales a adoptar. Salieron a las calles aproximadamente mil personas de Torreón y alrededores. Decían marchar para defender la familia.

En este contexto llegó a Torreón en febrero de 2017 El Circo de las Pesadillas, de la empresa mexicana Solary. Se trataba de un espectáculo circense de terror que contemplaba dar su primera función el día 10.

El circo tenía vendidas 3 mil entradas para sus funciones. Sin embargo, el 9 de febrero, después de una inspección, Protección Civil decidió clausurarlo argumentando que incumplía con normas de seguridad. Horas más tarde, el circo violó los sellos de clausura para dar una función privada a invitados especiales, por lo que el municipio volvió a clausurar y promovió un procedimiento jurídico.

Las trabas que las autoridades municipales ponían al circo se llevaban a cabo al tiempo en que un grupo religioso lanzaba quejas contra dicho espectáculo por considerarlo un atentado a las buenas costumbres.

SerFam, una organización católica que se dice en defensa de la familia, publicó en su página de Facebook un mensaje que decía que el Circo de las Pesadillas anteriormente se llamaba el Circo de los Horrores, que era propiedad de unos españoles y que en los shows que ofrecían en Europa invitaban al público a “hacer la seña de la mano cornuda satánica”, a realizar tocamientos sexuales a los actores y a rendirle culto a Satanás. “Los españoles lo vendieron porque hubo mucha controversia y lo compraron aquí en México, y solo le cambiaron el nombre para que pasara desapercibido [sic]”, decía la publicación.

Era mentira. Los dos circos son de compañías diferentes. Incluso, el espectáculo español a fines de año pasado tuvo problemas similares en México. En ciudades como Monterrey y Querétaro se les prohibió presentarse por presión de grupos católicos. Finalmente, optaron por irse del país.

Vladimir Avendaño, encargado de relaciones públicas de la empresa Solary, en sus declaraciones a los medios culpó a SerFam de estar detrás de las clausuras. El municipio de Torreón alegó que las clausuras no fueron por influencia de este grupo, sino por causas meramente de seguridad.

Gustavo Escobedo, encargado del departamento de Trámites del ayuntamiento de Torreón, dijo que la licencia de funcionamiento ya había sido otorgada al circo. Sin embargo, dijo también que apelando a un artículo de la ley de espectáculos y establecimientos mercantiles que señala que cuando se atente contra el pudor o la moral de terceros, se podría revocar el permiso.

Un representante de SerFam reconoció que la publicación que divulgaron en redes sociales era un mensaje que ya estaba circulando por otras páginas y que ellos sólo la replicaron sin confirmar si era verdad. Y sobre si la organización tuvo acercamiento con el ayuntamiento de Torreón, negó que lo hubieran hecho.

Aunque el alcalde de Torreón, Jorge Luis Morán, dijo a los medios que “hay una queja, hay una inquietud de padres de familia, y la autoridad escuchando eso, manda a hacer una inspección, al hacer inspección detectas temas de seguridad de Protección Civil”. Y explicó que deben velar por la seguridad de los ciudadanos, no sólo física sino también del tipo de espectáculo que van a recibir.

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Después de la falsa información difundida por SerFam, la misma iglesia católica pareció darle la espalda a dicha organización. El padre Rafael López Solís, director de un periódico diocesano, dijo en un programa de radio local que propagar mentiras por redes sociales también era pecado.

Finalmente, la vecina ciudad de Gómez Palacio, en el estado de Durango, se prestó para recibir al circo y dio las facilidades. Los representantes del show no querían más problemas con grupos religiosos, por lo que acudieron a la Diócesis de esa ciudad a presentar las condiciones de su espectáculo y mostrar a las autoridades religiosas que sólo se trataba de un acto circense. El padre Julio Carrillo Gaucín, vicario de la Diócesis, declaró a los medios que la iglesia estaba de acuerdo ya que se trataba de un trabajo digno del cual depende la economía de muchas familias.

Con la bendición de la dirección de Protección Civil de Gómez Palacio y, sobre todo, de la iglesia, el Circo de las Pesadillas pudo por fin dar su espectáculo el viernes 17 de febrero.

Sin embargo, los directivos de la empresa reportaron pérdidas de hasta un millón de pesos por la clausura en Torreón, la ciudad donde la religión católica parece tener mucha influencia a la hora de gobernar.