Por Gerardo Esquivel[1]

El Colegio de México

 


Hasta hace unos meses, la visión convencional era muy optimista con respecto a la fortaleza económica de América Latina y con frecuencia se argumentaba que la región se encontraba en una situación privilegiada para enfrentar una posible desaceleración económica en Estados Unidos. De hecho, a partir de un análisis de este tipo, todavía en Agosto de 2008 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) suponía que la región podría crecer a una tasa de 4% en el 2009.[2]

Las razones de esta expectativa relativamente optimista eran varias: en primer lugar, en el periodo comprendido entre 2003 y 2008, América Latina había crecido en forma sostenida a una tasa cercana al 5%, lo que era algo sin precedentes en las últimas 3 décadas. Por otro lado, durante estos últimos años se habían logrado algunos avances notables en la región en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad y una cierta mejoría en los balances fiscales, además de que parecía haberse logrado el control de la inflación en la mayor parte de los países de la región.[3] Así, a pesar de que existía una cierta heterogeneidad en la región, la mayor parte de los países latinoamericanos parecían estar efectivamente bien posicionados para enfrentar una crisis económica internacional.

Esta percepción, sin embargo, empezó a cambiar rápidamente. Así, a finales de Diciembre y principios de este año, una nueva visión empezó a predominar entre los analistas: ahora la crisis si podría tener efectos importantes, pero estos efectos negativos tenderían a concentrarse en los países muy integrados comercialmente o económicamente a Estados Unidos (como México y algunos países de Centroamérica) o en aquellos países que habían venido siguiendo políticas económicas un tanto heterodoxas y que no parecían respetar los equilibrios macroeconómicos básicos (es decir, países como Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia). Esta percepción quedó reflejada en los pronósticos de crecimiento de Diciembre de 2008 reportados por diversas empresas privadas y por organismos oficiales, así como en las opiniones de diversos analistas y economistas.[4]

La realidad, sin embargo, ha sido mucho peor que las expectativas que se tenían. Así, recientemente la CEPAL y otros organismos han tenido que revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para la región y ahora ya empiezan a situarlas en terreno negativo: por un lado, la CEPAL anunció apenas el 1 de Abril que espera un contracción de 0.3% en el PIB regional, mientras que JP Morgan anticipa ya una caída de 1.3% y Barclay’s Capital prevé una caída todavía más profunda en el PIB de la región.[5]

A pesar de lo negativo de estos pronósticos, debe señalarse que éstos todavía parecen subestimar la magnitud de los efectos que está teniendo la crisis financiera internacional sobre la actividad económica de la región. Empero, antes de entrar en más detalle en este tema, hablemos brevemente sobre los posibles canales de transmisión, lo cual nos ayudará a entender mejor la magnitud y distribución regional del impacto de la crisis en América Latina.

Canales de transmisión de la crisis

 

Los canales de transmisión son múltiples: remesas, comercio exterior (volumen y precios), inversión extranjera directa, crédito externo, ingresos del sector público y volatilidad cambiaria. Hablaremos brevemente sobre algunos de estos canales.

1)      Remesas. Las remesas se han convertido en una fuente muy importante de ingresos para algunos países de la región. Esto es particularmente cierto para países como Honduras, Guyana, Haití, Jamaica y El Salvador, en donde las remesas fluctúan entre el 18 y el 24% del total del PIB. A estos países le siguen en importancia países como Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Dominica, Bolivia y Ecuador, en donde las remesas equivalen a un rango que va del 6.6% al 12.1% del PIB.[6] En la mayoría de los casos, los emigrantes de estos países se encuentran en países que están siendo muy afectados por la crisis económica (como Estados Unidos y España), por lo que es razonable suponer que el flujo de remesas se reducirá en forma importante durante esta crisis. En estos países, una caída que podría parecer pequeña puede tener efectos muy importantes no sólo en el ingreso de las familias afectadas, sino incluso en el ingreso nacional. El efecto sin duda puede ser peor en el caso de aquellos países como Ecuador y El Salvador, que debido a su sistema de dolarización ni siquiera podrán amortiguar la caída en las remesas con una depreciación de su moneda.

2)      Comercio Exterior (volumen). El comercio exterior en todo el mundo está cayendo muy rápidamente y América Latina no es la excepción.[7] Es importante señalar que la caída en el comercio internacional no es sólo el resultado de la contracción económica, sino que también es una causa de ésta,[8] por lo que se ha iniciado un círculo vicioso que sin duda afectará en forma importante a economías latinoamericanas  muy abiertas y cuya actividad económica dependen fuertemente del crecimiento de sus sectores exportadores. Este canal es especialmente importante para explicar lo que ocurrirá en el caso de México. Así, la estrecha vinculación comercial y productiva que ha ocurrido entre México y Estados Unidos a raíz de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte explica porque México sin duda será uno de los países más afectados por la contracción de la actividad económica norteamericana.

3)      Comercio Exterior (precios). En algunos casos, la caída en el comercio exterior no sólo se está dando mediante una caída en el volumen, sino también a través del precio de algunos bienes. Lo anterior ha sido particularmente importante en el caso de la mayoría de los commodities, los cuales se encuentran entre los principales productos de exportación de varios países de América Latina. La fuerte caída en el precio de los commodities que se ha venido observando en el mundo desde mediados del año pasado parece estar estrechamente asociada a la fuerte desaceleración de la economía china. Esto es especialmente problemático para muchas economías latinoamericanas, ya que una buena parte del boom latinoamericano del periodo 2003-08 había estado asociado precisamente al crecimiento del precio de los commodities y, en particular, al crecimiento de sus exportaciones hacia la economía china.[9] Por lo tanto, la contracción de la actividad económica mundial tendrá, sin duda, un muy fuerte impacto en el ingreso de los países sudamericanos que estaban creciendo en buena medida alentados por el crecimiento en el precio y volumen de sus exportaciones primarias a las economías asiáticas. Este fenómeno afectará en forma muy importante a Chile, Brasil y Argentina, aunque también tendrá un impacto importante en Perú, Costa Rica y Uruguay, entre otros.

4)      Otros factores. Además de los factores anteriores, habrá sin duda otros efectos indirectos de la crisis financiera internacional que perjudicarán notablemente las oportunidades de crecimiento económico en América Latina y el Caribe.

El turismo, por ejemplo, afectará en forma sustancial a las economías caribeñas que dependen fuertemente de este tipo de actividades, las cuales se reducirán sensiblemente como resultado de la pérdida de ingreso en muchos países desarrollados y, sobre todo, de la pérdida de riqueza en los hogares norteamericanos.

De igual forma, la caída en las exportaciones realizadas por monopolios o empresas estatales tendrá un impacto importante en los ingresos del sector público de algunos países latinoamericanos, lo cual, a su vez, quizá deba traducirse en futuros recortes en el gasto público. Lo anterior será especialmente importante en países como Venezuela y México, aunque en el caso de este último, el gobierno local se había protegido parcialmente mediante la adquisición de una cobertura que le garantizaba un precio del petróleo relativamente elevado.

Asimismo, la caída en la inversión extranjera directa y la contracción del crédito a nivel mundial, sin duda pospondrá o dificultará la posible realización de proyectos de inversión importantes o de obras de infraestructura que quizá ya estaban programadas, con el subsiguiente efecto en una menor actividad económica.

Finalmente, varios países de la región se han enfrentado a un periodo de fuerte inestabilidad cambiaria y sus monedas se han depreciado en un 20 o hasta un 30% de octubre de 2008 a la fecha. Este factor, por supuesto, también afecta las decisiones de inversión en algunos casos y seguramente contribuirá a una mayor incertidumbre económica en la región.

Todos los factores anteriores se conjugarán en 2009 para que las economías de América Latina y el Caribe no puedan mantenerse aisladas de la crisis económica originada en Estados Unidos y que, al menos en un principio, se creía que sólo se extendería a algunos cuantos países desarrollados. Desafortunadamente para la región, esto no será así, y las economías latinoamericanas se encontrarán seguramente entre las que sufrirán un ajuste considerable en este año. De hecho, esta tendencia ya se ha empezado a manifestar en la producción industrial de varios países de la región, los cuales sin duda se contraerán en forma importante en el 2009. La siguiente gráfica ilustra claramente esta situación y puede darles una idea de la magnitud de la crisis que se avecina en la región:

Noten que la contracción de la actividad industrial en América Latina ya ha empezado a ocurrir a una tasa relativamente elevada y muy pronto se empezará a extender al resto de los sectores económicos (sino es que ya lo ha hecho). Es por ello que la contracción económica de la región será mucho más severa de lo que casi todos han anticipado y prácticamente ningún país de la región podrá escapar de este fenómeno mundial, independientemente de si siguió o no una política económica ortodoxa. La crisis ya llegó a América Latina y, lamentablemente, aquí se quedará por un buen rato.


[1] Profesor-Investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México. Doctor en Economía por la Universidad de Harvard.

[2] CEPAL, Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2007-2008, Agosto de 2008. Por cierto que esta visión optimista no era exclusiva de la CEPAL, incluso analistas privados como JP Morgan anticipaban a mediados de 2008 un crecimiento económico de la región superior a 4% para 2009.

[3] Para más detalles sobre este periodo de crecimiento económico acelerado véase Ocampo, José Antonio (2008), “El Auge Económico Latinoamericano”, Revista de Ciencia Política, no. 28, pp. 7-33.

[4] Véanse, por ejemplo, los pronósticos por país reportados en  UNDP, “Growth Forecasts: Latin America and the Caribbean”, Crisis Update no. 1, Enero 29, 2009; así como el excelente trabajo de Sebastián Edwards, “Al Sur de la Crisis”, Letras Libres, Diciembre de 2008.

[5] CEPAL (2009); Comunicado de Prensa, Abril 1, 2009 y UNDP, “From Bad to Worse: Revised Growth Forecasts for Latin America and the Caribbean”, Crisis Update no. 3, Marzo 9, 2009.

[6] UNDP, “The Decline of Remittances”, Crisis Update no. 4, Marzo 30, 2009.

[7] World Trade Organization (2009), “World Trade 2008, Prospects for 2009”.

[8] Al reducirse la actividad económica en un país, se reduce su consumo de todo tipo de bienes y, por lo tanto, se reducen sus importaciones. Sin embargo, estas importaciones son las exportaciones de algún otro país, por lo que este efecto también reduce la producción del otro país.

[9] Véase J. Rodriguez, J. Blasquez y J. Santiso (2006) “Angel or Devil? China’s Trade Impact on Latin American Emerging Markets.” CEPAL Review no. 90, Diciembre. Un informe más reciente fue publicado recientemente por la CEPAL: Las relaciones económicas y comerciales entre América Latina y Asia-Pacífico. El vínculo con China, octubre, 2008.