En México, en la elección de legisladores de 2009, el voto nulo surgió como una forma de protesta contra los representantes políticos. En Internet se promovió abiertamente y en la jornada electoral de ese año se superó el promedio de anulación de sufragios en comparación con elecciones anteriores, tanto a nivel federal como estatal[1]. Así, ante la llegada de los comicios presidenciales de julio de 2012, es oportuno forjar un panorama general sobre este tipo de sufragio a la luz de lo ocurrido tres años atrás.

Mientras que en otros países de Latinoamérica como Argentina, Perú y Chile, el voto nulo adquiere la característica de ser un tipo de abstención escondida debido a que el “voto obligatorio” fuerza a los ciudadanos a sufragar para evitar una sanción provocando el aumento de las boletas anuladas[2], en México la legislación no penaliza la abstención, por lo que, el incremento del voto nulo no suele ser común, en tanto que el abstencionismo sí (Véase tabla 1).

 

Tabla 1. PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON Y SIN VOTO OBLIGATORIO

País

Voto no obligatorio

Voto obligatorio

Argentina

Bolivia

Brasil

Chile

Colombia

Cuba

República Dominicana

Ecuador

El Salvador

Guatemala

Honduras

México

Nicaragua

Panamá

Paraguay

Perú

Uruguay

Venezuela

Total

6

12

Fuente: Elaboración propia a partir de la Base de datos “Democracy Crossnational Data Spring 2009” de Pipa Norris.

 

En el caso de México, la legislación define al voto nulo como el acto de no tachar ningún cuadro de la boleta que contenga el emblema de un partido político o cuando se marcan dos o más cuadros sin existir coalición entre los partidos cuyos emblemas hayan sido marcados[3]. Además, no tiene validez ni efecto jurídico en la conformación de los órganos de gobierno (cámaras legislativas o locales y, ejecutivos locales y federal) ni repercusiones en el financiamiento a los partidos políticos.

De lo anterior se desprende que la ley electoral mexicana entiende al voto nulo como un sufragio mal realizado o erróneo y no como una forma de protesta política.

Eso último fue la peculiaridad de la elección federal de 2009, pues, meses previos a los comicios de julio de ese año surgieron varios grupos apartidistas-organizados que convocaron a la ciudadanía a anular su voto para demostrar su descontento con los representantes políticos utilizando como principal medio de difusión Internet.

Los “grupos anulistas” –que después formarían la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA)– invitaron a la ciudadanía a tachar toda la boleta, escribir alguna leyenda de protesta o votar por un candidato no registrado, lo que generó un intenso debate sobre la conveniencia o no de anular el voto, dadas las características ya mencionadas de la legislación mexicana.

Bajo este contexto, hubo un aumento del voto nulo de casi el doble con respecto al porcentaje promedio –el cual, desde 1994 hasta 2006 era de 2.85%– llegando a 5.40%. Y según información del Instituto Federal Electoral, del 5.40% de los sufragios nulos emitidos en 2009, el 63% de ellos fue intencional, mientras que el 36% fue accidental[4]. Es decir, la mayoría de los votos anulados fueron de protesta contra los representantes políticos.

Ante este panorama surge la pregunta de ¿qué ocurrirá con el voto nulo en la próxima elección presidencial en México? Si bien es claro que es imposible predecir cualquier fenómeno político y social –pretensión que no tiene este artículo–, es importante atender el cuestionamiento aprovechando las investigaciones existentes.

 

¿Qué ocurrirá con el voto nulo en la próxima elección presidencial en México?

Existen tres enfoques que estudian la anulación del voto: institucional, socioeconómico y político. El primero analiza cómo la legislación incide en el aumento de los votos inválidos, como en el caso del “voto obligatorio” mencionado previamente. El segundo pone énfasis en el peso que tiene la estructura socioeconómica como la urbanización, el ingreso y la educación, en el aumento de los sufragios nulos. Finalmente, el enfoque político –el que interesa aquí– considera a las boletas anuladas como una forma de protesta de parte de los ciudadanos como resultado de factores únicamente políticos, tal y como ocurrió en 2009 en México.

Dos trabajos dentro de esta perspectiva política, el de Steven Galatas (2008) y el  de Fredrick Uggla (2008), sirven para reflexionar sobre el fenómeno en cuestión, pues sostienen que en elecciones donde la contienda electoral es competida, es decir, donde la distancia entre el primero y el segundo lugar es muy estrecha, los sufragios inválidos y los dirigidos hacia partidos pequeños disminuirán considerablemente, debido a que el incremento de la competencia partidista hará que los ciudadanos voten por un candidato en lugar de anular la boleta[5].

Lo anterior prefiguraría un escenario similar para México, pues, aunque falta todavía el inicio formal de las campañas políticas, se prevé una contienda cerrada entre los aspirantes a la presidencia, lo cual, ateniéndonos a lo dicho por los dos autores mencionados, traería consigo una disminución del voto nulo comparado con el 5.40% de los comicios federales previos.

En la investigación de Aldashev y Mastrobuoni (2010) se demostró una relación inversa entre lo competido de la contienda electoral y el porcentaje de anulismo, afirmándose que entre más cerrada sea la competencia partidista, más votos nulos habrá. Lo anterior, explican los autores, se debe a que en elecciones cerradas, los ciudadanos encargados de realizar los conteos se vuelven más escrupulosos, pues tratan de reducir la probabilidad de adjudicar una victoria incorrecta, anulando con ello más votos[6].

Esto último parecería menos probable, ya que, si se observan los resultados de elecciones presidenciales anteriores a partir de lo cerrado de la contienda, se puede apreciar que al menos en 2006 donde la distancia entre el primero y el segundo lugar fue menor a un punto porcentual, el voto nulo se mantuvo en los niveles acostumbrados sin que se incrementara como ocurrió en la elección de legisladores en 2009 (Véase tabla 2).

 

Tabla 1. VOTO NULO EN Elecciones presidenciales EN MÉXICO.

Porcentaje de voto nulo en 1994

Porcentaje de voto nulo en 2000

Porcentaje de voto nulo en 2006

Promedio de voto nulo (1994-2006)

2,86

2,10

2,17

2,37

Fuente: Elaboración propia con datos del Atlas de Resultados Electorales del IFE 1991-2009.

 

Además, si se comparan los porcentajes de voto nulo para Presidente con los de legisladores de la Cámara de Diputados se puede observar que en las elecciones donde ambas coinciden, los votos nulos para legisladores siempre superan a los de las elecciones presidenciales, siendo 1994 el caso donde ocurrió el mayor aumento (Véase tabla 3). Ante esta tendencia, podría prefigurarse un escenario para julio de 2012, en el que haya un voto nulo diferenciado siendo la elección de legisladores la que reciba la mayor cantidad de boletas nulas.

 

Tabla 3. REsultados comparados de voto nulo en Elecciones presidenciales y legislativas.

Porcentaje de voto nulo en 1994

Porcentaje de voto nulo en 2000

Porcentaje de voto nulo en 2006

Elección Presidencial

Elección de Diputados Federales

Elección Presidencial

Elección de Diputados Federales

Elección Presidencial

Elección de Diputados Federales

2,86

3.23

2,10

2.32

2,17

2.51

Fuente: Elaboración propia con datos del Atlas de Resultados Electorales del IFE 1991-2009.

 

A la hipótesis mencionada de que el voto nulo no aumentará en la misma dimensión que en la elección pasada y que si lo hace será únicamente para la elección de legisladores, se suma que en la última asamblea de la ANCA no hubo un consenso sobre si promover o no el voto nulo en los próximos comicios presidenciales, aunque, como lo señaló el documento resumen de la asamblea, se llegó al acuerdo (sin votación de por medio) de no hacerlo en estas elecciones y dejar que cada quien decidiera anular o no según su criterio.

Incluso, algunos promotores del voto nulo que formaron en 2009 la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) declararon en entrevistas realizadas en 2011, que es probable que en la elección presidencial de este año no haya una movilización a favor del voto nulo. Algunos como Alberto Serdán abrieron la posibilidad de impulsar una agenda política que obligue a los candidatos a cumplirla, mientras que Elisa de Anda aseguró que la promoción del voto nulo no es una estrategia que pueda ser utilizada recurrentemente, pues, al hacerlo se vuelve habitual y pierde su efecto de protesta.

 

Consideraciones finales.

Ante el panorama expuesto, parece poco probable que el voto nulo de protesta vuelva a tener la fuerza que tuvo en la elección de legisladores pasada, dadas las condiciones cerradas de la contienda, así como el desacuerdo entre los promotores del voto nulo sobre llevar a cabo su promoción. Aunque, no hay que descartar la potencial existencia de un voto nulo diferenciado para presidente y legisladores, siendo estos últimos los que reciban el mayor número de boletas anuladas.

Sin embargo, aún no comienzan formalmente las campañas electorales y el escenario político está cruzado por otros factores –por ejemplo, la actual guerra contra el narcotráfico y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad–, haciendo impredecible lo que pueda ocurrir en los próximos meses. Sirvan sólo estas líneas para reflexionar sobre el contexto situacional al cual se enfrentará el voto nulo dadas las características de la contienda presidencial que se aproxima.



[1]A nivel federal el voto nulo logró el 5.40% de los sufragios totales emitidos, mientras que en entidades como el  Distrito Federal, Aguascalientes, Puebla, San Luis Potosí y Chihuahua alcanzó más del 7% de los votos totales, respectivamente.

[2]Véase: Hirczy, Wolfgang, “The impact of mandatory voting laws on turnout: a quasi-experimental approach” en Electoral Studies, 1994, Vol. 13, 64-76.

[3] Véase artículo 247 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE).

[4] Instituto Federal Electoral, Análisis descriptivo sobre las características de los votos nulos y votos por candidatos no registrados emitidos en las elecciones federales de 2009, IFE, México, 2010, pp. 49.

[5] Véanse: Galatas, Steven, “None of the above? casting blank ballots in Ontario provincial elections” en Politics and policy, número 36, 2008, 448-473 y Uggla, Fredrik, “Incompetence, alienation, or calculation? Explainig levels of invalid ballots and extra parliamentary votes” en Comparative Political Studies, Volumen 41, número 8, agosto 2008.

[6] Véase: Aldashev, Gani; Mastrobuoni, Giovanni, “Invallid ballots and electoral competition” en Carlo Alberto Notebooks, número 153, 2010.