Hay dos situaciones en las que escribir sobre un tema resulta extremadamente difícil: cuando se conoce muy poco sobre él y cuando se conoce demasiado. En esta ocasión me tocó sufrir ambas. Si bien el post-rock es uno de mis géneros favoritos desde hace varios años, el latinoamericano nunca ha sido mi fuerte. La razón no es malinchismo, sino que siempre me ha parecido muy inferior al europeo, asiático, estadounidense o escandinavo, vamos, al del resto del mundo que produce post-rock. Conocía varias bandas, pero ninguna sobrepasaba esa barrera que divide a los grupos convencionales, acaso decentes, de los extraordinarios. Tras una exhaustiva investigación y la escucha activa de más de 50 discos, más los que ya conocía, presento los resultados, no sin antes responder a la pregunta obligada que me lleva al otro extremo del espectro de la dificultad, el de mi sobre información como aficionado al tema. Y la pregunta es:

¿Qué es el post-rock?

Para quienes no están familiarizados con el género, propongo dos respuestas. La primera se encuentra en el origen del término. En 1994, en una reseña del álbum Hex (1994) de Bark Psychosis para la revista Mojo, el crítico inglés Simon Reynolds usó por primera vez “post-rock” para referirse a un estilo musical que utilizaba “instrumentos de rock para propósitos distintos al del rock; guitarras para proporcionar timbres y texturas en lugar de riffs o acordes de poder” (1). Dos meses después, amplió su definición para The Wire: “Quizá el área realmente provocativa para el desarrollo musical futuro yace en […] el rock cyborg; no en la adopción incondicional de la metodología techno, sino en un nivel de interacción entre el desempeño musical en vivo, con instrumentos reales, y el uso de efectos y mejoras digitales” (2).

La segunda definición, si bien se basa en la primera, se centra en el aspecto pragmático de la mayoría de las bandas, sobre todo las de la primera ola de inicios/mediados de los 90: los mencionados Bark Psychosis, Slint, Tortoise, Mogwai, Godspeed You! Black Emperor, Dirty Three, Explosions in the Sky y Sigur Ros (3). La segunda definición es mía:

El post-rock es un género que surge a mediados de los 90 en plena decadencia del más popular grunge, como una reacción a la idea de que el rock convencional ya no era rentable para efectos creativos. Por ende, las bandas empiezan a utilizar los instrumentos convencionales del rock con propósitos distintos y en dinámicas diferentes. Algunos se apoyan en arreglos para instrumentos poco convencionales (Tortoise, Sigur Ros), otros lo hacen en sintetizadores (Bark Psychosis) o en instrumentos clásicos (GY!BE, Dirty Three), o bien, en pedales de efectos y en la saturación de sonido con elementos noise (Slint, Mogwai, Explosions in the Sky). Todo lo anterior, en estructuras distintas a las canciones convencionales del rock.

En ese sentido, el post-rock significa un retorno histórico a la voluntad clásica del progresivo después de dos décadas de exploración de los caminos más concisos y comerciales del punk y el pop respectivamente. Esto último, sin embargo, solo es cierto a un nivel superficial, ya que si bien abundan las canciones divididas en partes o incluso la ausencia misma de canciones en favor de piezas largas segmentadas en movimientos, la mayoría de las bandas hacen una música bastante sencilla, con innumerables repeticiones y variaciones ligeras.

Así, el post-rock estuvo marcado desde sus primeros años por el espíritu de la síntesis, del sincretismo entre épocas, estilos y posturas ideológicas. Al grado de que incluso bandas como Godspeed You! Black Emperor de Canadá y Mogwai de Escocia han afirmado desde el inicio considerar su música como punk, siendo dos de las bandas con temas más largos y alejados de las estructuras de verso/coro/verso del punk.

Este espíritu tiene, en mi opinión, dos consecuencias importantes. Por un lado, vuelve a cada uno de los grupos una mezcla única, sí, pero propensa a la copia y a la repetición –algo que ha venido sucediendo desde hace años-, debido en parte a la cuasi consigna de no usar los instrumentos de un modo convencional. De modo que si preguntamos a cualquier persona que conozca algo sobre el género, lo más probable es que nos diga que se trata de bandas que hacen canciones largas, instrumentales, con uno o más crescendos por canción, ruidosas y con una presencia notable de guitarras. Y sí, el post-rock es todo esto, pero no necesariamente.

Por otro lado, el espíritu de síntesis del cual el género es producto propicia también la disolución de la identidad nacional o regional de las agrupaciones. En 1997 no era fácil hablar de un “sonido de post-rock de Chicago” en contraste con un “sonido londinense”, cuando apenas tres años antes se podía distinguir perfectamente entre el sonido del rock europeo y el rock estadounidense, por no hablar del boom de los movimientos musicales geográficamente localizados, como el “sonido Madchester”, el “movimiento de Bristol”, el “grunge de Seattle”, o en México, “la avanzada regia”, proveniente de Monterrey.

Como explica el sitio PostRockXchange.com en su artículo “What is post-rock?”:

En primera instancia, el post-rock representa la absoluta libertad en la música, el abandono de estructuras obsoletas de composición, de un enfoque conservador hacia la música rock, de ideas odiosas y trilladas. […] Pero a pesar de este hecho, su libertad está bastante limitada. Y principalmente lo está por los mismos músicos. Tienen un amplio campo de acción y al parecer pueden hacer lo que quieran, mezclar técnicas de distintos estilos, crear algo nuevo, pero en lugar de eso, tenemos grupos bastante regulares con materiales uniformes. […] Solo pocos grupos saben usar la libertad que tienen. (4)

Post-rock latinoamericano

Inevitablemente, el post-rock tuvo su transición a Latinoamérica. Recuerdo que hace 11 años, la primera banda de post-rock latinoamericano que conocí se llamaba Uztar. Eran de Los Ángeles, pero los integrantes tenían origen mexicanos y sus letras estaban en español. Fue un descubrimiento fugaz: encontré su disco en Internet, el cual no pude bajar, pues era la época previa a la del Internet de banda ancha, y seguí adelante. Tres años después, conocí a Austin TV y su La última noche del mundo (2003).

Más allá de la anécdota, mi experiencia muestra que aun en la era de Internet y las descargas de mp3, el post-rock, al menos en México, todavía no cuenta con la difusión necesaria. Cosa extraña y alarmante, ya que, como vimos más arriba, es un género que lleva ya mucho tiempo repitiéndose a sí mismo. De modo que si apenas se está dando a conocer masivamente en México –y estoy seguro que el caso de los demás países latinoamericanos es similar-, nos hemos perdido de un fenómeno mundial que ha dejado obras fantásticas a la historia de la música.

Eso pensaba hasta que hice mi investigación para este artículo. Resulta que en varios países de Latinoamérica, no solo en México, se han editado discos de post-rock, que si bien no han figurado como los discos más vendidos en alguna lista, son buenos representantes –algunos excelentes- del género a nivel mundial. Lo mismo sus autores, agrupaciones de casi todos los países: Herod Layne, Labirinto, Fossil, A Sea of Leaves, Wry, Constantina y Sobre a Máquina de Brasil; Niño Koi y Claro de Luna de Costa Rica; Pommerz, Dietrich, San Dimas, Atrás Hay Truenos, Go-Neko!, Soy Tu Padre, Kimosabi y Los Codos de Argentina; Jovenabuelo, Aspasia, Umbría en Calafate, aM BattOM, Exsimio Le Caine y Mambotaxi de Chile; Viajeros Infinitos, [neuma] y The Umma Project de Colombia; Fractal, Plug-Plug, The Satellite, The Electric Butterflies y Wilder Gonzales Agreda de Perú; Cultura Tres, La Mar, Días de Septiembre y Tan Frío el Verano de Venezuela; Xb’alanke de Guatemala; Sad Breakfast, The Polar Dream, Austin TV, Expedición a las Estrellas, Movus, Martínez y Neon Walrus de México, entre otros.

Además, existen sellos discográficos a lo largo de la región dedicados parcial o totalmente a cobijar proyectos de distintos sub géneros de post-rock. Sellos como Sinewave y Dissenso de Brasil; Planeta X, Mamushka Dogs Records, Sadnessdiscos y Frigida Records de Argentina; Superspace Records de Perú; y Rock Juvenil y Discos Invisibles de México, son solo una parte.

Pero, ¿realmente vale la pena el esfuerzo de hurgar en Internet? Ante la situación de la escasez de creatividad en el post-rock, ¿qué hace diferentes, o acaso mejores, a estas bandas respecto a las demás? Es posible hallar una respuesta afirmativa, al mismo tiempo que una negativa, en el tema del sincretismo.

Primero la negativa: pocas cosas. Pocas cosas las hacen diferentes.

La realidad es que los sonidos varían muy poco excepto por algunas salvedades. Podemos decir que el post-rock brasileño es dramático, por ejemplo, pero hasta ahí y ni siquiera es una constante. Bandas como Labirinto se apoyan muchísimo en trémolos de guitarra, en percusiones y en violín, cello y piano para crear atmósferas dramáticas en canciones que duran más de diez minutos. Mientras que proyectos como Fossil apuestan más por el post-rock duro con fuertes influencias punk y la omnipresencia de guitarras afiladas y percusiones frenéticas. El blog Is This Revolutionary? tiene una explicación más precisa. Considera:

“Soy fuertemente de la idea de que Latinoamérica tiene su propia rama de post-rock, la cual me fascina. Es en extremo apasionada; las líneas de bajo son increíbles y tiene un sonido más cercano al rock, pero sin voz, lo cual contrasta profundamente con la mayoría del ambient que se hace hoy día” (5).

Y sí, los mismos Labirinto, bandas como Claro de Luna, Niño Koi, Sad Breakfast y Movus cumplen, cada quien a su modo, con su identidad a través de guitarras distorsionadas muy de inicios/mediados de los 90 y percusiones duras de rock latino, a veces incluso de guitarras clásicas (Labirinto). Pero, ¿esto es suficiente para hablar de una identidad nacional reflejada en la música? Mi opinión es negativa, pero no en un mal sentido. Explicaré por qué.

Las bandas de post-rock latinoamericano sufren del mismo síntoma que las bandas de post-rock internacionales, por lo tanto, no se les puede pedir más. La avidez de sincretismo y universalidad las ha llevado a confundir sus sonidos y perder la singularidad que caracterizó a la primera ola. Mención aparte merecen proyectos como Umbría en Kalafate de Chile, cuya consigna es específicamente recatar elementos tradicionales a través del uso de elementos de la música mapuche, resultando en una de las bandas más originales del género en la actualidad. Pero la realidad es que son una entre cientos.

Sin embargo, pareciera que esa universalidad del post-rock va más allá de la intención de los músicos y es una característica propia e inevitable del género. No resulta extraño para un estilo musical que nació en la época del boom de las nuevas tecnologías, los primeros años de la era de Internet y de la apertura en la comunicación humana. Tortoise y Bark Psychosis habían ya distorsionado las fronteras nacionales hace mucho tiempo. Sin embargo, conviene estar atentos al resurgimiento de un nuevo sentido de nacionalismo que ya anuncian bandas como Umbría, como Labirinto y sus guitarras clásicas, como los mexicanos de Austin TV en algunos temas de su más reciente disco, Caballeros del Albedrío (2011).

Las crisis suelen presagiar el renacimiento, y el post-rock es un género que nació en el centro mismo de la crisis; de la historicidad, de las identidades nacionales, de innumerables modelos de producción y de vida ahora arcaicos. Es el primer género que encarna la globalización como parte de sí mismo en una muestra más del sincretismo que lo ha caracterizado desde siempre. El post-rock es de todos lados y al mismo tiempo, de ninguno. Cuando mucho, es de Internet, como el cien por ciento de la música en la actualidad. Pero no olvidemos que él llegó primero.

Gracias a @Alekzone y @juannoart por su amable colaboración.

Enlaces:

http://iheartau.com/2011/08/bark-psychosis-to-asiwyfa-a-brief-history-of-post-rock/

http://peruavantgarde.blogspot.com

http://www.thesirenssound.com

http://www.cassetteblog.com/

 

(1)  De Wikipedia en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Post-rock#cite_note-The_Wire_May_1994-0 Mi traducción.

(2)  De Wikipedia en español http://es.wikipedia.org/wiki/Post-rock Con mi corrección de estilo.

(3)  Existen otras como Tristeza, Talk Talk en Spirit of Eden (1988) y Laughing Stock (1991), Seefeel, Cul de Sac, Stars of the Lid, etc., pero por falta de espacio puse las más conocidas.

(4)  De http://www.postrockxchange.com/what-is-post-rock/ Mi traducción.

(5)  De http://isthisrevolutionary.com/2011/04/28/claro-de-luna-lo-que-ha-sido-y-lo-que-sera-2011/ Mi traducción.

Discos recomendados de post-rock latinoamericano.

Hice una selección de algunos de los mejores discos que he escuchado de post-rock latinoamericano. Algunos están disponibles para su descarga gratuita en las páginas de los artistas:

Constantina (Brasil) – Jaburu (2006)

The Polar Dream (México) – The Polar Dream EP (2007)

San Dimas (Argentina) – Cosas de la casa (2007)

Le Caine (Chile) – Cijka (2008)

Go-Neko! (Argentina) – Una especie de mutante (2008)

The Umma Project (Colombia) – Ethereal (La noche del terror ciego) (2008)

[neuma] (Colombia) – Tobi Ishi (2008)

Umbría en Calafate (Chile) – Efecto Katapilco (2009)

Kinder (Perú) – Kinder (2010)

Tan Frío el Verano (Venezuela) – Invierno EP (2010)

Labirinto (Brasil) – Anatema (2010)

Neon Walrus (México) – Épico (2011)

Claro de Luna (Costa Rica) – Lo que ha sido y lo que será (2011)