El 11 de marzo de 2012 El Salvador celebró elecciones legislativas y municipales. Más de 4.5 millones de votantes estaban llamados a las urnas para elegir a los 84 diputados y a los 262 alcaldes con sus respectivos consejos municipales. Debido a irregularidades de voto, los comicios habían sido suspendidos en tres municipios, San Lorenzo y San Francisco Menéndez, en el departamento de Ahuachapán, y San Miguel Tepezontes, La Paz. La votación se repitió el 18 de marzo, pero los resultados obtenidos aquel día no cambiaron la distribución de escaños legislativos que quedó plasmada la semana anterior. Los nuevos funcionarios tomarán posesión de sus cargos el 1 de mayo de 2012 por un periodo de tres años. Los comicios fueron los primeros desde que en junio de 2009 entró en poder la administración de Mauricio Funes y de la antigua guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), terminando así 20 años de gobierno de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Las elecciones cobraron importancia, porque constituyeron una evaluación de la primera mitad del mandato presidencial y la nueva configuración de la Asamblea Legislativa pudiera facilitar u obstaculizar la gobernanza en lo que queda del primer ejecutivo progresista de la posguerra.

 

 

El gobierno Funes-FMLN

 

Funes, un periodista televisivo respetado por su profesionalismo y su postura crítica, había abrigado ambiciones políticas desde hace algún tiempo, aunque nunca fue militante partidario. En 2008 formó un matrimonio de conveniencia con el FMLN que, ansioso por llegar al poder, le ofreció una plataforma para su candidatura. A través del movimiento “Amigos de Mauricio” Funes reunió un amplio apoyo, atrayendo a votantes que tradicionalmente no habían optado por el principal partido de izquierda, y le permitió al FMLN su primera victoria presidencial. La derrota electoral de ARENA significó el triunfo del pueblo sobre el miedo, un miedo cebado por la derecha política y económica que solía relacionar la llegada del FMLN con la instauración de un régimen comunista y el fin de las codiciadas remesas.

 

La alternancia en el poder formal fue un paso importante para la consolidación de la democracia salvadoreña. Al mismo tiempo debió haberle permitido a la ex guerrilla de demostrar que sabe conducir las riendas del país, pero el papel del FMLN se ha reducido más bien al de un espectador. La administración que tomó posesión en junio de 2009 no resultó ser un gobierno de izquierda, sino el primer gobierno apoyado por un partido de izquierda. Quienes definen las políticas y programas, a menudo para consternación del FMLN, son un Presidente con fuerte personalidad y sus personas de confianza. Lo que se vislumbra, entonces, no es el tan cacareado cambio, sino la posibilidad de iniciar la construcción de alternativas.

 

En los últimos tres años Funes y su partido se han ido distanciando, sobre todo a partir de la destitución del ex comandante guerrillero Manuel Melgar como Ministro de Justicia y Seguridad Pública y la posterior designación a ese cargo del general retirado David Munguía Payés. Mientras algunos culpan de este distanciamiento a los dirigentes del FMLN por no manifestar un mayor apoyo al Presidente, otros atribuyen el divorcio de facto a Funes y el incumplimiento de las promesas hechas durante la campaña. Quienes votaron por la izquierda en 2009 esperaron un giro en las políticas sociales y económicas, un mejor cumplimiento de los derechos humano así como el fin de la corrupción y la falta de transparencia. Sin embargo, la ilusión inicial cedió al desencanto cuando las expectativas del cambio no se realizaron tal como se había anticipado. De hecho, en su Plan Quinquenal de Desarrollo 2010-2014 la administración Funes ofrece un buen diagnóstico de los problemas que enfrentan al país, y en el área de seguridad pública plantea una estrategia integral, basada en la prevención social, la investigación científica del delito, la atención a las víctimas, el fortalecimiento institucional, y la rehabilitación. Sin embargo, la realidad dista mucho de lo prometido, ya que la política social es de corte asistencialista y la política de seguridad pública se hace eco del enfoque de mano dura que caracterizó a las administraciones de ARENA.

 

La persistencia del estatus quo se explica en parte por la aparente reticencia de Funes de ofender a los sectores poderosos de El Salvador, en parte por la falta de recursos debido a que la galopante corrupción durante las administraciones anteriores había vaciado las arcas del Estado. Más importante aún, el gobierno Funes-FMLN es un gobierno sin poder. El poder económico, militar, jurídico, mediático e institucional se ha quedado en manos de la elite. Maniatada, la actual administración está aplicando políticas que muestran más continuidad que ruptura con el pasado.

 

Los programas neoliberales implementados durante los últimos 20 años produjeron un crecimiento económico estéril e insuficiente, una enorme desigualdad social y un alto empobrecimiento (aliviado por la migración y las remesas), la precarización del mercado laboral, una crisis agro-alimentaria y energética así como desequilibrios fiscales y una deuda pública creciente. El modelo neoliberal sigue con el gobierno Funes-FMLN el cual ha destacado por sus programas de transferencias condicionadas y la entrega de becas y uniformes escolares. Además, las autoridades están aplicando una estrategia de seguridad cada vez más represiva, dejando a un lado las respuestas estructurales al crimen. Estas darían resultados a largo plazo y por lo tanto no coinciden con los ciclos electorales. Tanto en las áreas de la economía y la seguridad como en la política exterior, la administración Funes está estrechamente ligada a Estados Unidos. La sociedad salvadoreña no será más justa e inclusiva a menos que se emprenda un desarrollo humano sostenible. Pero los resultados de las elecciones de 2012 sugieren que en el futuro cercano no se dará un cambio de paradigma.

 

 

Los cambios en el proceso electoral

 

El recién concluido proceso electoral experimentó una variación en tres aspectos claves. Primero, se dio una ampliación del voto residencial, el cual permite que los electores emitan su voto en los centros de votación cercanos a su domicilio y no basado en su apellido. La medida es una antigua recomendación de los observadores internacionales y una petición del FMLN para que aumente el acceso al proceso de votación y se reduzcan las posibilidades de fraude a través del traslado de votos de un lugar a otro. El plan de voto residencial se viene programando desde 1999, pero no fue hasta 2006 cuando se realizó el primer proyecto piloto en siete municipios. En 2009 se sumaron 16 localidades más, y en 2012 esta modalidad abarcó 185 municipalidades en nueve de los 14 departamentos del país y en varias de las principales ciudades, incluido San Salvador. Con tal incremento se llegó a cubrir el 70% del territorio nacional y el 40% de la población. En años anteriores los municipios que contaron con voto residencial presenciaron una mayor asistencia a las urnas, superando incluso el promedio nacional, y la correlación de fuerzas se inclinó de ARENA, aunque no necesariamente a favor del FMLN. Puesto que el voto residencial había estimulado la afluencia de votantes, en 2012 el Tribunal Supremo Electoral (TSE) esperó que la participación sobrepasara el 60%, un nivel que suele alcanzarse en las elecciones presidenciales, pero generalmente no en los comicios municipales y legislativos.

 

Segundo, por primera vez se postularon candidatos independientes o no partidarios a diputados. En 2010 una sentencia de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) declaró que todo ciudadano mayor de edad tiene derecho a optar por cargos sin vinculación a un partido, habilitando así las candidaturas independientes. El dictamen creó mucha expectativa, pero la participación individual resultó ser muy escasa debido a que la Asamblea Legislativa -en su afán por contrarrestar el fallo de la Corte- creó obstáculos sumamente difíciles para los aspirantes sin partido político. El hecho de tener que revelar sus fuentes de financiamiento, recoger miles de firmas en poco tiempo, y no tener derecho a financiamiento estatal, constituyó una cuesta demasiado empinada para la mayoría de los candidatos. Inicialmente 19 personas pretendieron registrarse, pero al final sólo cinco de ellas cumplieron con los requisitos a tiempo para postularse en sus respectivos departamentos: San Salvador (2), Ahuachapán (1), Chalatenango (1), y La Unión (1). Aunque las candidaturas independientes se limitaron al nivel de diputados, mientras en Honduras se permitan también a nivel municipal, su creación fue un avance para la democracia salvadoreña. La pregunta inevitable era si uno de estos aspirantes iba a ganar una curul cuando en Honduras, donde las candidaturas no partidarias han existido durante diez años, ninguna ha sido exitosa.

 

Tercero, en 2012 El Salvador estrenó un sistema de votación que por primera vez permitió al ciudadano emitir voto directo por candidato. En 2011 una sentencia de la CSJ determinó que el esquema de la lista bloqueada (el voto por banderas) constriñe al elector a votar únicamente por los candidatos a diputados que el criterio de la cúpula partidista ha pretendido con antelación, lo cual desnaturaliza el carácter libre del voto. Algunas organizaciones de la sociedad civil habían esperado la creación de listas abiertas, las cuales prevén el voto por diputados de diferentes institutos políticos. Sin embargo, los partidos -sin excepción- no estuvieron conformes con el fallo e inicialmente se rehusaron a adecuar las normas. Finalmente se decidieron por listas cerradas y desbloqueadas, es decir, el elector puede votar por un solo partido, pero tiene libertad de seleccionar a los candidatos de su preferencia.

 

Las nuevas reglas rindieron cuatro diferentes maneras de votar: marcando una bandera; marcando una bandera y a la vez uno o varios candidatos partidarios; macando sólo una o varias candidaturas del mismo partido; o marcando una sola candidatura independiente. Por consiguiente, se dio también un cambio en el escrutinio. En el primer conteo (el conteo legislativo general), se establece a cuántos escaños tiene derecho un partido; en el segundo conteo (el conteo legislativo preferencial), se define quiénes ocuparán esos cargos; y en el tercer conteo (el conteo municipal), se determina cuántas alcaldías ganó un partido.

Era posible que el nuevo mecanismo de votación pudiera causar confusión entre el electorado y aumentar el número de votos nulos. De hecho, encuestas publicadas a mediados de enero de 2012 revelaron que el 70% de los ciudadanos aún no sabía cómo votar. Para concientizar a la población, el TSE pretendió lanzar una campaña de educación electoral, pero debido a diferencias internas entre los magistrados del tribunal la iniciativa inició apenas cinco semanas antes del día de las elecciones. Sin embargo, grupos de la sociedad civil asistieron en estos esfuerzos y llegaron hasta a comunidades muy remotas para instruir a la gente sobre los procedimientos de votación.

 

 

Los partidos y los candidatos

 

En las elecciones de 2012 participaron nueve partidos:

 

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que se estableció en 1980 como agrupamiento de cinco organizaciones guerrilleras y luego de los Acuerdos de Paz se convirtió en partido político. Apoya las transformaciones estructurales, y con sus actuales 35 curules es el partido dominante en la Asamblea Legislativa.

 

La Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), fundada en 1981 por fallecido Roberto D’Aubuisson, un ex militar y líder de escuadrones de la muerte. Un firme defensor de los intereses oligarcas, el partido promueve las políticas neoliberales y fuertes lazos con Estados Unidos. Ganó 32 escaños legislativos en 2009, pero perdió doce de ellos cuando algunos diputados desertaron del partido para formar la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). Un creyente del libre mercado, la conservadora GANA se considera una derecha más moderada y más populista que ARENA y pretende fortalecer la unidad nacional. En 2012 participó por primera vez en comicios.

 

La derechista Conciliación Nacional (CN), surgió del Partido de Conciliación Nacional (PCN), un partido militar que se fundió en 1961. Tanto el PCN como el Partido Demócrata Cristiano (PDC), establecido en 1960 como partido de oposición al régimen militar, no alcanzaron el 3% de los votos mínimos durante las elecciones de 2004, pero lograron sobrevivir gracias a un “decreto de salvataje.” En 2011 una sentencia de la CSJ ordenó la cancelación de ambos institutos políticos. El PDC, renacido como Partido de la Esperanza (PES), se ha derechizado desde su fundación y suele ponerse del lado de ARENA y la CN.

 

El socialdemócrata Cambio Democrático (CD) actualmente ocupa una curul y surgió del difunto  Centro Democrático Unido que tampoco logró el requisito mínimo de voto en 2004. Tanto el izquierdista Partido Nacional Liberal (PNL) como los partidos derechistas Partido Popular (PP) y Fraternidad Patriótica Salvadoreña (FPS) se registraron ante el TSE en 2011. El primero fue fundado por ex militares y pequeños empresarios, mientras el segundo fue formado por políticos expulsados de otros partidos (incluido ARENA y el PES) que pretenden promover una política económica social y ecológicamente sostenible. Finalmente, la FPS creada por ex militares que asumen una postura nacionalista.

 

Más allá de las diputaciones, las elecciones se enfocaron en la carrera por el ayuntamiento de San Salvador, el municipio más importante del país por su estatus como capital y su tamaño poblacional. Entre 1997 y 2009 la localidad fue gobernada por el FMLN, y desde 2009 ha estado en manos de ARENA. Los candidatos por San Salvador fueron Norman Quijano (ARENA), el actual alcalde y un beligerante anticomunista; Jorge Schafik Handal (FMLN), ex guerrillero e hijo del fallecido líder histórico del FMLN; y Silvia Aguilar (GANA), abogada y ex encargada de asuntos legales de ARENA.

 

Como en años anteriores la campaña política se caracterizó por las confrontaciones verbales, los discursos atemorizantes, la ausencia de propuestas concretas y factibles, los eslóganes genéricos (“vota por mí”) o crípticos (“las cosas como son”), y la entrega de regalías. Algunos partidos hasta rifaron vacas y una estadía en un hotel playero (ARENA) o invitaron a un jaripeo (GANA). El FMLN realizó una campaña poco exaltante, alentando a los votantes a “darle más fuerza al cambio” cuando muchos salvadoreños no se habían percatado de un cambio merecedor de la palabra. De las pocas plataformas legislativas que efectivamente se hicieron públicas, la de ARENA fue la más breve y imprecisa. No incluyó diagnostico alguno y culpó al FMLN por el deterioro en la situación de seguridad, a pesar de que el problema delincuencial creció inmanejable durante las administraciones conservadoras. Como era de esperar, la propuesta del partido derechista se enfocó en la seguridad pública, presentando medidas recicladas (una reforma a la Ley Orgánica de la Policía Nacional Civil, PNC) o superficiales (la promoción de la educación en moral y valores cívicos). GANA, por su parte, enfatizó el fortalecimiento institucional (sin especificar, por ejemplo, cómo pretende robustecer a la PNC), la ampliación de las facultades de las Fuerzas Armadas, una reforma al código penal (a pesar de que éste ya sufrió interminables modificaciones). El partido hizo caso omiso de la prevención y la rehabilitación y se negó a apoyar un -muy necesario- incremento de los impuestos.

 

Finalmente, la propuesta del FMLN es la más extensa de todas y evidencia algún esfuerzo por identificar los problemas de El Salvador, sus causas, y sus posibles respuestas. Es también el único documento que expone una visión de país (libre de exclusión y discriminación, solidario, autodeterminado e independiente), que admite que el cambio es un proceso gradual, y que reconoce que el país tendrá tanta democracia como el pueblo quiera. La propuesta del FMLN gira en torno a la economía (empleo decente, salario digno, seguridad social, pensiones dignas, reforma fiscal progresiva), la seguridad (prevención, participación social, recuperación de espacios públicos, rehabilitación, fortalecimiento del aparato de seguridad y justicia, control de armas), y además al fortalecimiento del Estado de derecho y de los derechos humanos. Aunque el partido se pinta como fuerza revolucionaria, en vista de los desafíos que enfrentan al país, las ideas que presenta parecen más bien sentido común.

 

ARENA, el FMLN, y GANA tenían grandes expectativas ante los comicios: el primero quiso recuperar el terreno perdido en las elecciones de 2009; el segundo pretendió ganar 43 diputaciones (la mayoría simple); y el tercero esperó convertirse en la tercera fuerza del país.

 

 

El 11 de marzo

 

Las elecciones del 11 de marzo implicaron un enorme esfuerzo logístico. Mientras en 2009 se abrieron 461 centros de votación, en 2012 el número de centros casi se triplicó (1,148) y se crearon mas rutas en las que se transportaron las actas hacia San Salvador. En un intento por transparentar el proceso electoral, el TSE decidió colocar todas las actas en Internet para que pudieran ser auditadas por todo aquel que tuviera curiosidad sobre el devenir de los comicios. En esta ocasión también fue notable el despliegue operacional y el profesionalismo de parte de la PNC. El día de las elecciones muchas Juntas Receptoras de Votos abrieron tarde por dificultades logísticas y se reportaron algunos intentos de fraude. Sin embargo, se percibió un mayor nivel de tolerancia entre los militantes de los partidos políticos, y en su mayoría la votación ocurrió en tranquilidad. Inesperadamente, se produjeron pocos votos nulos, pero el conteo de votos –por ser más complicado que en años anteriores- se prolongó durante muchas horas. Quizás una de las facetas más destacables de estas elecciones fue el hecho de que el incremento en el voto residencial no aumentó la asistencia de votantes. Al contrario, la abstención llegó al 48%, parecido a los niveles alcanzados en 2006 y 2009.

 

 

Los resultados y sus implicaciones

 

ARENA y el FMLN emergieron como los principales ganadores de las elecciones. El partido derechista evidentemente no se ha visto afectado por la separación de GANA e incluso registró un crecimiento de entre 16 mil y 18 mil votos en comparación con los comicios anteriores. El partido de gobierno, por su parte, perdió unos 140 mil votos en un lapso de tres años, sobre todo en el departamento de San Salvador. Durante su vida electoral, ésta es la primera vez que el FMLN no crece en número de votantes. En la Asamblea Legislativa la distribución de escaños se da de la siguiente manera: ARENA 33 (uno  más que en 2009), FMLN 31 (cuatro menos que en 2009), GANA 11, CN 6, y el resto de curules se divide entre los partidos pequeños. Los candidatos independientes quedaron fuera de las diputaciones ya que ninguno recibió ni siquiera 1% de los votos en sus respectivos departamentos. Una vez más, los resultados evidencian la fuerte polarización de la sociedad salvadoreña. Aunque algunos de los partidos menores sobrevivieron, la mayor cantidad de votos la alcanzaron nuevamente ARENA y el FMLN. La pregunta es: ¿cuyos votos recibió GANA y cómo configurará este partido la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa?

 

A nivel municipal, ARENA ganó 116 alcaldías, el FMLN 85, la CN 23, GANA 16, y las 26 restantes se reparten entre los partidos pequeños. En San Salvador Norman Quijano se impuso ampliamente sobre Handal y Aguilar. El candidato arenero no cumplió muchas de sus principales promeses de su campaña anterior (como la creación de un Metrobus en el centro de la capital), entró en conflictos con los vendedores ambulantes, y se dedicó mayormente a medidas cosméticas (como el embellecimiento de parques y plazas, la recolección de basura). Sin embargo, parece haber consolidado una importante base de apoyo entre la clase media de la ciudad. Además de ganar siete de los 14 municipios del Área Metropolitana de San Salvador, ARENA se apoderó de nueve de las 14 cabeceras departamentales y tendrá en ese poder territorial un importante espacio de influencia política de cara a las elecciones presidenciales de 2014. Simbólicamente fue importante que ARENA también le arrebatara al FMLN comunas que eran consideradas bastiones “rojas.” Aunque Oscar Ortiz consiguió su cuarta reelección como edil de Santa Tecla, el partido de izquierda fue derrocado en localidades como Apopa, Ilopango, y Mejicanos, y la pérdida de Soyapango, gobernado por el FMLN desde 1997, fue un duro golpe para este instituto político.

 

¿Cómo se explican estos resultados? Primero, el FMLN cometió algunos errores de campaña. Mientras ARENA instó al voto por persona, el partido de izquierda pidió el voto por bandera, aunque las encuestas reflejaban que una mayoría de electores buscó participar más activamente en los comicios y se inclinó por marcar las caras de los candidatos. Segundo, en el ámbito municipal la gente votó según resultados más que ideología. En estas elecciones surgió el votante pragmático, un votante que se compromete con ningún partido o candidato de antemano o para siempre, sino que emite su voto a cambio de recibir algún beneficio y que está dispuesto a negarlo a una administración que no trabaja por su bienestar. Según esta interpretación, la insatisfacción con ciertos gobiernos locales se convirtió en un rechazo a formas particulares de gestión y en el caso del FMLN afectó sus posibilidades de conservar las alcaldías emblemáticas del Gran San Salvador.

 

Tercero, parece que las campañas políticas no motivaron el voto de casi la mitad del electorado. Mientras ARENA no aumentó su caudal de votantes significativamente, el FMLN perdió un número importante de votos, sobre todo entre la clase media urbana que en 2009 -inspirada por un discurso esperanzador- votó por Funes e inclinó la balanza a favor del FMLN, pero cuya ilusión por un proyecto novedoso se esfumó con el paso del tiempo. Al partido de izquierda no le lastimó un voto de castigo (que resulta de la transferencia de votos hacia otras formaciones políticas), sino el alto abstencionismo. Éste se debe al desencanto por los magros frutos logrados en áreas como la seguridad y la economía; al hecho de que los programas insignias de la administración Funes (la entrega de paquetes escolares o el Programa de Apoyo Integral al Ingreso (PATI), una iniciativa de capacitación vocacional para jóvenes de bajos recursos) no llegan a la clase media urbana; y al hecho de que el FMLN recurre a un discurso revolucionario para levantar la moral de la militancia, pero en la práctica no asume su papel como agente transformador de la sociedad.

 

Cuarto, los pleitos entre Funes y su partido han erosionado la confianza de que esta administración será realmente de esperanza y cambio. Insinuando que a veces es gobierno, pero a veces no, el FMLN ha querido beneficiarse de algunas medidas del gobierno Funes (como la entrega de útiles escolares o la incipiente reforma de salud), pero se ha distanciado de otras (como la designación de generales retirados a los cargos de Ministro de Justicia y Seguridad Publica y de Director General de la PNC).

 

Quinto, el FMLN se ha convertido en un nuevo defensor -e integrante- del estatus quo, recurriendo a prácticas políticas que se toman en base de conveniencia partidaria y no por el bien del país y que el partido anteriormente criticó con vehemencia. Algunos de los ejemplos más sonados incluyen su actuación para frenar las sentencias de la Sala de lo Constitucional de la CSJ; su posición frente al decreto 743, aprobado en 2011 con el cual se intentó obligarle a la Sala de lo Constitucional a resolver inconstitucionalidades solo por unanimidad; y el pacto con GANA para repartir las magistraturas de la Corte de Cuentas. Detrás de este cambio está el hecho de que la alianza guerrillera -dedicada a las transformaciones sociales y políticas- después de los Acuerdos de Paz se convirtió en partido político y entró al juego electoral.

 

Los resultados obtenidos en los comicios de 2012 tendrán importantes implicaciones tanto para las políticas del gobierno Funes como para la aprobación o la reforma de leyes, la elección de los magistrados de la CSJ y del Fiscal General así como la aprobación de préstamos internacionales y del Presupuesto General de la Nación. Como es el caso en la actual legislatura, los partidos tendrán que lograr consensos. Desde que ARENA perdió la presidencia en 2009, mantuvo una férrea oposición contra las propuestas de Funes y el FMLN, pero partidos como GANA, el CD, y la CN se han mostrado abiertos a apoyar ciertas reformas progresivas. El nuevo escenario obligará al FMLN de negociar con la bancada arenera más seguido para alcanzar acuerdos sobre temas claves. Si no se logran entendimientos, la Asamblea Legislativa puede entrar en parálisis y el gobierno Funes tendrá un margen de maniobra más restringido.

 

 

Las perspectivas para 2014

 

Sin duda, ARENA entra fortalecida a la contienda electoral de 2014. Norman Quijano. Ana Vilma de Escobar, Edwin Zamora, y Hugo Barrera son algunos de los que se mencionan como candidatos presidenciales por el partido tricolor. Se espera que GANA también presentará un aspirante, posiblemente el ex Presidente Tony Saca quien fue expulsado de ARENA luego de la derrota electoral de 2009. El FMLN, por su parte, pudiera decidirse por una persona surgida de las filas de la organización para poder ejercer mayor influencia dentro el ejecutivo. Sin embargo, el FMLN debería buscar un perfil moderado que resultara atrayente a un electorado mayoritariamente conservador. Entre los potenciales aspirantes suenan los nombres de Oscar Ortiz, el alcalde de Santa Tecla; Hugo Martínez, el actual Ministro de Relaciones Exteriores; y Francis Hasbún, el mentor político de Funes y actual Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia. Si quiere mejorar su fortuna electoral, el FMLN también debería reflexionar sobre qué tipo de partido y de izquierda quiere ser, reponer su relación con el movimiento social, y revisar su capacidad estratégica  y de propuesta para poder atraer el un apoyo más allá del voto duro.

 

El panorama estará influido por cambios adicionales en el proceso electoral, tal como la implementación del voto residencial en todo el territorio nacional y el voto para los más de dos millones de salvadoreños en el exterior. Las reformas pendientes incluyen el abordaje del problema de subregistro de votantes (que se da porque la inscripción al registro civil es voluntaria); la concesión del voto a los pacientes hospitalarios así como los policías y militares activos; la institución de consejos municipales plurales para que se garantice la transparencia en la administración comunal; una regulación que permita que el TSE esté formado por personas independientes y no por miembros de los partidos políticos; la aprobación de una Ley de Partidos que regule el financiamiento y los gastos de campaña y reglamente el acceso a los medios de comunicación. Además, sería importante que se permitiera a los candidatos independientes de competir en condiciones más igualitarias. De todas formas, el resultado de las elecciones de 2014 determinará como se abordaran los principales problemas de El Salvador: la exclusión social, la violencia, el fortalecimiento institucional, y el medioambiente.

 

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Agregamos con gusto el enlace de una entrevista que el diario digital centroamericano Contrapunto hizo a Sonia Wolf. El artículo se llama “Sin estrategia integral, negociación fracasa”.

La autora fungió como observadora electoral internacional con el Centro de Intercambio y Solidaridad (CIS).