Si bien es sabido que la literatura puede comprender cualquier tipo de tema, salta la diferencia que existe entre letras y ciencias. Mientras la primera busca plasmar mediante el lenguaje estético, la segunda pretende únicamente reflejar el conocimiento con plena objetividad. ¿Cómo lograr conjuntarlos, de modo que cada uno cumpla con sus metas? Realmente es una tarea difícil porque, como primer argumento, la literatura es lenguaje personal y la ciencia es universal. ¿Cuál podría ser un elemento común entre arte y disciplina?

Autores como el mexicano Carlos Chimal (1954), activo divulgador de la ciencia, han indagado la manera de construir el conocimiento científico a través de la literatura. Por cierto, dicho escritor estudió tanto Lengua y Literaturas Hispánicas como Química, ambas en la unam. El planteamiento que se propone este autor es seguir una reconciliación entre ciencia y arte, es por ello que en la novela El viajero científico la trama no se inclina por el lado de la aventura que significa un viaje por el mundo. El autor no se preocupa mucho por la construcción de sus personajes, sino que persigue una búsqueda que implica más que una simple historia.

La novela presenta tres episodios importantes para la historia de la ciencia. Es así como tres adolescentes: Tibi, Poli y Mario, en compañía de su tío científico, viajan para conocer y descubrir “ La ciencia antigua”, “La ciencia moderna” y “La ciencia contemporánea”. Tal vez como lectores busquemos la aventura que significa un viaje por el mundo: conocer las costumbres de Grecia, París o Ginebra; empero, nos seduce la ciencia… imaginar aquellos lugares memorables en donde los grandes científicos como Newton, Einstein o Laplace construyeron el conocimiento nos lleva a otro tipo de viaje.

Establecido el panorama general de El viajero científico, me pregunto si ¿es válido el recurso literario para manifestar conocimientos objetivos y comprobables?, ¿no sería mejor un ensayo de corte académico para difundir etapas y aportaciones de la ciencia?, ¿para qué hacer uso de personajes que no podemos explotar literariamente? La anécdota en sí es el pretexto, si la quitamos no pasa nada, lo realmente importante es descubrir las huellas de científicos que seguiremos estudiando por años. Sin embargo, resulta interesante en la novela de Chimal que intenta involucrar al lector mediante personajes cercanos a la realidad: no les gusta la ciencia. Este recurso nos persigue: si no estamos al tanto de la ciencia, el autor nos guiará de la mano a la par de Poli, Mario y Tibi.

Tal vez el lector no pueda conocer en la “vida real” los lugares en los que se construyó el conocimiento científico, pero curiosamente el narrador no nos da cuenta de ello. ¿Dónde quedaron las descripciones, los recursos estilísticos? Abiertamente podemos afirmar que El viajero científico se acerca más a un texto de divulgación científica, en donde el hilo conductor es que los personajes principales están descubriendo ideas, épocas, personas y personajes, historias y un sinfín de conocimientos.

He aquí un texto valioso. Sin elementos literarios muy elaborados, descubrimos que el conocimiento se encuentra en todos lados: tanto en las ciencias como en las artes. Ambas se complementan para formular una serie de juicios con relación al universo y sus componentes (seres humanos, naturaleza, sentimientos). Dicho regreso a la universalidad del conocimiento es lo que hace de la novela algo propositivo. Tal vez debió dar mayor peso a la parte literaria porque también es importante conocer la personalidad de los adolescentes, del tío y disfrutar una buena descripción de París, mientras los personajes pasean por los museos o cuando entran a una conferencia. Sin embargo, es una buena propuesta por orillarnos a recordar que todo lo que sabemos de la materia que tenemos es, en buena medida, gracias a los padres de la ciencia.

Así pues, El viajero científico del mexicano Carlos Chimal constituye un medio más para empaparnos de conocimiento. Si no somos exigentes y duros con el narrador, podemos disfrutar la historia sin preocupaciones. Las dudas saltarán si nos interesa la búsqueda de elementos literarios, pero no podemos juzgar a la ligera cuando se trata de unificar dos áreas opuestas, como lo son la disciplina y el arte. En mi opinión la novela trasciende justo desde el punto de vista de la unidad, del regreso a la universalidad, de la majestuosa época en que tú podías ser matemático, abogado y pintor. Suena difícil, mas no imposible… ¿Por qué no apoyar la historia que propone que seamos un poco de científicos y literatos al unísono?