La relación entre México y Cuba se ha complicado en las últimas dos décadas. Desde que el gobierno mexicano decidió suscribirse a la agenda de Estados Unidos y dejó de ser contrapeso -el “hermano mayor”, se autonombraba no sin cierta arrogancia- entre la América sajona y la latina, la solidaridad entre ambos países decayó hasta un gélido reconocimiento. El momento más vergonzoso fue aquel intercambio telefónico de marzo de 2002 entre los presidentes Vicente Fox y Fidel Castro, cuando el primero casi desinvita al segundo a la Cumbre de las Américas, estampa de nuestra historia reciente conocida como el “Comes y te vas”. El desdén elegante por parte de Cuba ocurrió el año pasado, cuando en las charlas que rehabilitaron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba se prefirió la intermediación del Vaticano en vez del país que durante tantos años había sido mediador.

En ese contexto aparece el documental Entre Cuba y México todo es bonito y sabroso de Ídalmis del Risco, actriz cubana avecindada en México, donde ha trabajado como productora y directora.

Del Risco no evade el tema del distanciamiento -muestra al cómico cubano Virulo burlándose bonito del hocicón de Fox- pero prefiere concentrarse en lo que une a los dos países. Y es generosa en su muestrario: inicia con las aproximaciones históricas, que vienen desde los tiempos de la Conquista, cuando Hernán Cortés llevó al continente a indígenas cubanos para ayudarlo en las batallas, hasta el apoyo de los artistas e intelectuales mexicanos a la Revolución Cubana. Entre estos extremos se habla de las estadías en México de José Martí o Julio Antonio Mella, y por supuesto se hace énfasis en cómo Fidel Castro entrenó allí a los guerrilleros que después derrocarían a Batista e impondrían el régimen socialista en la isla.

Pero Del Risco se vale del testimonio de Diego Eliseo para remarcar que en el vínculo entre México y Cuba son más importantes los ídolos populares que los próceres, y es cuando viene el mejor momento del documental: una exploración por la música, el cine, la danza, el deporte y la literatura que ha transitado entre los dos países, apenas separados por un charco de agua, como describe alguno de los entrevistados que toma su cerveza en la playa.

La documentalista busca el equilibrio entre las aportaciones de los dos países. Si bien pone énfasis en la supremacía de la música cubana -y sin embargo la adopta México y le otorga matices propios-, al hablar del cine reconoce mayor legado del lado mexicano, aun cuando hayamos importado a las bailarinas cubanas que después fueron las legendarias rumberas de las películas de arrabal.

El otro plano de semejanzas viene de las imágenes. A propósito se busca la confusión entre las calles del puerto de Veracruz o Campeche con las de La Habana. Del Risco acerca una idea que no termina de fijar. Y es que entre estas tres ciudades se desarrolla una cultura única, que no tiene relación, ni con el resto del territorio mexicano, ni con las otras islas del Caribe. La isla cubana y el oriente de México tienen más que correspondencias: son una región inédita, con elementos criollos, negros e indígenas que no se repiten -al menos con la tesitura de los sones, con el sazón de los platillos, con los barrocos arquitectónicos o literarios- en todo el mundo.

Estas intuiciones no crecen por las limitaciones del documental, que es eficiente en su información, prolijo en su material audiovisual -se agradecen hallazgos como las charlas de Alejo Carpentier o Eliseo Diego-, casi sobrio en su ideología -aunque son inevitable las loas al régimen castrista, vía intelectuales de izquierda como Paco Ignacio Taibo II o Elena Poniatowska-, pero no llega a una propuesta visual que eleve el documental a otros niveles. Ante la especialización del género en las últimas décadas, Entre México y Cuba todo es bonito y sabroso parece un material educativo de los años ochenta. Y sin embargo se agradece el esfuerzo: una forma de recuperar y revalorar una relación abollada entre los dos países, en la que es más importante la complicidad de los pueblos que las estrategias geopolíticas de los gobernantes.

Entre Cuba y México, todo es bonito y sabroso (2015), Producción de Carlos Sánchez Sosa, Dirección y guión de Ídalmis del Risco, Fotografía de Gerardo Ruffinelli, con testimonios Rosita Fornés, Eusebio Leal, Paco Ignacio Taibo II, Elena Poniatowska, Eugenia León, Francisco Céspedes, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Armando Manzanero, Alejo Carpentier, Roberto Fernández Retamar, entre otros. 82 min.