Hace una semana, el 4 de marzo, Brasil y la región se conmocionaron. Luiz Inácio “Lula” Da Silva, expresidente brasileño, con una buena imagen internacional, y reconocimiento por haber disminuido la pobreza y erradicado el hambre en su país, era llevado por la fuerza para prestar declaraciones en el marco de la investigación que ha revelado un multimillonario esquema de corrupción en la empresa estatal de petróleo, Petrobrás.

La operación “Lava Jato”, como es llamada por las autoridades judiciales, ya ha resultado en el arresto de diversas figuras políticas de alto peso, como José Dirceu, exministro de la Casa Civil (Presidencia). Sin embargo, escalar hasta Lula significaría un golpe mortal a un Partido de los Trabajadores (PT) que pasa un momento difícil con el cuestionado segundo gobierno de Dilma Rousseff, y que todo apunta a que tenía en mente nominar a Da Silva para un nuevo mandato.

De acuerdo con una hipótesis lanzada por el periodista Luis Nassif, la conducción de la operación Lava Jato, y en particular, la persecución hacia el expresidente, tiene tintes políticos, ligámenes internacionales, y todas las características de un “circo mediático”, para destruir su imagen, y a la vez, llegar a una sentencia que le impida aspirar por tercera vez a la presidencia.

Nassif plantea que a partir de la década de los 70, apoyar las dictaduras militares para promover sus intereses se volvió “ineficiente” para la política exterior de los Estados Unidos, por lo cual su nueva estrategia se enfoca en acercarse a los poderes judiciales, y estimular ONGs con influencia, para hacer presión política. Dentro de este esquema se encontraría la operación Lava Jato, además de las operaciones contra la corrupción en la FIFA, que también afectaron a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

Para conocer más sobre este tema, y si maneja el portugués, puede leer el artículo completo de Nassif. Esta información en español

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