Una bolsa negra, una mujer y el cemento frío. Algún lugar de la ciudad de Lima. Un cartel que indica cuántas como ella murieron, y la gente que camina… se detiene o no, lee el cartel o no, se sorprende o no, desconfía o no, pregunta o no, insulta o no.

Esta escena la recrea una y otra vez Susana Vásquez, una artista plástica limeña de 26 años que busca visibilizar los feminicidios que ocurren en Perú, aquellos asesinatos a mujeres por su condición de ser mujer. Vásquez, que estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes y trabaja como profesora de arte, mezcla su carrera con la militancia feminista. Su arte además de objetual, sugiere y perturba.

Desde la universidad la problemática de género es parte de su obra. Entre otras intervenciones, realizó una que llamó Las Horas de Latinoamérica: un conjunto de cajitas que contenían un reloj cada una, un cartel que con el nombre de una ciudad del continente, y el tiempo promedio en el que asesinan a una mujer allí. Cada vez que se cumplía el tiempo, sonaba la alarma del reloj.

Pero Vásquez quiso ir más lejos, sensibilizada con el tema y las marchas que cada vez son más convocantes, decidió sacarlo al espacio público. Para una problemática que, según estadísticas, crece y recrudece en la intimidad (en Perú el 67% de los asesinatos a mujeres son ejecutados por la pareja o familiar cercano en el hogar), volcarlo al espacio público, hacerlo visible, no es tarea fácil. Así comenzó el año pasado su primer proyecto performático: Las Horas Heridas.

“Caminan dos chicas (Vásquez es una de ellas) en el espacio público, vestidas normal. En un momento una de ellas se cae al piso (como si se desmayara). La gente reacciona, porque piensa que es verdad, y la otra chica la cubre con el plástico negro y encima le pone un cartel que dice: ‘En Perú cada 71 horas es asesinada una mujer por violencia de género’. Esto lo hago en algún punto de Lima y lo repito a las 71 horas en otro lugar dentro de la ciudad”, explicó a Distintas Latitudes.

A través de una llamada de Skype, Vásquez busca las palabras con la mirada hacia el techo. Se acomoda el cerquillo o mira los documentos sobre la mesa que demuestran lo que siente. No hay palabras que traduzcan el dolor que comenzó a palpitar cuanto más se involucraba en la causa, cada vez que escuchaba la noticia de otro feminicidio, “como si fuera un familiar”, dijo.

Para explicar su obra, diferencia los espacios, lo que le ha generado cada uno de ellos y la gente que los habita. No es lo mismo ser mujer y caer muerta en el piso del Centro de Lima, en un barrio pudiente, o en la periferia. No es lo mismo ser mujer y caer muerta en el piso delante de un hombre, de otra mujer, de un niño. Ni en un centro comercial, en una plaza, o delante de un guardia de seguridad. “En el centro, donde hay muchos turistas, trabajadores de oficina y centros comerciales, la gente se queda a ver la acción, la rodean y comentan entre ellos. En los espacios más pudientes, como Miraflores o el Parque de la Amistad, la gente pasa, quizá lee, pero no se queda a mirar, sigue su recorrido”.

A comienzos de mes, Vásquez se fue a la ciudad de Cusco, junto con otras chicas, a realizar otra versión de Las Horas Heridas, esta vez la llamó: La Línea del Tiempo. “La hemos hecho con diferente cantidad de mujeres, la idea es que van muriendo en dominó. Dos mujeres caminan, una se cae, la otra la cubre, sigue caminando y se cae, otra la cubre, y así sucesivamente. Cada una tiene un cartel con los años con los que contamos estadísticas de feminicidios, del 2009 al 2016. Es como una línea de tiempo de la muerte”. Una performance que repitió en Comas hace una semana, un “Cono” o barrio periférico de Lima, “un espacio nuevo y bastante más agresivo que los otros”. “Nos insultaron mucho, la gente fue muy  agresiva verbalmente. No había nadie que quedara indiferente, algunas mujeres se asustaban, otros nos mandaron a nuestras casas. Un señor que pasó borracho se detuvo delante de cada una de nosotras  a decirnos que ´eso nos pasa por contestarle a los hombres´”, contó Vásquez.

En general, la artista percibe que frente a la performance los hombres tienen respuestas más agresivas y las mujeres de susto o curiosidad. Ha visto algunas veces parejas que pasan de la mano, la mujer quiere mirar, pero el hombre le apura el paso. También le han querido sacar los zapatos, tomarle de la mano. Una vez debajo de la bolsa escuchó que le quisieron tirar agua, y hasta le han pegado algún puntapié. Los peatones siempre leen en voz alta lo que indican los carteles, como reafirmando el mensaje. Y a pesar de la indicación, “la gente tiene el morbo de si hay un muerto debajo de la bolsa o no”, explicó.

Cuando una mujer cae muerta al piso con una bolsa de basura negra encima de su cuerpo y un cartel que explica que hay cientos como ella que cayeron muertas, muchas veces entra la duda y la desconfianza: ¿Será cierto que en el 2010 asesinaron a 139 mujeres por violencia doméstica en Perú?

Varias situaciones marcaron a la artista, pero dos han sido fuertes: cuando en un centro comercial le dijeron que estaba haciendo una “payasada” y la echaron; y en el Parque de la Amistad (en un barrio pudiente de Lima) las señoras no dejaban que sus niños (que “son los más curiosos”) vieran la performance porque se iban a asustar o simplemente porque no quisieron explicarles de qué iba. “Llama la atención porque muchos de los feminicidios son presenciados por niños de la familia, quienes también sufren la violencia doméstica”, reflexionó la artista.

Pero también existen las experiencias que valen la pena. Como la historia del señor que esperó en el Parque Kennedy que terminara la performance con su hijo de diez años para que Vásquez le cuente qué son los feminicidios. También la señora que la abrazó y le dijo que es muy importante lo que está haciendo. Arte sugerente.

A lo largo de la charla Vásquez da vueltas entre anécdotas, impresiones y reflexiones, pero hay ciertas emociones e ideas que predominan en su línea de pensamiento y sentir: que el doble discurso (léase, hipocresía) de la sociedad es lo que nos está matando. Lo otro es la rabia. El dolor. Abajo de la bolsa pasa todo: la incertidumbre y la vulnerabilidad; el dolor y la bronca; mucho miedo; pero también, y aunque Vásquez no lo mencionó: mucha, mucha valentía. El sentir que son pocas las personas que logran empatizar con aquellas mujeres que ya no están (en el 2015 fueron 95, según datos del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables de Perú); ni con las que siguen vivas soportando la violencia de género: en mayor o menor medida, todas.

Definitivamente, Vásquez es parte de una nueva generación de feministas comprometidas que comparte nuevas ideas y experiencias. Sacan al feminismo de la academia, el aula, el diálogo, la marcha y el trabajo académico, para llevarlo a la calle.

La Línea del Tiempo. San Felipe, Comas, Lima:

Línea del tiempo – San Felipe, ComasGloria Alvitres Aliaga, Mako Puente, Caro Galleta Handrez Garcia Nadia Cuadros

Las horas heridas 发布于 2017年6月22日