Filo de la Llata es un escritor poco convencional: versátil no sólo en géneros literarios, también en actividades profesionales. De aficionado a los videojuegos pasó a trabajar en Rockstar Games, una de las firmas más importantes a nivel mundial, enfocado en Grand Theft Auto (GTA) un juego que revolucionó el sector por su narrativa interactiva. Ahora es el primer mexicano en el Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Cambridge. Filo de la Llata es uno de los 22 autores del continente americano que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una iniciativa para destacar la nueva literatura del continente. Distintas Latitudes conversó con Filo sobre los videojuegos, la literatura, los viajes y el amor, sus cuatro grandes motores.

Filo, ¿cómo te acercaste a la literatura?

Mi primer acercamiento fue a partir de la narrativa de los videojuegos cuando era niño. Fueron los que me empezaron a mover al mundo literario. Por ejemplo, Don King Kong, PacMac, Super Mario Bros., y sobre todo La Leyenda de Zelda. Los videojuegos fueron los que me abrieron al mundo literario. Fue ahí que me dije: «Tú puedes crear nuevos mundos a partir de tu imaginación», por más cliché que suene.

¿Qué es la narrativa de los videojuegos?

Es unir la complejidad de varios mundos. Desde la programación, el diseño y tener una ficción interactiva. Es la posibilidad de hablar con el que está realizando la acción, el que juega. Todo videojuego vive en un ambiente simulado, pero finalmente sigue tu gran narrativa. No puedes predecir exactamente qué va a hacer el que juega, o las otras millones de personas. No puedes saber cómo van a interactuar con tu ficción. Y por eso siempre hay bugs (errores de programación) que hay que corregir. Pero a final de cuentas, todo tiene que ver con que alguien escribe una historia, y otro alguien está siguiendo y jugando esa misma historia. Los videojuegos son literatura interactiva, con diferentes canales, con posibilidad de cambiar errores, corregir bugs, pero sin cambiar lo narrativo. Esto, la necesidad de contar historias, es algo muy humano. Es lo que el ser humano lleva haciendo miles de años, aunque los videojuegos parezcan algo muy moderno.

¿Cómo entraste al equipo de GTA, uno de los juegos más importantes a nivel mundial?

Estaba en Berlín trabajando en otra compañía de videojuegos. Hubo una oportunidad de entrar al equipo y por eso mi esposa y yo nos mudamos en 2014 a Gran Bretaña. Estaba con el equipo mexicano de GTA, éramos cuatro en total, parte de la familia Rockstar Games. Nos dedicábamos a hacer todas las cuestiones mexicanas o latinas del juego: idiomáticas, diálogos, cuestiones comerciales, entre otras cosas.

¿En tu familia hay personas que se dediquen a la literatura?

No realmente. Mi papá se dedica a negocios en general. Es un vendedor nato. Se ha ligado a la política, pero se mueve en muchos ámbitos. Mi mamá es más administradora. Es una persona que trabajó por ella misma desde muy joven. Ella nos crió. Ninguno estaba ligado a la literatura per se. 

¿Cómo empezaste a escribir de manera formal?

Desde muy chico empecé a escribir pequeños cuentos, a los 12 o 13 años. Escribía cuentos que siempre tenían secuelas. Me encantaba la idea de ir creando en secuencia. A los 20 años me empezó a llamar más la atención como para hacerlo profesionalmente. Antes de eso escribía, pero nunca lo enseñaba. El primer libro, Escuadrón 20-20, lo publiqué a mis 30 años.

¿Cómo decidiste que ibas a hacer literatura juvenil?

Como tengo tanta influencia de los videojuegos, que es una industria que está muy enfocada a un público joven, fue algo natural. Significaba la posibilidad de crear ficciones, mundos, historias para ellos. Los jóvenes están más dispuestos a creer en mundos fantásticos, lo que para un adulto suele ser más difícil.

Háblanos del Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Cambridge

El programa se divide en varias etapas y niveles. Es muy variado. Puedes escribir ficción o no ficción. Mis expectativas son seguir en el Programa. He aprendido muchísimo sobre lo que significa escribir. Es un lugar ideal para ver cómo funciona la ciencia, la literatura, la creatividad.

¿En qué momento empieza tu ímpetu por viajar, por salir?

Yo ya tenía ganas de salirme de la Ciudad de México, que es una ciudad que amo, pero necesitaba salir. Realmente, mi primer gran viaje fue por amor. Conocí a los 20 años a una chica de Alemania que me preguntó si me iría a vivir con ella. Y sí: de Coapa me fui a Berlín, donde viví durante 10 años. Fue una mezcla de mucho amor y mucha pasión por conocer más allá de mi lugar de origen. Conocí más de 23 países en esos años. Se lo recomiendo a cualquiera, sobre todo a los escritores. Viajar permite conocer, ampliar horizontes, pero también apreciar lo que uno tiene. Permite entender quién eres y por qué eres como eres. Te hace realmente entenderte. Después de Berlín me mudé unos meses a Japón para investigar cómo funciona la industria de los videojuegos. Fui a ver cómo estaba la onda, ver prospectivas para trabajar allá. Estuve tres meses. Fue de mis mejores experiencias de vida: Nagasaki, Hiroshima, Osaka.

¿Por qué no te quedaste en Japón?

Otra vez: por amor. Tenía que regresar a mi casa. Regresar a donde está tu chica.

Ahora que has mencionado varias veces el tema, ¿cómo concibes el amor?

El amor es el motor más vital para todas las cuestiones que haces. Es un motor que te permite hacer y empujar. Es como un tren que te mueve a velocidades increíbles. Y luego puedes ir embonando tus metas profesionales, creativas, a ese tren. El verdadero amor es lo que mueve a la humanidad. Es lo que te permite dejar tu lugar de origen, tu punto de partida, para recorrer el mundo. Uno está anclado a muchas cosas, no sólo a su lugar de origen, y a eso también hay que darle su importancia. Pero el amor mueve muchas cosas tanto en lo creativo —en la literatura— como en lo social.

¿Qué se va a saber de Filo en el corto, mediano plazo?

Pretendo seguir expandiendo mi ámbito literario. Traigo varios proyectos de cuentos. Pero no sólo la literatura. Ése es otro de mis motores: la creatividad. Continuar haciendo proyectos. Me fascina el proceso de tener una idea, plasmarla y hacerla realidad. Lo importante es seguir creando, independientemente de a qué te dediques.

¿Te ves varios años más en Reino Unido?

No lo sé. Es difícil saberlo por la coyuntura política, por el Brexit, pero si seguimos por acá, seguramente nos la vamos a pasar bien. Los ingleses nos han acogido a todo dar.

Si tú fueras un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y cuál tu desenlace?

Me gustaría que fuera como un Frankenstein, que se hizo de muchas partes, de muchos gustos, de muchos aprendizajes. Y que el desenlace fuera incierto, que dependiera de la visión de cada espectador.

Lee aquí el cuento de Filo de la Llata en el Proyecto Arraigo/Desarraigo