En 2015 perdieron sus cosechas por la sequía y en los primeros meses de 2016 se han quedado sin casa debido a las lluvias torrenciales: los habitantes de Haití son una muestra de cómo las emisiones contaminantes de los más ricos provocan el cambio climático que afecta a los más pobres.

Tierra de paradojas: en febrero de 2016, al menos siete personas murieron y 9,600 viviendas fueron dañadas luego de las inundaciones ocurridas en el norte de Haití, en contraste con la sequía que acabó con el 75% de las cosechas en algunas regiones durante el año anterior.

En un país donde la mitad de la población económicamente activa vive de la agricultura, la escasez de lluvia, agravada por el calentamiento global, tiene hoy a 3.5 millones de personas en inseguridad alimentaria y a 1.5 millones de ellos en situación de peligro agudo, de acuerdo con Naciones Unidas.

Pero el contraste no se encuentra tanto en el clima de Haití, como en la estimación siguiente, de la organización internacional Oxfam: la mitad más pobre del mundo, unos 3,500 millones de personas, sólo genera un 10% del total de las emisiones contaminantes del planeta, pero viven mayoritariamente en los países más vulnerables al cambio climático.

Oxfam, especializada en los temas de la pobreza y la desigualdad, estimó que aproximadamente el 50% de las emisiones a nivel mundial puede atribuírsele al 10% más rico de la población del planeta.

La huella de carbono media del 1% más rico de la población mundial podría multiplicar por 175 a la del 10% más pobre, y sin embargo son estos últimos quienes sufren con más rigor las consecuencias del cambio climático, de acuerdo con el informe La desigualdad extrema de las emisiones de carbono, publicado en 2015.