Lesbiana, pobre, mujer, morocha, “marimacho”. Todas las etiquetas en una sola persona. Sí, una persona: Eva Analía De Jesús (43 años), más conocida como “Higui” (por su parecido con el arquero colombiano René Higuita), estuvo presa de octubre del 2016 a junio de 2017. El delito: matar a un hombre que la golpeó (junto con su grupo de amigos) e intentó violarla (de forma “correctiva”). El 12 de junio, luego de que su nombre apareciera en miles de pancartas en cada manifestación feminista que se realizó en Argentina mientras estuvo presa, fue excarcelada.

La injusticia está a la vista. A Higui, el grupo de hombres que la atacó la hostigaba por ser lesbiana desde hace años. A Higui, la Justicia nunca le tomó en cuenta que el homicidio fue en defensa propia, que hace años sus agresores la perseguían, ni estimaron su testimonio de haber sufrido un intento de violación y empalamiento. Al caso de Higui, el único movimiento que lo apoyó y visibilizó fue el feminista.

LA HISTORIA

Aquel día, el 16 de octubre de 2016, Higui visitó a su hermana en la localidad de Bella Vista, Buenos Aires. Más específicamente, al barrio Lomas de Mariló, donde vivió buena parte de su vida junto con su familia. Pero hace 15 años se fue, porque un grupo de hombres del barrio la amenazaba con violarla por “tortillera”; la llegaron a herir y le quemaron la casa.

“Te voy a hacer sentir mujer, lesbiana”, le dijo Cristian Rubén Espósito mientras se le venía encima, el mismo que antes la perseguía. Higui sintió sus golpes, el de sus amigos. Sintió como le rompieron la ropa y el bóxer. La iban a violar, pero se defendió con una navaja que llevaba consigo justamente por si la atacaban. Logró escaparse, quedó inconsciente y con la cara deformada por los golpes; Espósito muerto por una puñalada en el pecho. Esa misma noche la policía se la llevó detenida. Todo el odio sobre una persona: Higui quedó presa; sus agresores en libertad.

Lo que sigue son una sucesión de hechos inconexos y deliberados por parte de la Justicia durante su caso. Quedó imputada por homicidio simple con prisión preventiva, sin que sus ropas rasgadas fueran peritadas, o los golpes en su cara y cuerpo fueran registrados, o simplemente la viera un médico. Hasta los policías se rieron en su cara cuando dijo que la habían querido violar. Su caso no fue tratado por una fiscalía de género, como ha pasado con casos similares.

Ahora, ya fuera de la cárcel, Higui espera el juicio oral en libertad, y los colectivos feministas se movilizaron el pasado lunes 12 de junio ante el Congreso de la Nación para pedir que la absuelvan. Higui, que prometió levantar “sus banderas como hicieron con la mía”, se enteró de su liberación a pura emoción, grito y baile: