El cronista colombiano y el periodista chileno cerraron la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo (ForoCAP). Durante una hora reflexionaron sobre la legitimidad del humor para denunciar y contar historias, así como el impacto que éste tiene sobre los autoritarios

Por: Arysbell Arismendi

San Salvador – El Salvador

Hay un mundo donde la gente se ríe de los débiles. Hay otro mundo donde la gente ni siquiera se ríe. Y hay un tercero donde la gente prefiere reírse del poder ¿Cuál de los tres corresponderá al buen humor, ese del que puede hacer uso el periodismo?

El Foro Centroamericano de Periodismo, organizado por El Faro del 15 al 20 de mayo en San Salvador, cerró con una noche de risas. El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos y el periodista chileno Patricio Fernández, fundador y director del semanario de sátira The Clinic, condujeron un conversatorio con la finalidad de responder cómo se puede hacer periodismo con humor sin perder credibilidad.

Con botella de whisky en mano y un aforo lleno de prominentes periodistas de Centroamérica y Suramérica, ambos concluyeron que el buen humor es aquel que se ríe de sí mismo y no de la fragilidad del otro. Aquel que no vulnera el derecho a la dignidad. Aquel que prefiere reírse del poder, porque ante el humor el poder está desarmado.

Lo que legitima al humor es la capacidad de reírse de sí mismo…Y el punto intermedio está en hacer un humor que no vulnere el derecho a la dignidad. Hacer un humor que puede ser incluso ácido, agresivo, pero que no vulnere la dignidad del prójimo. Hay una frase de Joseph Corran que dice: la caricatura consiste en poner una broma en el cuerpo de la verdad. Yo creo que el humor también es una forma de buscar la verdad”, dijo Salcedo Ramos desde una pequeña tarima en la Sala Ernesto Tovar del Museo de Arte de El Salvador, donde no faltaron carcajadas, chistes y hasta anécdotas íntimas.

El cronista recordó que el expresidente Álvaro Uribe Vélez había estado desde altas horas de la madrugada del sábado, insultando a un comentarista colombiano que siempre se refiere a él con humor. Su más grave ofensa fue llamarlo payaso. “Yo me preguntaba por qué a los autoritarios les molesta tanto el humor. Les molesta porque dinamita el fanatismo, porque ellos no tienen cómo argumentar”.

El mundo de los fanáticos, advirtió Fernández, quizás sea el más peligroso para la humanidad. “(Los fanáticos) creen que el mundo no es para la risa porque poseen una verdad. Se creen poseedores de una verdad y quieren prohibir el humor. Yo no estaría dispuesto ni siquiera a prohibir el humor de un fascista”, dijo el chileno frente a un espacio que también reunió a personalidades del mundo artístico y académico del país centroamericano.

Al periodista le hace falta contar la fiesta

Cuando la selección colombiana de fútbol perdió ante Paraguay 5 a 0 durante el mundial de 2006, y después 4 a 0 contra Argentina, a los pocos días sucedió un hecho que conmocionó a la ciudadanía: las fuerzas armadas revolucionarias secuestraron a once diputados de Valle del Cauca, el segundo departamento más poblado de Colombia. La población estaba molesta con su selección y con la guerrilla. Mientras, aparecía un graffiti en una calle de Bogotá que decía: “Secuestraron a los 11 que no eran”.

Este fue el ejemplo de Alberto Salcedo Ramos para justificar que es posible reírse en medio de la guerra y la violencia, y argumentar por qué al periodismo le hace falta plasmar la gracia y la ocurrencia en medio de las desgracias. “El periodismo, por lo menos el que yo hago, el narrativo, se echa mucha mano de la pornomiseria, la pobreza, el infortunio, la calamidad. Y a veces escribimos sobre situaciones difíciles donde el protagonista se sabe reír de sí mismo y nosotros no reflejamos eso. A menuda la gente que está allá, del otro lado, se sabe reír más que nosotros”.

“Cuando, por ejemplo, vemos a los niños viviendo en la calle, está claro que estamos ante una tragedia, pero dile a esos niños que se regresen al albergue. Ellos conocen una fiesta en la que viven y que jamás el periodismo se ha dignado a contar, porque parece ser que contradice lo bien pensante”, agregó Fernández, quien resaltó que el humor es un desactivador de la violencia que habita más en la desgracia y la precariedad, que en la comodidad y la vida establece y que, por lo tanto, los periodistas no deben perderlo de vista.

Con este conversatorio cerró la séptima edición del Foro Centroamericano, que esta vez contó con la participación de más jóvenes periodistas y brindó un cronograma extenso de talleres y foros para reflexionar sobre temas que aquejan a la región latinoamericana, como el fin de la guerra en Colombia y la realidad de los nuevos refugiados de Centroamérica.