En Centroamérica ya existían tres experiencias. Una en Heredia, Costa Rica, la segunda ciudad más importante después de San José, y también en la interna de la Universidad de Costa Rica. En Guatemala se hizo una experiencia simbólica y temporal por un par de semanas. Pero la experiencia de El Salvador fue sacada de contexto. Un proyecto que reunió a 20 artistas jóvenes que pintaron seis pasos de cebra en una de las intersecciones más importante de San Salvador, recaudó fondos de comercios y particulares, y recibió atención mediática y miles de reacciones homofóbicas.

A partir de la madrugada del 23 de junio, los pasos de cebra con los colores de la bandera de la comunidad LGBTI en el corazón de la ciudad, donde se cruzan el Boulevard de los Héroes y Avenida de los Andes, tampoco pasaron desapercibidos para el famoso alcalde de la ciudad, Nayib Bukele, y su equipo.

Todo eso en un país que carga con una cruda violencia y una de las tasas de homicidio más altas del continente. En lo que va del siglo XXI más de 600 salvadoreños han sido víctimas de ataques y crímenes de odio. Pero se estima que la situación podría ser peor, ya que la Fiscalía mantiene una gran reserva sobre estos casos. La Policía Nacional tampoco ha logrado sistematizar los casos de abusos contra las personas LGBTI, ni ha modificado los procesos para registrar la identidad de género de las víctimas de los delitos, lo que invisibiliza los crímenes de odio.

“El gran espectáculo del cielo”: el arcoíris, con sus seis colores (rojo, naranja, amarillo, verde, azul y morado), ahora brilla en todo un cuadrante, tomando seis pasos de cebra. Allí donde comienza el centro comercial más grande de la ciudad y donde circulan más de 47 mil vehículos por día. Todo surgió en la cabeza de Nicolás Rodríguez, un activista LGBTI que hace algunos años se fue a vivir a Estados Unidos, participó como voluntario de diversas marchas del orgullo y vio como se han creado las pintadas de cebra en el norte.

En un comienzo, implementar la idea en San Salvador sonó descabellado, pero se fueron sumando ideas y aportes de los artistas Alejandro Córdova y Dani Ruiz para hacer el sueño posible. Para Córdova, detrás del acto más visible de defensa y visibilización de derechos LGBTI, también existe una profunda necesidad de cuestionar el arte. “A la mayoría de las personas de este país cuando les preguntas qué piensan con respecto a la pintura te hablan de la que usamos para pintar la casa, jamás en un cuadro. El arte parece un hecho ridículo, porque su incidencia es mínima. De ahí que las personas que dieron el brochazo en el suelo son artistas de una generación que los pusimos a pensar sobre el acto de pintar, porque pasando ese rodillo por el suelo hicieron algo con repercusiones inimaginables. La propuesta no fue que hicieran un mural ni hacer nada especial, solo ir como un albañil a dar el brochazo”, dijo a Distintas Latitudes.

Parte de los grandes logros para realizar la intervención artística fue la aprobación del Viceministro de Transporte para su ejecución, tener custodia de la Policía Nacional (“fue la primera vez en mi vida que me sentí protegido por la Policía Nacional”, dijo Córdova), y la recaudación de 1.200 dólares.

“No somos Canadá, acá no existe Justine Trudeau ni hay una celebración nacional por esto, acá hay odio, eso es lo que hay”, reflexionó Córdova.

El Faro, un medio digital nacional, fue el único que realizó una cobertura sobre la pintada. Hasta el momento, el vídeo en redes sociales tiene más de 75.000 visualizaciones y cientos de mensajes ofensivos y de odio, que cuestionan los permisos para realizar las pintadas, el origen de los recursos, pero, sobre todo, demuestran la resistencia contra las personas LGBTI. La noticia se replicó en el resto de los medios nacionales, que, según Córdova, “es complicado porque se vio mucha información deprimente y fea. Esto dio pie para que la gente hablara y es interesante reflexionarlo porque esperábamos odio, pero no imaginábamos tanto. Estamos ante un panorama desolador”.

En cuanto al alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, su relación con la comunidad LGBTI es delicada. “Bukele ha sido constantemente cuestionado porque en todos sus años de intensa campaña política no ha mostrado apoyo a ningún tema controversial, es un tipo políticamente correcto. Por lo que fuimos a tocar su puerta buscando apoyo para la pintada y nada. Pero al otro día de la intervención su comando antibandalismo comenzó a pintar de blanco una de las cebras hasta la mitad. El alcalde dijo no tener ni idea de lo que había pasado, pidió disculpas, y envió fuegos artificiales para la celebración del Día del Orgullo”, explico Córdova.

A los días de realizada la intervención, el artista se volvió a acercar a la pintada. La señora que vende dulces en la esquina se mostró contenta con la intervención porque había quedado bonita y ayuda a que no hayan tantos accidentes allí. Para el artista, “es algo interesante porque es parte del chiste de la pieza, que también es para el peatón, y peatones somos todos, sin importar la orientación sexual”.