Por Alba León

La longevidad entre los japoneses ha hecho que muchos busquen, busquemos, seguir una dieta similar por razones de salud, o incluso vanidad. Sin embargo hoy en día, quienes llegan al centenario en Japón no tienen las mismas ventajas que quienes lo hicieron incluso el año pasado. El gobierno japonés acaba de anunciar que las copas de sake obsequiadas a quienes cumplen 100 años, tendrán un diámetro de 9 centímetros, en vez de 10.5, lo que no es de despreciarse puesto que la copa ceremonial de sake es de plata sólida.

Quizá este dato parezca trivial, pero es un buen indicador de los problemas económicos y sociales por los que pasa Japón en estos momentos. Para muestra: en 1963 cuando se comenzaron a obsequiar las copas, sólo 153 japoneses celebraron su cumpleaños número cien; para el año pasado había 19,768 centenarios, y el número sigue creciendo. Esto conlleva buenas noticias médicas pero ciertamente indica también un problema económico y político que se profundiza a medida que pasa el tiempo. La crisis global ha repercutido gravemente en la economía japonesa, que se apreciaba en recuperación después de su década perdida, y que hoy parecería necesitar un cambio de dieta urgente.

El gobierno de Taro Aso—el tercero desde que Junichiro Koizumi renunciara como Primer Ministro en 2006—se ha visto envuelto en un drama de la vida real con todos los ingredientes estándar: un poco de intriga política, problemas económicos exacerbados por una crisis internacional sobre la que no tienen control y no podemos olvidar la “medicina para el resfriado”. Aso, ha llevado a su partido, el Liberal Democrático (PLD) a sus peores niveles de aprobación en la postguerra, y se cree que pronto abandonará el puesto, aunque la oposición no necesariamente genera más confianza que el PLD.

Una de las últimas crisis en el gabinete de Aso ha ahondado la preocupación que los votantes tienen de su gobierno. “Puede causar somnolencia, comportamiento errático y confusión”; rezaba el letrero del medicamento para el resfriado que tomó supuestamente el Ministro de Finanzas Shiroichi Nakagawa antes de su presentación en una conferencia de prensa relacionada con el G-7 en Davos. La imagen del ministro  cansado y desorientado durante el foro de las economías más poderosas del mundo, es una muestra más de los problemas que aquejan al país, tanto en el plano económico como en el político. No es casualidad que el mundo entero pusiera los ojos en él; después de todo era el encargado de llevar por buen camino a la economía japonesa, y el programa del Primer Ministro Aso.

Si recordamos el comienzo de la crisis económica y financiera mundial, Asia era considerada como una región poco vulnerable a los problemas económicos de occidente, pero el  mundo interconectado ha llevado a que las consecuencias de la desaceleración económica se sientan en todo el mundo. Muchos de los países asiáticos han sufrido caídas en sus bolsas, así como en el valor de sus monedas. Japón, que depende principalmente de sus exportaciones tecnológicas y automotrices está sufriendo. Por un lado empresas como Toyota, NEC y Nissan se encuentran en ‘reestructuración’, lo que conlleva la pérdida de empleos, y que viene a ahondar los problemas económicos, sobre todo la caída de los salarios y el aumento de precios en términos reales.

Antes de 2008 los japoneses de la postguerra no estaban acostumbrados al fenómeno inflacionario, que ahora se hace patente sobre todo en el mercado de alimentos. Con el aumento en los precios, hasta en 1.2 por ciento, a lo que la población no está acostumbrada, y sin un aumento de salarios, el ahorro en Japón se ha convertido en un problema mayúsculo. Y es que los japoneses ahorran porque su percepción sobre la economía es mala. Consideran que deben ahorrar para un futuro incierto, así la efectividad de la propuesta de rescate económico por dos trillones de yen (21 mil millones de dólares) se ve cuestionada porque no hay reactivación de la economía por medio del consumo.

No podemos decir que Japón, a pesar de sus problemas económicos, haya perdido importancia en el plano internacional. Después de todo fue la primera parada de la Secretaria de Estado estadunidense, Hillary R. Cllinton, y Taro Aso fue el primer Jefe de Gobierno en visitar la Casa Blanca con la administración de Barack Obama. Pero Aso no se ha distinguido por ser un líder discreto, y ha logrado distanciar tanto a China como a Korea nuevamente, lo que puede ser costoso en términos políticos y económicos, en tanto que Japón es altamente dependiente de sus exportaciones a esos países.

Por lo que se refiere a América Latina y el Caribe, Japón tiene una política doble, que por un lado busca hacer más eficiente su producción, lo que implicaría cerrar plantas a lo largo y ancho del continente. Pero la política japonesa también está orientada a abrir el comercio con un mercado de más de 550 millones de personas, por lo que el gobierno ha pedido a sus contrapartes americanas que dejen de lado el proteccionismo, para que su economía no se hunda, sobre todo por el déficit de la balanza comercial, que ha llegado a los 6 mil 157 millones de dólares.  Por otro lado América Latina y el Caribe son también una fuente importante de alimentos y recursos materiales, y Japón busca nuevamente acercarse a la región.

Hay otro problema en la sociedad japonesa, el de la pirámide poblacional. Si bien en occidente admiramos la longevidad en este país—y las copas de plata que se obsequian—lo cierto es que hay un declive importante de la fuerza de trabajo, que algunos sugieren podría ser compensado con inmigrantes. Pero para ello se necesita repensar la forma de ver la inmigración, incluso en los niveles más altos de gobierno. Taro Aso no es muy receptivo de los no-japoneses, ni siquiera de las minorías que existen actualmente en el país, y lo hace notar con fuerte vocabulario.

Hay quienes dicen que quizá los japoneses deberían probar nuevamente con elementos de su dieta, y dejar de probar remedios occidentales “para el catarrito” económico, que han probado ser poco eficaces para curar la economía del sol naciente. Entre las propuestas se encuentra precisamente darle cabida a la migración. Sólo el tiempo dirá si el gobierno de Taro Aso sobrevive a la crisis o si, efectivamente, se reconfigura la Dieta.