La palabra Writer se desliza en su muñeca derecha, a pesar de que ya no escribe a mano. Jennifer Thorndike es esencialmente escritora, novelista. De Lima, Perú, pero con un apellido de origen inglés, se crió en una familia de clase media: papá, mamá y un hermano que de joven se fue a vivir a Estados Unidos. Luego lo hizo ella, con su marido, para realizar un doctorado (que está terminando) en Estudios Hispánicos en la Universidad de Pensilvania. De 33 años de edad, tiene ya dos novelas escritas —Ella (2012) y Esa muerte existe (2016)—, una tercera en proceso y varios cuentos. Thorndike escribe para mostrar el lado oscuro de la vida, ese que no siempre se quiere ver. Jennifer es parte de los 22 autores del continente americano que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una iniciativa para destacar la nueva literatura del continente.

En medio de un viaje de vacaciones por Europa, Thorndike —de pelo rizado y rubio, mirada fija y lentes de armazón grande— responde estas preguntas a Distintas Latitudes a través de Skype:

¿Quién es Jennifer Thorndike?

Lo que más me define es que soy escritora. Por dos razones: primero, es lo que siempre quise hacer, y segundo, porque es la única manera en la que puedo ser alguien. A través de lo que escribo me defino como persona. Tengo un tatuaje que dice Writer en la muñeca de mi mano derecha, aunque ya no escribo más a mano. Ser escritora implica ser lectora, es lo que me da la forma de pensar. Para mí pensar es muy importante, pensar en lo que está sucediendo y cómo interpretarlo a través de la escritura.

¿Por qué no escribes más a mano?

Empecé escribiendo poesía, que nunca publicaré porque soy muy mala en eso. En aquel entonces escribía a mano, pero desde que empecé a escribir narrativa lo hago en la computadora. Creo que soy de una generación que empezó escribiendo bastante en computadora, así que nunca llegué a escribir largos textos a mano. Era una costumbre hacerlo así, se me hace más fácil. Creo que la mayoría de los escritores utiliza computadora.

¿Qué es para ti la escritura?

Primero fue un medio para poder decir lo que quería decir, y luego se convirtió en algo para cuestionarme por qué sigo escribiendo. Eso me ha pasado muchas veces. La escritura se vuelve menos pura, porque cuando uno es más joven y empieza a escribir no hay una industria detrás que está pensando si tu libro va a tener éxito o no. Yo creo que al principio te conformas con que te lea un número pequeño de personas, y estás bien con eso, pero luego quieres más lectores. Mi proyecto lo tengo claro, creo que si cediera a cambiar eso para mí la escritura se habría terminado.

¿Ahora vives en Estados Unidos?

Yo nací y me crié en Lima, donde cursé mis estudios de pregrado, en una Licenciatura en Comunicación. Hace seis meses me fui a vivir a Filadelfia para cursar un doctorado en Estudios Hispánicos, relacionado con cultura, arte, cine y literatura. El doctorado ya lo estoy terminando y me voy a mudar a Illinois a trabajar en un college [institución educativa].

¿Cómo es vivir en Estados Unidos en la era Trump?

La situación de cualquier migrante en Estados Unidos es difícil. Yo fui legal, y no me imagino cómo puede ser para una persona que está ilegal. Dentro del ámbito académico, que es en el que me muevo, hay mucha gente que piensa como él y no tiene problema en decirlo. Eso me chocó mucho.

¿Qué te parece la situación actual de la mujer en la literatura latinoamericana?

Creo que esta generación, la de los setenta y ochenta, está haciendo cosas interesantes y de muy buena calidad. Pero a pesar que se ha avanzado, el camino de una escritora siempre es difícil. Muchas personas en mi país dicen que a las escritoras nos cuesta más trabajo llegar al lector masculino. Yo soy de las que cree que si quieres comprar un libro, lee la descripción y llévatelo, por más que el autor sea un hombre o una mujer.

¿Con qué género te identificas más?

Con la novela, definitivamente.

¿Cómo fueron tus comienzos como escritora?

Empecé cuando tenía 14 años. En ese momento veía y sentía cosas que creía que tenían que ser expresadas. Era muy fan de Hermann Hesse, y me marcó mucho su libro El lobo estepario, con un personaje principal depresivo. De ahí viene esa tendencia de escribir sobre lo oscuro, sobre lo más difícil de asimilar. Primero comencé con la poesía porque me parecía que escribir cuentos era más difícil, pero a los dos años empecé a escribirlos.

¿Qué personas han sido importantes para tu carrera de escritora?

La persona más importante ha sido mi esposo. Se llama Francisco Ángeles, es peruano y también escritor. Ha sido mi primer lector y mi primer crítico, y un crítico duro porque siempre me dijo las cosas claras. También me ha influido en lecturas que yo no conocía.

¿Qué te ayudó a definir tu estilo propio?   

Lo que me ayudó principalmente fue la lectura, leo muchísimo todo el tiempo. Fueron determinantes las primeras novelas que leí de Hermann Hesse, José Donoso, Luisa Valenzuela, Tomas Bernhard, Ágota Kristof. También tengo mucha influencia del cine y de la teoría política. Cuando empecé el doctorado fue determinante haber leído a Michel Foucault y Hannah Arendt. Eso me ha ido moldeando esta forma de escribir. Siempre estoy atenta a lo que me gusta de los libros que leo para ver qué puedo sacar de ellos. Uno escribe en base a su lectura y a sus vivencias. Además tomé un solo taller cuando estaba en Perú, pero creo que no me sirvió de mucho.

¿Qué temas te impulsan a escribir?

Me interesa mostrar ese lado oscuro o sórdido de la vida que muchas personas no quieren ver. Cuando lees un libro mío no te vas a encontrar con una lectura feliz, no son libros para entretener, sino para pensar. Quiero que generen lo que me ha pasado a mí con las obras que más me gustan, me han mostrado algo que no sabía, o que sí sabía pero que no quería ver. Lo hago con la idea de incomodar. Las dos novelas que he escrito son fuertes, tensas. No hay descanso en ningún momento para el lector, te dan golpes todo el tiempo, y en eso de golpearte puedes salir noqueado, no vas a salir ileso en ningún momento. Me interesa que el lector esté al borde del abismo, que se sienta tocado y conmovido. Tengo una obsesión con lo que tiene que ver con estos comportamientos asociados con la maldad: cómo una persona llega a cometer ciertos actos que se podrían decir malos o incorrectos. Un tema que me obsesiona mucho es el de la muerte, los asesinatos. Quiero entender cómo una persona que nunca te imaginas puede terminar haciendo algo así. Por ejemplo, mi segunda novela trata de una mujer que asesina a su hermana. Fue fuerte de escribir porque quería averiguar cómo puede existir tanto odio entre dos personas tan cercanas. Y mi tesis tiene que ver con la representación de la enfermedad en la literatura. Quiero mostrar ese lado oscuro, mostrar esas cosas que sabes que ocurren pero que no te llegan a tocar. Hay toda una tendencia de escritoras latinoamericanas que tienen esta forma de retratar el mundo, como Lina Meruane de Chile, Arianna Harwicz y Mariana Enriquez de Argentina y Guadalupe Nettel de México.

¿Cómo vives el proceso de escritura?

Mis novelas siempre las he escrito rápido, en cuestión de tres meses. La segunda la escribí mientras hacía mi tesis, fue toda una proeza. Le dedicaba dos horas diarias, todos los días. Para mí escribir es sufrido, meterme en los personajes me hace sufrir, termino agotada cuando escribo. Por eso no puedo escribir por periodos de tiempo muy largos, siempre han sido cortos. La novela que estoy escribiendo ahora me va a tomar más de tres meses porque es larga. Van a ser unos meses bastante intensos.

¿A quién le escribes?

Quizás es un error, pero la verdad es que no pienso en el lector cuando escribo. Si estuviera pensando en lo que le va a gustar al otro, sería traicionarme. He tenido suerte, mis dos novelas han llegado a públicos diferentes, aunque llego bastante a mujeres por una solidaridad de género. La primera novela lo hizo más a un público de mujeres, inclusive mayores que yo, porque la protagonista es una mujer mayor. Y mi segunda novela le gustó mucho a gente más joven. ¿Qué pasará con mi tercera novela? No lo sé, a veces te sorprende la gente que te termina leyendo.

¿Qué preocupaciones tienes?

Mi mayor preocupación es llegar a un público más amplio, a más cantidad de lectores. Todos los escritores queremos que nos lean más, es un reto el cómo hacerlo. Otra preocupación es el tema de la competencia, está muy presente y lo he vivido en el doctorado de forma muy cercana también. La gente compite mucho porque el grupo de lectores es muy pequeño. En mi tercera novela aparece algo de eso. La idea sería conseguir más lectores para todos y no competir por este mercado pequeño, deberíamos ser más solidarios entre escritores.

¿Para cuándo la tercera novela?

No sé cuándo va a salir, pero espero que sea en diciembre máximo. Ya tengo escrita una parte.