A Jesse Tomlinson siempre le ha gustado la literatura y asegura que en el fondo siempre quiso ser escritora. Sin embargo, no empezó a escribir hasta que inició su carrera como traductora literaria. En ese espacio encontró una voz a través de otros autores. Originaria de Canadá, Tomlinson ahora vive en Guadalajara, y está enamorada de México, país en el que cree que puede encontrarse de todo. Esta fue la conversación que la traductora y autora tuvo con Distintas Latitudes. Jesse Tomlinson es uno de los 22 autores del continente americano que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una iniciativa para destacar la nueva literatura del continente.

¿Cómo fue tu acercamiento a la literatura?

La literatura me ha gustado desde muy joven, siempre he leído mucho. De hecho, cuando era niña no había cable en mi casa, teníamos películas, con un VHS, pero las mismas películas las tenías que ver una y otra vez, y eso era todo. Y leímos mucho, y así desarrollé mi gusto por leer y por la literatura a través de mi vida. Luego, cuando asistí a la universidad, hice una carrera en Filosofía, y eso me abrió muchísimo las puertas a la literatura. Me encanta la filosofía antigua, de Platón, de Aristóteles, de Sócrates, las obras de Séneca, que es uno de mis autores favoritos. También tengo mucho interés en la mitología griega. Desde mi adolescencia he leído obras como La odisea. Me encantan sus personajes y el pensar que antes la gente creía en eso como ahora creemos en las religiones, hay gente que cree con todo su corazón en el cristianismo, en el islam, en el judaísmo, y a mí me llamó mucho la atención que antes en el mundo se creía en esa mitología. Tengo también no una carrera principal en inglés, pero sí un minor, como le denominamos.

¿Cuándo empezaste a escribir por primera vez?

Me vienen a la mente unas cartas que escribía en la adolescencia. Pero realmente la traducción es lo que me ha impulsado a escribir. Siempre he querido ser escritora, pero nunca he escrito cuentos que se hayan publicado…, hasta ahora. Escribir por medio de la traducción me quitó mucho miedo. Hay muchas inseguridades en escribir, porque si es bueno, en mi opinión, es muy honesto, y es muy brutal. Y eso da mucho miedo. Creo que esa es la razón por la que no escribía. Pero cuando empecé a traducir literatura, encontré una voz a través de otros autores. Y eso realmente es mi comienzo como escritora: a partir de la traducción.

¿Cómo definirías “encontrar una voz a través de otros autores”?, ¿cuál es el proceso de escribir algo escrito por otra persona a una lengua distinta?, ¿siempre hay aportaciones propias del traductor?

Claro. Si tú vas a traducir un texto a tu idioma nativo, vas a tener que ubicar a los personajes del texto original en tu cultura, porque tienes que dar sabor y vida a esos personajes. Y no son personajes que simplemente están flotando en el aire. Es decir, si queremos que esos personajes estén en inglés, tenemos que decir de dónde vienen, primeramente, si vienen de Inglaterra, Australia, Estados Unidos o Canadá, y en qué cultura inglesa van a estar; eso es lo primero que hay que decidir.

El proceso que yo hago para traducir es leer el texto varias veces para encontrar sentimientos y sentidos en él. Y lo que yo hago luego es, en pocas palabras, traducirlo furiosamente, porque traduciendo ya estoy adentro de la historia, adentro del cuento. Y me emociona ver cómo va a sonar en inglés, cómo va a cobrar vida en inglés, mi lengua madre.

A veces, mientras traduzco, hasta sudo, porque estoy como el escritor, justo haciendo la historia, dándola a luz. Y luego hago un borrador y dejo opciones en el texto, coloco una palabra y una barra inclinada con otra opción, regreso al texto original y lo comparo con mi traducción para asegurar de que realmente estoy diciendo lo que el autor original tiene escrito. Y eso es muy importante, porque en esa fase del trabajo casi siempre encuentro algo que yo he puesto que no es el sentido original del texto. Luego inicio la edición y produzco un borrador final, que entrego a los editores.

Yo soy la traductora de español-inglés de los cuentos de Proyecto Arraigo/Desarraigo. En este caso, termino el cuento, lo edito, lo mando a un editor, me lo regresa, lo trabajo de nuevo, y después tengo la increíble suerte y el gusto de mandar el cuento a los propios autores. Hasta esta entrevista he traducido dos cuentos, y las autoras han revisado las traducciones y me han ayudado mucho. Ése es un gusto enorme, porque puedes tener el visto bueno del escritor, y ese es como el sello de «bien hecho».

¿Cómo terminaste en México?, ¿qué ha significado para tu carrera?

Lo ha significado todo para mi carrera. México me ha dado todo lo mejor de mi vida y de mi carrera. Me mudé aquí en 2008 y conocí al mexicano que sería mi pareja. Ahora tenemos dos hijos y yo llevo ya ocho años viviendo aquí.

En Canadá, siempre tuve el deseo de conocer otra cultura, y con tanto interés en el español y en Latinoamérica, quería mudarme a un país hispanohablante. Y sucedió en 2008: tomé la decisión de dejar mi país y mudarme a México. Empecé un negocio de enseñanza de inglés y trabajé aquí varios años, y después entré en la Maestría en traducción e interpretación, que terminé en 2011. Después empecé a trabajar en traducciones e interpretaciones, siempre con la idea de querer enfocarme en traducción literaria.

Todos decían que en eso no hay dinero. Todos quieren hacerlo y nadie puede porque no hay dinero, o muy pocos lo consiguen porque no está muy bien pagado. Ahora, como no soy solamente traductora, sino también talento en inglés, soy intérprete, hago también grabaciones de voz, en vídeos, soy traductora certificada por el Estado… Con todo eso he podido hacer un negocio. Claro que es dificilísimo si solamente te dedicas a la traducción literaria, pero como tengo diferentes especialidades, me mantengo a flote.

¿Te gusta viajar?, ¿cuáles son los destinos que más te llaman la atención?

Me encanta. Tengo muchas ganas de conocer más lugares en México. No sé si es por la influencia de los mexicanos, pero uno empieza a sentir que todo se encuentra en México. Porque hay tantos climas, y los lugares son tan diferentes, hay tanta historia, cultura… El próximo lugar que quiero visitar en México es Oaxaca, y luego Chiapas y Baja California Sur.

En Estados Unidos me encanta Nueva York. Es una ciudad increíble. Me fascina la vibra que uno siente estando allá. Y en Canadá quisiera regresar al oeste. Es una costa increíble, con mucha cultura indígena, cultura nativa canadiense. Cuando mis hijos crezcan un poquito, obviamente me gustaría hacer los recorridos por Europa.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Ahora estoy concentrada en un libro que acaba de salir sobre el arte y la escultura de Rafael Coronel, un artista mexicano muy importante. Tengo un libro de crítica de arte, que saldrá pronto, acerca de Rufino Tamayo, y otros cuatro libros de crítica de arte; Proyecto Arraigo, por supuesto, y siempre estoy haciendo traducciones para casas de mercadotecnia. Un proyecto con el que estoy muy emocionada es una antología de poesía: es de un profesor de la Universidad del Estado de Colorado y la verdad estoy aprendiendo mucho, porque él tiene muchas referencias clásicas en su poesía acerca del arte de los siglos XVI-XVIII y también de otros poetas contemporáneos de esas épocas. Está contemplado que salga a finales de este año.

¿En qué proyectos te gustaría trabajar en el largo plazo?

Estoy buscando libros de ficción, narrativa.

Si fueses un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y cuál tu desenlace?

Esa es una pregunta padrísima. Me encantaría ser Pippi Longstocking, de Astrid Lindgren. Es el primer personaje en el que pienso porque de alguna manera es mi ídolo.

Y hablando de mi desenlace, como sólo hay dos: muerte o casamiento —normalmente es lo que pasa al final de cada historia, la felicidad en pareja o la muerte—, entonces definitivamente la muerte es lo que va a pasar, pero espero que primero llegue la felicidad en pareja.