Texto y fotografías: Luis Cáceres Álvarez

La cosmovisión está presente en los reflectores, las cámaras y los micrófonos. Pero los rostros e idioma de diversos puntos del Perú han permanecido al margen. Ahora el noticiero Jiwasanaka (Nosotros) expone de manera masiva y con gran expectativa la cultura aimara (según el último censo nacional del 2007, eran 443 mil 248 quienes hablan el idioma. Actualmente, no hay una cifra exacta. Se habla en muchos casos que existe un millón de aimara hablantes), profundizando en temas necesarios para el poblador del sur andino. Mientras Ñuqanchik, el primer noticiero de TV Perú en quechua, ya camina solo, los aimaras están adaptándose al sistema. Sobre todo a trabajar de madrugada.

“Cuando se propuso Jiwasanaka en la alta dirección tenían la idea de que iba a ser solo una réplica del noticiero quechua. Yo les dije que no puede ser así. Son públicos diferentes. Tendrán la misma cosmovisión, pero los intereses son diferentes”, sostiene Carol Ruiz, Directora de Programas en Lenguas Originarias.

Ha pasado una semana del histórico estreno. Es lunes 1 de mayo, Día del trabajador. Son las 4:21:43 a.m. Walter Escobar Cotrado está leyendo atentamente su pauta. Está vestido para la ocasión: camisa blanca y chaleco negro, con franjas de rombos y líneas de colores llamativos. Falta media hora para salir al aire. Una quincena de periodistas teclean, jerarquizan las noticias de los primeros programas del día. Mientras que al otro extremo, Alberto Flórez Escarcel (productor), Vilma Mamani Armas (locutora en off), Piero Espíritu (redactor), Arnold Delgado (editor) y Patricio Camazca (asistente de producción) van de un lado a otro entre las 48 computadoras y 14 monitores verticales que contienen el iNews o “guión vivo”, que construye líneas de tiempo, muestra cuál es el estado de los videos y, también, conecta a redactores, realizadores audiovisuales y productores.

Rita Choquecahua, su compañera, llega del cuarto de maquillaje con una pollera y un mantón carmesí que cubre una larga trenza, una que alcanza hasta debajo de su cintura, y un sombrero hongo mostaza.

—Rita, Kamisaraki —saluda Walter.

—Buenos días a todos —responde.

Alberto se acerca. Da algunas indicaciones. Los tres hablan en aimara mientras todos alrededor gritan y ordenan contenidos de la pauta del programa de las 5 a.m. Carol ha cambiado los titulares:

—¿Ya están tus créditos? ¿Todo está cargado? Vayan subiendo —dice cuando son las 4:40:05 a.m. Se frota las manos. Lee una pauta. Subraya—. ¿De cuándo es esa información? —pregunta. Con una mirada penetrante, Carol quiere saber cómo va la edición en la sala. Mientras sus conductores se preparan. Rita ríe. Walter memoriza.

A las 4:47:49 a.m. la jefa ordena: “¡Rita, Walter! ¡Vayan!”. Están contra reloj. Desean suerte. Dan las manos a los demás miembros del equipo. Se apresuran al set. Faltan dos minutos para salir en vivo y en directo. Llegan. Tres camarógrafos y un jefe de piso los reciben. Ajustan los micrófonos inalámbricos. A sus posiciones.

El turno de madrugada empieza a la medianoche. Ocho horas más tarde se desayunará. Y después a descansar. De dos a cuatro de la mañana se siente la tensión en el ambiente. Es el punto álgido de la sala de redacción. Pero siempre se cambian detalles a escasos minutos de estar “al aire”. Por ejemplo, Rita tenía que empezar, pero hicieron que Walter iniciara. “Hoy tuvimos que memorizar”, dice Walter. “Eso sucede. Las noticias son así”, complementa Rita.

No seleccionaron a los conductores exclusivamente por la audiencia que podrían generar, sino por ser representativos del espíritu del público al cual se dirigen. El primer requisito fue que los candidatos hablaran el aimara desde la casa. La segunda valla fueran periodistas.

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Rostros que unen al mundo aimara

¿Por qué no habrá espacios donde hablen de nuestras chacras, nuestra agricultura, nuestra ganadería, nuestras costumbres, pero fundamentalmente en nuestra lengua?, se preguntaba Rita, mejor conocida como Miski Panqarita (“Linda flor”) en Puno hace más de una década. Ella recuerda que desde niña siempre tuvo el sueño de pertenecer a la televisión: “Nos sentimos aislados. Todo está focalizado en las capitales. En este caso, Lima”.

A Miski Panqarita siempre le ha gustado vestirse con polleras (faldas largas) y mantón de diversos matices. Bailar también, herencia de su madre y abuelas. La gente le daba ánimos de seguir su sueño: “Tú eres bien carismática, ¿por qué no vas a la televisión?”. Así ingresó a la prensa local. En el 2004 se propuso armar un espacio que difundiera las danzas puneñas y la música latinoamericana, teniendo la oportunidad de lucir diversos trajes típicos en cada presentación. Actualmente no sabe el número exacto de cuántos trajes ha lucido, pero un hecho es irrefutable: las casas de alquiler de Puno y Juliaca se peleaban por contactarla. “Rita, ¿dónde estás? ¡Queremos vestirte!”, le dicen. Así empezaría a trabajar por canjes: “Yo los mencionaba a cambio de que ellos me vistieran. Y hacíamos una introducción pequeña. Como yo bailaba también, antes del programa, hacíamos un pasito y decíamos: ‘Esta danza viene de tal zona’ (quechua o aimara), si era danza agrícola o guerrera”, ríe sonrojada mientras relata.

Rita es profesora de Educación Inicial, se especializó en Educación Bilingüe Intercultural y en Lingüística Aimara. Ha desempeñado su profesión en lugares recónditos, donde este idioma es prioridad. Fue presentadora y conductora de televisión en Puno, del 2006 al 2016. Antes de Jiwasanaka, uno de sus mayores orgullos fue ser copresentadora de la Festividad de la Virgen de la Candelaria realizada por TV Perú. “Necesitaba concentrarme demasiado. En captar lo que te están diciendo y dirigirme a todo un público nacional e internacional. Me encantó”, narra. Y es madre de una niña de siete años. Vive con ella en Lima.

De esta manera cautivó los corazones de Pomata, su distrito, y de otros pueblos de su región, tanto de zonas quechua como de aimaras. Los telespectadores reconocieron enseguida la calidad del trabajo y, con la misma rapidez, empezaron a asociarla con el nombre. En la calle coreaban: “Hola, Rita. ¡Vamos! ¡Qué bueno que estés haciendo esto! ¡Sigue adelante!”. Sedujo con su mirada y sonrisa al sur andino.

A diferencia de Rita, su compañero en Jiwasanaka, tenía el sueño de convertirse en médico y estudiaba Enfermería. Walter no había pensado ser comunicador. Cuenta que cuando se preparaba para ingresar a la universidad, Pachamama Radio, un medio de alcance regional, convocó a un casting para bilingües y trilingües. Y como Walter manejaba el quechua por su padre (de la comunidad de Huerta Huaraya, del distrito y provincia de Puno), el aimara por su madre (de la comunidad de Pusuyo, del distrito de Ilave, provincia El Collao) y el castellano, lo declararon ganador. “No sabía nada de radio, solo tenía compañeros y compañeras que iban a enviar saludos para tal sección, para tal grado, para tal colegio. No sabía cómo eran los micrófonos. ¿Cuadrados o redondos? No sabía. Yo creo que desde ese momento mi vida cambió. No me arrepiento porque me siento muy feliz de ser comunicador quechua-aimara”, dice.

Conducía el programa MarkasaLayku de Pachamama Radio, y además de eso era docente. Iba a las provincias a realizar sus prácticas donde las radios locales lo llamaban para comentar música romántica y juvenil: rock, chicha y huayno. Se volvía conocido en su región por esa voz gruesa que lo caracteriza. En la actualidad, es licenciado en Lengua, Literatura y Comunicación, con segunda especialización en Educación Intercultural Bilingüe (EIB), magíster en Lingüística Andina y Educación. Forma parte de la Red de Comunicadores Indígenas del Perú (REDCIP). Y también es padre de dos niñas de cuatro y dos años.

Rita y Walter no tienen problemas con el teleprompter, ese aparato electrónico que refleja la redacción de la noticia sobre un trípode. En este caso, dos espejos, monitores y cámaras. Y una para el plano general. Los redactores ajustan el castellano para que Rita y Walter interpreten de la mejor manera posible. Ellos lo traducen en simultáneo. De inmediato. Poco a poco, se consolida como una metodología para alcanzar el producto deseado.

La primera semana fue ajetreada. Combatieron sus temores en 30 minutos de fama que TV Perú les dio. Pero, ¿cómo llegaron a ser los conductores de Jiwasanaka? En el caso de Walter, las noticias sobre lenguas originarias siempre llaman su atención. Después del estreno de Ñuqanchik escuchó a representantes del gobierno decir que pronto llegaría el noticiero en aimara. Estaba atento a esa convocatoria, a través de Internet. Y, también, Rita. Ella envío su currículo por courier. Hubo diferentes etapas para la selección. “Incluso la última, que era la presencial. Hubo hermanos de Tacna, Arequipa, postulantes de Lima misma. Muchos de Puno”, cuenta.

Al aire

A las 5:23:00 a.m. Clodomero Landeo y Marisol Mena, conductores de Ñuqanchik, aparecen en el set. Su jefe de piso los esperaba hace un buen rato. Es cambio de turno. Los regaña. Se apresura a colocarles en la espalda los micrófonos inalámbricos. Mientras Walter y Rita van cerrando la edición por el Día del Trabajo con declaraciones sobre la situación de los venezolanos en Perú, informes sobre 50 conjuntos de sikuris en Lima, el cajón peruano y una nota acerca del futbolista Paolo Guerrero. Las manos de Walter se mueven con mística andina y la sonrisa de Rita seduce a los televidentes, en su mayoría del sur andino. Ellos trabajan luchando contra el aislamiento de la lengua. Sus miradas a las tres cámaras en frente darán de qué hablar sobre cultura, salud, clima y política, construyendo senderos de conocimiento. Terminan. Walter abraza a Clodomero. Saluda a Marisol. Rita también. Desean suerte. Salen del set.

Walter se siente más suelto en el Día del Trabajador. Para ellos, lo importante ahora es familiarizarse con este nuevo estudio, el manejo de cámaras, los micrófonos, las islas de edición, generadores de efectos y textos. La magia y la ilusión que da la televisión los impresiona.

“Nosotros conocemos la lengua muy bien. Claro, hay ciertos términos que son propios de este sistema y que el aimara no posee como ‘prisión preventiva’, ‘justicia’, ‘congresista’, ‘Congreso’, entre otros”, señala Rita. “Eso lo decimos tal cual”, responden al unísono, mientras que Walter dice entre risas: “Me siento más cómodo cuando hablo el quechua y el aimara. Estoy en mi nido”.

Jamás olvidarán su primer día juntos como periodistas televisivos. Enrique Chávez y Jennifer Cerecida, presentadores de la edición matinal, estuvieron con ellos desde temprano. Dieron la posta a los nuevos integrantes de TV Perú. Walter y Rita saludaron en aimara a los hispanos y a los quechuahablantes, los primeros les respondían en aimara y seguían la interacción en quechua. Jiwasanaka tenía la bendición.

“Fue muy bonito. Enrique, tan hábil, en la primera aprendió el aimara que para otros es complicado. Lo vocalizo muy bien. Son personas abiertas. Nos dieron la confianza y seguridad para empezar el programa”, sostiene Rita. “Cuando me senté para despedir el programa. Enrique estaba con el pulgar arriba, motivándome”, revela Walter.

Recibieron saludos en aimara del presidente Pedro Pablo Kuczynski y de Salvador del Solar, ministro de Cultura. Rita entrevistó en estudios a Mercedes Aráoz y Cayetana Aljovín, vicepresidenta de la República y ministra de Desarrollo e Inclusión Social, respectivamente. Mientras Walter salía y entraba, subía y bajaba, porque debía entrevistar a Alfredo Luna, viceministro de interculturalidad, que estaba fuera del canal junto a colectivos aimaras. Danzas típicas del sur andino festejaron la creación de Jiwasanaka.

—Hay personas que piden subtitular el noticiero en español porque se sienten “excluidos”. ¿Si lo hicieran, perdería el sentido por el cual fue creado? —le preguntó Distintas Latitudes a los integrantes de Jiwasanaka.

—No se hace la traducción porque el equipo sea excluyente, sino porque este es un producto netamente para los aimaras hablantes. Por eso, hasta el horario es diferente. En todo caso, si tú quieres ser inclusivo o quieres incluirte, es la oportunidad de que aprendas y escuches. Es la ventana que abrimos hacia este mundo que por mucho tiempo ha estado relegado; una ventana que nos permitirá no solo poner en valor nuestra lengua madre, nuestras lenguas originarias, si no también ayudará a comprendernos más entre peruanos. El quechua es mucho más difícil que el inglés. Y el aimara más que el quechua todavía. Hablamos de una gran población que fue excluida por décadas, por siglos, y que ha estado obligada a aprender el castellano, obligada a escuchar noticias en castellano, obligada a tener toda su información en castellano, tratando de dejar de lado un poco su idioma. Y hasta ocultándolo, porque se tiene hasta el día de hoy la tonta idea que el quechua o cualquier otro idioma originario nuestro es sinónimo de pobreza o atraso. Pero, más que eso, es discriminación —sostiene Carol.

En el último censo nacional del 2007, la población total en el Perú era de 27.41 millones. Ahora, se bordea los 32 millones, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Y se señalaba que quienes tienen el quechua como lengua materna, con el que aprendieron a hablar, eran 3.36 millones, y aimara de 443 mil 248. Actualmente, no hay una cifra exacta. Se habla en muchos casos que existe un millón de aimara hablantes. Habría que esperar el censo de este año porque dará mejores y mayores luces para evidenciar eso y saber dónde están ubicados.

A través del canal 7 y del Ministerio de Educación, el 17 de enero de 1958 la televisión comenzó sus transmisiones en el Perú. Luego aparecería la televisión privada con los canales 4 (1958) y 5 (1959). Ñuqanchik, el primer noticiero en quechua de la televisión pública apareció el 12 de diciembre del 2016 y Jiwasanaka, el noticiero aimara, el 24 de abril del 2017. Hitos históricos. Y aún hay personas que señalan al quechua y al aimara como lenguas muertas.

—¿Qué les responderían Walter y Rita? —les preguntó Distintas Latitudes.

—La lengua está viva y activa. Esa opinión es de gente que no ve más allá, que no conoce el Perú. Están dentro de cuatro paredes. En los medios de comunicación en Puno esas lenguas son fuertes. Hay programas en quechua y en aimara. Hay participación de la gente. Llaman por teléfono y explican sus actividades, sus reuniones. Las instituciones públicas y algunas privadas también han tomado conciencia —señala Miski Panqarita.

Walter complementa:

—En las comunidades alejadas de la región Puno hay escuelas bilingües. Cuando yo estudiaba lingüística visitaba la isla del Sol y la Luna en Bolivia. Los pequeñitos de tres a cuatro años te reciben en aimara. Y también hablan perfectamente el castellano.

Han sido muchos años, varias generaciones diciéndoles a sus hijos “no hables el aimara” o “no lo aprendas porque van a decir que eres ignorante, mediocre, pobre, marginal, sucio”, todo lo malo que podría haber. Hay gente que decía que jamás había hablado el idioma, pero sí que lo entendían: “lo aprendí porque escuchaba a mis papás”. Ahora ya no existe esa vergüenza, solo retos y encrucijadas, como los que enfrenta la sala de redacción a diario. Pero, los conductores de Jiwasanaka regresarán a Puno más alertas a las tormentas que representan las noticias por cubrir, tanto en pantalla como en calle, en su lengua materna.

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