Por Luis Urquieta

Ecuador enmarca a la perfección los rasgos característicos de la Teoría de la Dependencia creada  por politólogos y sociólogos latinoamericanos en los años 70’s.  Una nación con vastos recursos naturales que incluye una biodiversidad gigantesca, elementos geoestratégicos importantes como petróleo y 4% del agua dulce mundial; sin embargo la situación económico-política ha sido sumamente frágil durante los últimos 20 años; entre guerras, golpes de Estado, crisis financieras, políticas erráticas y una pobreza que acoge a la mayoría de la población se ha mermado el potencial real del país sumergiéndolo en un rol periférico en el sistema-mundo, en el cual su participación se limita a la producción de materias primas con bajo valor agregado, en tanto que las decisiones fundamentales son adoptadas por  las naciones dominantes que tienen una injerencia notable en la sesgada soberanía ecuatoriana.  A partir del 2007 el nuevo gobierno bolivariano presidido por Rafael Correa ha comenzado a realizar reformas sustanciales en el deteriorado Estado ecuatoriano, promulgando una constitución reivindicatoria en un plano internacional y clamando un cambio de época que ve más allá del neoliberalismo. La realidad es compleja en el país sudamericano, la herencia histórica es un lastre difícil de soslayar, y el discurso nacionalista del nuevo gobierno debe afrontar los avatares de una crisis financiera qua azota al mundo.

En las postrimerías del siglo XX Ecuador vivió una fase de gran inestabilidad económica. Los años 80’s genéricamente conocidos a nivel latinoamericano como “la década perdida” no fueron la excepción. Ecuador comenzó la apertura económica bajo los auspicios del Consenso de Washington durante el cuatrenio del presidente Sixto Durán Ballén (1992-1996), Se produjo una fuerte inversión extranjera en el país, se privatizaron importantes sectores del economía,  el gobierno se esforzó por reducir la inflación y existió una relativa estabilidad macroeconómica, no obstante, a partir de 1995 el conflicto armado con Perú y la llegada en 1996 de Abdalá Bucaram fueron el preludio de un caos incontenible.  Bucaram, representó el excéntrico déspota latinoamericano que generalizó la corrupción y el nepotismo en su administración, despertando la ira popular que desembocó en una revuelta  en febrero de 1997, finalmente fue depuesto del cargo por incapacidad mental, sin embargo esto genero un vacío de poder que produjo una crisis constitucional que tuvo repercusiones directas en la economía del país, de manera adicional el fenómeno climatológico de “El Niño” azotó Ecuador provocando una catástrofe. Ante este amargo escenario sube al poder Jamil Mahuad (1998-2000) intenta rescatar la economía altamente dañada, promueve un rescate bancario. En marzo de 1999 congela los depósitos bancarios con el fin de evitar una masiva fuga de capitales y ayudar así a financiar al sistema financiero. Este hecho representó una perdida enorme del poder adquisitivo para las personas que tenían sus depósitos en sucres, ya que la devaluación de la moneda ante el dólar parecía incontenible. Durante el mandato de Mahuad el dólar subió de 4.500 a más de 25.000 sucres en menos de un año. Aún ante las desesperadas medidas tomadas por el gobierno el desmoronamiento de los bancos fue inevitable. Con una inflación creciente y el sistema bancario hecho añicos se llegó a una impensable decisión apoyada por grupos empresariales; suprimir la moneda nacional y adoptar el dólar como divisa de pleno poder liberatorio. Esta medida, por lógica frenó el alza agresiva de la tasa de cambio, produjo una baja significativa en las tasas de interés y contuvo la inflación aparente. El hecho cierto es que fue una medida  que perjudicó a muchos y benefició a pocos. La  minoría acaudalada con cuentas en dólares resultaron intactas, no obstante una gran parte de la población se vio afectada  por un incremento sustancial en el costo de vida. Existió por lo tanto un fuerte colapso de la clase media y una diáspora de emigración sin precedentes, principalmente a Estados Unidos, España e Italia.

La dolarización se llevó a cabo el 9 de enero de 2000, y tan sólo en 11 días un nuevo golpe de Estado cimbró al Ecuador, fue destituido el presidente y nuevamente ante un vacío de poder devinieron periodos incompletos y políticas frustradas, aún así, la medida de dolarización prevaleció y aseguró cierta estabilidad macroeconómica. Después de años sin un crecimiento sostenido entre 2000 y 2006 se alcanzó un promedio 4.6%, de igual modo el PIB per cápita se duplicó entre 1999 y el 2007, alcanzando los 44.490 millones de dólares según el Banco Central de Ecuador. La tasa de pobreza extrema ha disminuido considerablemente, sin embargo esto se debe en gran medida al encarecimiento del nivel de vida, lo cual hace las estadísticas tendenciosas por no contemplar el real nivel de compra.

Rafael Correa ha sido un arduo crítico de la dolarización, sin embargo no considera a corto plazo cambiar la divisa estadounidense por considerarlo “insensato”  ante el escenario actual del país. El arribo de Correa al poder a comienzos del 2007 coincide con un momento de importante crecimiento económico. El precio del petróleo a niveles altísimos y un gigantesco ingreso de capital a través de remesas; el país obtuvo liquidez para invertir de manera decidida en materia social. No obstante a partir de septiembre del 2008, la estrepitosa caída de los precios del petróleo, y el decrecimiento en el mercado mundial comenzó a afectar las finanzas ecuatorianas,  de igual modo las remesas de los inmigrantes han registrado un descenso considerable.

Por ahora, tener el dólar como moneda nacional ha tenido ventajas comparativas respecto a otros países de América Latina que han visto una depreciación inusual de sus monedas locales, mientras tanto el dólar se  ha fortalecido por considerarse una inversión más segura. No obstante la cotización elevada de la divisa  estadounidense hace poco atractiva la inversión extranjera en el país sudamericano. Actualmente el gobierno tiene problemas considerables ante una balanza de pagos negativa, Correa insiste en la renegociación de la deuda externa e interna por considerarla impagable, existe una morosidad oficial y aunado a ello un intento constante por obtener créditos que permitan un mayor financiamiento ante un déficit fiscal, el escenario actual es complicado.

Ecuador ha vivido en realidad 20 años de crisis, por lo cual la temática económica actual no ha causado mucha conmoción en la población. El prestigio interno y externo de Correa alcanza altos niveles de aceptación y la esperanza de un mejor vivir proyectada en la nueva constitución del 2008 concentran la atención de la prensa. Ecuador comparte un discurso de fuerte integración económica en Sudamérica, apoyó fervientemente la creación del Banco del Sur auspiciado por Hugo Chávez y comparte la idea futura de una posible unificación monetaria, por ahora solamente queda esperar un ciclo económico en el cual Ecuador está lejos de ser protagonista, tener su propia disciplina interna y construir un desarrollo sustentable en un país con gran potencial pero un pesado rezago histórico.