Por Pablo R. Barriga

Lejos de lo que podría pensarse en un primer momento, es muy probable que la crisis económica mundial no resulte tan devastadora para Bolivia como para otros países. Y es que a pesar de que cuando se piensa en el país andino-amazónico no se puede evitar pensar en conflicto socio-político y aguda pobreza, lo cierto es que los últimos tres años la economía boliviana –una economía pequeña, cuyo PIB apenas sobrepasa los 40 mil millones de dólares- ha tenido un desempeño remarcable – por lo menos si se lo compara con su desempeño durante los últimos veinte años: ha presentado un crecimiento sostenido del PIB durante los últimos tres años – crecimiento que llegó a 6,5% el año pasado, un ingreso récord por exportaciones – 6.2 mil millones de dólares el 2008,   un superávit en la balanza de pagos de 4.6% ese mismo año, un incremento mayúsculo en las reservas internacionales – que llegaron casi a 8 mil millones de dólares, y una reducción de la deuda externa debida a condonaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Los analistas de toda índole coinciden en tres razones – aunque les dan distinto peso- que eplican este desempeño: a) el alza pronunciada en los precios de las materias primas que Bolivia exporta, minerales, gas natural y soya, b) la re-negociación de los contratos con las empresas petroleras transnacionales, que aumentó considerablemente la recaudación del gobierno (de 5% del PIB en 2004 a 13.3% del PIB en 2006) y c) un manejo de las políticas monetaria y fiscal bastante razonable, que incluso ha recibido el beneplácito del FMI. La única variable preocupante ha sido, ciertamente, la inflación, que a fines del año pasado llegó a alcanzar el 11.5%, aunque hay que aclarar que se debió sobre todo al alza generalizada del precio de los alimentos y al aumento de la masa monetaria que ingresó al país.

Por razones obvias, no se puede aventurar un pronóstico optimista para el 2009. Aunque la economía boliviana está bastante aislada de las tendencias globales y ni su sistema financiero ni la inversión extranjera –que es mínima- se verán afectadas, la actual crisis económica podría golpear a Bolivia  por distintos ángulos: a) el descenso en los precios de las materias primas, que se traducirá en menos ingresos fiscales para el estado y en menores ingresos por exportaciones netas, ya que la bonanza del sector exportador se debió más a la subida de los precios que a aumentos en la productividad. Esto tendrá como correlato, es claro, la presión de los sectores exportadores por una serie de protecciones, como se ha visto ya en el caso de la minería y la creación del fondo de emergencia minero. b) Una caída en las remesas que los migrantes bolivianos (alrededor de 3 millones de bolivianos, un cuarto de la población, radicados principalmente en Argentina, Brasil, España y Estados Unidos) envían a sus familiares, caída que se traducirá en una disminución en el consumo privado. c) Un aumento del desempleo ocasionado por los despidos en el sector exportador, que se agrava por la suspensión de las preferencias arancelarias a las exportaciones a Estados Unidos, y el regreso de los migrantes que han perdido el trabajo en los países en los que residen. Y esto no es poca cosa, pues se calcula que el desempleo en Bolivia oscila entre el 8% y el 10%. d) Habrá presiones para devaluar el tipo de cambio, ya que las monedas de los países vecinos, el real brasilero, el peso argentino y el peso chileno, se han devaluado con respecto al dólar. (Este último punto es especialmente difìcil, pues ya que este es un año de elecciones, el gobierno nacional podría intentar mantener el tipo de cambio utilizando para ello las reservas internacionales y lastimando al aparato productivo nacional.)

Para contrarrestar los efectos de la crisis, el Gobierno boliviano planea incrementar el gasto público en una cifra inédita para el país: 2.85 mil millones de dólares, lo que significa un incremento en la inversión pública del 31% con respecto a la inversión pública del año pasado.  Todavía está por verse si la magnitud del gasto y la manera en que se ejercerá serán suficientes para contrarrestar la caída del PIB y el aumento del desempleo. Ciertamente, son preocupantes algunos de los compromisos de gasto que ha hecho el gobierno basándose en un precio del petróleo demasiado optimista (73 dólares por barril cuando el precio podría mantenerse por debajo de los 50) y una paridad cambiaria que ciertamente mermará las reservas internacionales. Así las cosas, se predice que este año la economía boliviana crecerá entre un 4% y un 5.75%, tendrá un pequeño déficit fiscal de 1.8% del PIB y presentará una inflación que estaría entre el 8% y el 9.5%.

Además de los efectos generales sobre la economía boliviana, la crisis tendrá un efecto distributivo negativo, esto es, le pegará más duro a los más pobres que a las clases acomodadas: las caídas en el empleo y en las remesas serán mucho peores para los bolivianos menos afortunados. Y esto podría contrarrestar las ligeras mejorías que ha conseguido el Gobierno del Presidente Morales en este período, en especial la reducción de la población bajo la línea de pobreza del 63% al 59.9% y una serie de medidas que no aparecen en los indicadores, como la ampliación de los servicios de salud y la erradicación del analfabetismo.

Resumiendo, la recesión golpeará a la economía boliviana por el lado de las exportaciones, las remesas, el empleo y el tipo de cambio. La dureza del golpe dependerá en gran medida del precio de las materias primas y de la duración y profundidad de la recesión en Estados Unidos y Europa. El principal reto que enfrenta la administración del presidente Morales es usar la inversión pública de una manera inteligente, seguir una política monetaria que no sume golpes al aparato productivo nacional y continuar con la reducción de la inflación, además de proteger a la población más vulnerable, los pobres. La economía boliviana es mucho más robusta que en el pasado y puede resistir la crisis, pero no está, de ninguna manera, blindada.

Nota: datos tomados del Dossier de Estadísticas Económicas y Sociales de la Unidad de Análisis de Políticas Económicas del Gobierno boliviano (UDAPE), disponible en www.udape.gov.bo, de las series quincenales de la Fundación Milenio, disponible en http://www.cipe.org/regional/lac y de Mark Weisbrot y Luis Sanvodal, “Bolivias Economy – an Update” disponible en www.cepr.net .