La reciente muerte del hipopótamo del Zoológico Nacional de El Salvador se suma a la lista de animales en cautiverio que fallecen por causas criminales o por la negligencia de las autoridades administrativas de los recintos de exhibición.

Por Luis Barrientos Escobar, desde San Salvador

La violencia se trasladó desde las calles y barrios de San Salvador hasta el zoológico nacional. Uno de los inquilinos, “Gustavito”, el hipopótamo, sufrió un brutal ataque con armas blancas la noche del miércoles 22 de febrero. Aún se desconoce quiénes lo agredieron. Causaron heridas muy graves en el cuerpo de animal, dejándolo con un estado de salud delicado. La noticia del atentado se conoció hasta día viernes 24, sin embargo el hipopótamo murió dos días después; luego de recibir atención de veterinarios, biólogos y especialistas de Brasil, Guatemala, Perú y Colombia.

La dirección del parque zoológico informó que el atentado se perpetró mientras la vigilancia del recinto realizaba su ronda nocturna en una zona alejada del lugar donde permanecía Gustavito. Los autores del ataque rompieron la malla de protección y aprovecharon la oscuridad para propinar la golpiza al animal que se encontraba en su piscina.

La brutal agresión al ejemplar generó indignación en todo El Salvador y una ola de críticas que cuestionaron la seguridad en el parque y sobre las condiciones de vida del resto de especies en cautiverio.

Cabe destacar que el zoológico es administrado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia. “Lamento con profundo pesar esta situación. Fui testigo del arduo trabajo que efectuaron los médicos veterinarios, biólogos y cuidadores para salvar la vida del hipopótamo Gustavito”, expresó la secretaria de Cultura de la Presidencia, Silvia Elena Regalado. El director del zoológico, Vladlen Henríquez, también se pronunció y manifestó que el animal tenía golpes en todos lados del cuerpo. “Tenía hematomas en ambos lados del abdomen, tenía un agujero en una pata, tenía golpes, al parecer con picahielos; en la mejilla, una cortada de aproximadamente 15 centímetros”, añadió Henríquez. SECULTURA tomó la decisión de cerrar el zoológico hasta nuevo aviso.

Las opiniones de organizaciones, fundaciones y grupos ambientalistas también tuvieron eco en el caso de la muerte de Gustavito. El presidente de la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL) Mauricio Velásquez condenó el ataque. “Nos cuesta creer cómo alguien tuvo la capacidad de hacer esto a un animal indefenso”.

Protestas e indignación de los salvadoreños

Desde funcionarios públicos, artistas, colectivos ciudadanos y usuarios de redes sociales expresaron su sentir por la muerte de Gustavito. Condenaron el hecho, catalogado como “criminal”, y pidieron que el Ministerio Público investigue y aclare el ataque. Varios salvadoreños se concentraron afuera del zoológico para pedir el cierre definitivo del parque y devolver a su hábitat natural a todos los animales en cautiverio, pues expresaron que SECULTURA no es capaz de administrar el recinto y no da el cuidado necesario a las especies.

A través de las redes sociales se ha convocado a manifestaciones para pedir, también, el cierre del zoológico mediante la recolección de firmas. Aprovechan el suceso para pedir a los legisladores aprobar leyes que penalicen el maltrado y muerte de animales. Otros usuarios opinaron que el ataque es una muestra del desborde de violencia en El Salvador y que viven en una sociedad “podrida”.​​

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Agonía. El estado de salud de Gustavito empeoró debido a los golpes y lesiones causadas en abdomen, patas y hocico. El hipopótamo perdió fuerza y movilidad y tuvo un bloqueo intestinal, impidiéndole procesar y defecar en los alimentos que había consumió. (Fotografía SECULTURA)

No sólo en El Salvador, también en el resto de Latinoamérica

El cautiverio de animales en zoológicos ha sido cuestionado durante muchos años por organizaciones ambientalistas y protectores de la vida animal. Resulta increíble que en los recintos donde se alojan los animales ocurran hechos inexplicables como muertes violentas, ocasionadas por humanos, o por negligencia de sus administradores. En otros países de América Latina también han ocurrido muertes de animales en exhibición, algunos en hechos criminales y otros en eventos sospechosos.

En mayo de 2016, en Chile, mataron a una pareja de leones. Un hombre violó la seguridad del recinto zoológico y en un intento de suicidio se lanzó a los leones. La seguridad del parque, para salvar la vida del hombre, abrió fuego en contra de la pareja de felinos.

En el Zoológico de Chapultepec, en la Ciudad de México, vivía el gorila Bantú. Se le aplicó un sedante para poder trasladarlo a otro zoológico con el fin de reproducción. La dosis suministrada hizo colapsar a Bantú y murió por un paro cardiorespiratorio. La polémica surgió cuando se conoció que durante la necropsia, el gorila fue decapitado y desmembrado.

En julio de 2016, un caballo negro fue reportado como desaparecido en el Zoológico de Caricuao, en Venezuela. Fue encontrado descuartizado dentro del mismo recinto. Y según el informe criminalístico, sujetos rompieron el área de seguridad donde se encontraba el equino y lo llevaron a otro sector del zoológico para asesinarlo y despojarlo de su carne.

También en Venezuela, en el Zoológico de Paraguaná, murieron dos monos y una guacamaya. Los resultados de las necropsias sugirieron que la muerte se debió a inanición. En repetidas ocasiones las autoridades del recinto consideraron la posibilidad de cerrar el parque zoológico.

En el Zoológico de Mendoza, Argentina, vivió años Arturo. Un oso polar que se encontraba a miles de kilómetros de su hábitat. Permanecía en un espacio muy pequeño, con una piscina con poca profundidad y en una ciudad muy calurosa. Lo intentaron trasladar en repetidas ocasiones a otros zoológicos, pero su estado de salud deplorable lo impedía. Ya no comía y perdió la agudeza de sus sentidos. Murió a los 30 años, de los cuales pasó 22 en cautiverio. Se le conoció como “el oso más triste del mundo”.