Uno de cada tres niños mexicanos tiene sobrepeso u obesidad, o podría desarrollar diabetes a lo largo de su vida. Los productos de la comida chatarra son adictivos y casi no existe información pública al respecto. Además, la alimentación está muy ligada al rendimiento escolar. Se hace imperioso que las escuelas ofrezcan alimentos saludables, por lo que existe un proyecto único en Latinoamérica que recibe y publica reportes ciudadanos de las escuelas que venden comida chatarra en México.

Nombre: Mi Escuela Saludable
País: México
Página en Facebook de El Poder del Consumidor
Una frase: “La plataforma es una herramienta de presión para las autoridades”
Se definen como: Plataforma ciudadana para reportar venta de comida chatarra en las escuelas de México.

Refrescos y bebidas con mucha azúcar, frituras, galletas, dulces, chocolates, pastelillos empaquetados, comida rápida como hamburguesas y pizzas. Sí, ya se sabe, es comida chatarra, y en México, a partir de la actualización de la Ley General de Educación en abril de 2014, no se puede vender en ningún centro educativo del país, desde preescolar hasta la universidad.

Existe la ley, “pero no se acata”, dijo en entrevista a Distintas Latitudes Fiorella Espinosa, coordinadora del área de Salud Alimentaria de El Poder del Consumidor. Esa asociación civil sin fines de lucro abocada a los derechos del consumidor y la Red de los Derechos de la Infancia en México -40 organizaciones que trabajan con la población infantil-, desarrollan Mi Escuela Saludable.

Esta plataforma es un observatorio ciudadano en el que se detecte el problema, se visibilice e identifiquen las barreras para que se propongan soluciones. Además, “es una herramienta de presión para las autoridades”, agregó Espinosa. El financiamiento del proyecto lo brindan varias organizaciones filantrópicas.

Desde abril de 2015, cuando inauguraron, se han reportado cerca de 900 escuelas que aún ofrecen comida chatarra a sus alumnos. El mecanismo es sencillo. Las personas -en su mayoría las madres, según Espinosa- generan el reporte donde se les pregunta por la existencia de venta de comida chatarra y refrescos en las escuelas; de un comité que vigile la implementación de la ley (lo exige la ley y “el 94% de las escuelas no lo tiene”); y de bebederos de agua potable (se deberían instalar con los recursos de los impuestos a los refrescos azucarados, mecanismo aprobado en 2013, pero menos de la mitad de las escuelas lo tienen).

Los reportes van desde preescolar a secundaria, y el único día en el que se puede vender comida chatarra (que cumpla con ciertos criterios) son los viernes. Así se entiende que se pueden consumir estos productos sólo de vez en cuando.

Entre abril y agosto de 2015 se reportaron 366 escuelas, a las que se les envió una carta dirigida a los directores con información sobre la regulación y sugerencias para cambiar la oferta de alimentos. Sólo recibieron respuesta de cinco directores, pero como no les han podido hacer un seguimiento a sus escuelas, aún no saben si han habido cambios. Con un reporte sobre la situación de las 366 escuelas, el equipo de Mi Escuela Saludable se contactó con las autoridades de las áreas educación y salud. Si bien no tuvieron una devolución, les dijeron que “estaban haciendo algo al respecto”, dijo Espinosa.

La coordinadora del proyecto reconoce que aún no han podido generar un cambio, pero sí trabajan fuerte para visibilizar el problema, y que el incumplimiento de los derechos corre por cuenta del Estado. “Los padres no son los únicos responsables de la alimentación de sus hijos”, agregó.


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