A la primavera violeta nadie le dijo cuando florecer, lo hizo cuando le dio la gana. No fue un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tampoco un 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Machista, sino un 24 de abril cuando miles de mujeres tomaron las calles en más de 20 estados de la República Mexicana y en la capital.

Es cierto que el domingo 24 de abril se cumplieron nueve años de la interrupción legal del embarazo en la Ciudad de México, pero a nivel nacional o regional la fecha no suele congregar a mujeres como ocurrió en esta ocasión. Por eso Martha Lucía Micher, feminista con 35 años de trayectoria, celebra: “me pareció muy bien que fuera en esta fecha, y que sea en julio y en octubre, todos los días”.

Miles de mujeres inundaron con silbatos, tambores y consignas los espacios públicos donde cotidianamente son violentadas. El acoso, las agresiones verbales conocidas como “piropos” y los abusos en la calle, los camiones y el metro fueron aplastados por la valentía y la sororidad: la solidaridad entre mujeres en un contexto patriarcal.

A Brenda, por ejemplo, le caga viajar en transporte público, pero este domingo fue diferente. En el camión que abordó en Ecatepec, Estado de México, junto con decenas de compañeras para llegar a la capital, no tuvo que preocuparse por que la fueran a manosear.

Cerca de una hora se extendió la caravana de autobuses que partió de Ecatepec, uno de los municipios donde se cometen más feminicidios en el país, rumbo a la Ciudad de México. En ese lapso las calles que han visto desaparecer a cientos de jóvenes se llenaron de alegre rebeldía. “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver”, se esuchaba desde un microbús que pasaba a toda velocidad. “Este no es presidente, es asesino, macho, burgués”, completaba otro camión la frase.

“Me da mucha emoción que todas las mujeres podamos salir a gritar algo, encontrarnos entre hermanas, sentir el apoyo desde muchos lugares, va a ser como una fiesta para nosotras”, anticipó una joven a pocos minutos de llegar a la Ciudad de México.

El Monumento a la Revolución fue el punto de reunión en la capital. En él se encuentra un mausoleo con restos de figuras emblemáticas de la Revolución Mexicana, todos hombres, entre ellos Francisco Villa.

Dos mujeres vestidas de violeta escogieron un sitio particular para elevar su protesta. Se pararon debajo de una de las cuatro columnas que sostienen al monumento, y que también sirve como repositorio de los restos de Villa, de quien dice el dicho porpular que andaba “con sus dos viejas a la orilla”. Las dos jóvenes, sin dejar de mostrar sus pancartas con las manos estiradas se voltean a ver y se dirigen una sonrisa de complicidad cuando se les pregunta si se detuvieron ahi a propósito, para apropiarse de y resignificar la frase coloquial que, más allá de su verdadero origen, la cultura machista utiliza para resaltar la “habilidad” de un hombre para “conseguir” mujeres.

Entre las 15:00 y las 17:00 horas la movilización avanzó por la avenida Paseo de la Reforma, hasta llegar al Ángel de la Independencia. Mientras, varias mujeres compartieron historias sobre la violencia machista, como miles lo hicieron horas antes a través de Twitter con la etiqueta #MiPrimerAcoso.

Una estudiante de la Universidad Pedagógica Nacional, que prefirió mantenerse en el anonimato, denunció que en esa institución el personal de seguridad, en vez de proteger a las estudiantes las acosa, les grita e incluso ha llegado a tocarlas. Dentro de los baños de la escuela abusaron sexualmente de una niña, hija de una estudiante; las autoridades dijeron ante la denuncia, que el caso no podía salir a la luz pues mancharía la reputación de la universidad.

Carmen Zamora, profesora de la UNAM, teme que su agresor sexual, Claudio Baruch Alarcón, quien enfrenta su juicio desde la cárcel, salga en libertad debido a la poca disposición de las autoridades del Estado de México para hacer justicia. “¿Qué le hizo para que la trate así?”, fue lo primero q

ue le preguntaron quienes la atendieron, recuerda. Por eso decidió salir a marchar, como Paola Cruz, síndica municipal en Cuautla, Morelos, que habló de las agresiones sufridas por funcionarias municipales, a manos de políticos incómodos con la presencia de mujeres en los ayuntamientos.

Por primera vez en la historia hay 27 mujeres síndicas (supervisan el actuar del presidente municipal) en los 33 ayuntamientos de Morelos. Pero los alcaldes obstaculizan su trabajo y hasta les quitan su sueldo, dice Cruz.

Ximena Galicia decidió hablar antes. Hace unas semanas expuso de qué manera fue acosada por un profesor en la Universidad Iberoamericana. Luego de su denuncia ha recibido más apoyo, que críticas, dice, y la universidad se vio obligada a reaccionar. Ella anima a otras mujeres a levantar la voz, “lo peor que podemos hacer es quedarnos calladas”.