El arzobispo de Lima, José Luis Cipriani, una figura de peso en la arena pública peruana, habló a fines de agosto en su programa de radio como acostumbra todos los domingos. Cipriani decidió meterse en terreno escabroso, opinar sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Un tema con el que la Iglesia Católica nunca se llevó bien.

La cuestión es que la “píldora del día después” (o píldora anticonceptiva de emergencia; esa que la Iglesia Católica se ha empeñado en demostrar que es abortiva, y usarla, un crimen) se puede comprar en cualquier farmacia de Perú. Sin embargo, fue en el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) que se prohibió su distribución gratuita en los centros de salud pública.

Con el recién estrenado gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), la actual ministra de Salud, Patricia García; de la Mujer, Ana María Romero-Lozada; y de Justicia, Marisol Pérez Tello, “osaron” defender la distribución gratuita de la píldora del día después en el país. De lo contrario, es una práctica discriminatoria, dijeron. Por supuesto que al cardenal no le gustó, y así lo hizo saber: “El presidente PPK no tuvo en su agenda nunca estos temas y ahora le han salido unas ministras respondonas. Le han salido tres ministras, una tras otra, empujando una agenda que el Perú no quiere”, dijo el cardenal, según aparece en La República.

La reacciones de descontento con las declaraciones del cardenal fueron inmediatas. Incluso, el mismo PPK salió al cruce diciendo que sus ministras no eran respondonas, si no que tienen “carácter fuerte”. Para el movimiento feminista peruano -envalentonado con las manifestaciones Ni una Menos-, las declaraciones de Cirpiani fueron un punto de partida.

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Las respondonas

Es claro que Cipriani utilizó la palabra respondona con un sentido peyorativo. En Perú, la palabra no se utiliza para hombres, más bien para aquellas mujeres que “se atreven a decir lo que piensan públicamente”, contó a Distintas Latitudes, Eliana Carlin, activista y politóloga. Carlin, junto con la antropóloga Nani Pease, y la artista y docente, Alesia Lund, dieron los primeros pasos para formar la comunidad Las Respondonas.

En menos de un mes, su grupo abierto en Facebook ya tiene cerca de 10.000 miembros. Pretenden que sea un espacio de empoderamiento femenino y de articulación entre mujeres para visibilizar y transformar las políticas y prácticas que las excluyen, violentan y discriminan.

Si el Ni una Menos fue un grito desesperado y masivo en las calles para alertar a la población de que “nos están matando” sin piedad, Las Respondonas reivindican la presencia de las mujeres en los espacios públicos y el ámbito laboral. Mujeres que a pesar de estar preparadas para el campo laboral (cualquiera sea la disciplina), muchas veces no son escuchadas. Potenciar su voz, hacerlas visibles, aliarse. Otra pata del movimiento feminista peruano que se ve cada vez más fortalecido.

El objetivo de Las Respondonas es generar una comunidad dispuesta a crear “grupos de trabajo que realicen acciones concretas con mujeres en los espacios laborales y públicos”, dijo Carlin. De esta forma, ya tienen preparada una base de datos con más de 250 mujeres profesionales de diversas disciplinas que puedan aportar desde su vivencia y conocimientos al grupo. “El hecho de que esté esta lista, ya contradice la idea de que no hay mujeres especializadas”, agregó.

Los aspectos a trabajar son: negociación salarial, liderazgo femenino en el espacio laboral, networking entre mujeres líderes en diversas áreas, entre otros. Así como manejan una iniciativa de crear historias a través de las heroínas peruanas de las que nadie habla.
Carlin ve un “horizonte simpático” para el movimiento feminista peruano. Ve en Las Respondonas una forma de empezar a concretar las ideas que se manejaron en las movilizaciones de Ni una Menos. De generar espacios donde cada mujeres pueda opinar, proponer, para luego realizar entre todas. Un movimiento autogestivo “con iniciativas que nos hacen falta y nos benefician”.

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