“De allá vino la trágica guaricha. Fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes.”

Rómulo Gallegos, Doña Bárbara

 

Cuando me preguntaron por un personaje ficticio femenino que representara la cultura venezolana sólo pude pensar en Doña Bárbara. Esa intrigante guaricha que desarrolló su autor, Rómulo Gallegos, en la novela con su mismo nombre en 1929, quien tiene mucho que ver con el imaginario colectivo pero poco en la realidad.

El contexto

Gallegos es uno de los escritores venezolanos más reconocidos, quien también fue el primer presidente de la nación elegido de manera directa, secreta y universal en 1948. Forma parte de los  escritores realistas latinoamericanos más importantes puesto que logró detallar escrupulosamente el paisaje y la cultura venezolana de sus tiempos. Sus temas se centraban en la regeneración nacional ya que Venezuela pasaba por tiempos difíciles en los que la dictadura era la única manera de gobernar. Gallegos fue un estudiante de Derecho que, aunque no terminó,  siempre creyó en la vía de la educación como el único camino al progreso.  Para él, Venezuela tenía que progresar: era una cultura salvaje que se tenía que domesticar para avanzar hacia la modernidad.

Esto lo deja claro en “Doña Bárbara” donde esta lucha se retrata mediante Bárbara, una mujer egoísta de los llanos venezolanos sin educación y Santos Luzardo, un hombre educado, un abogado de la capital. Los protagonistas antagónicos que representan el atraso y la modernidad, la barbarie y la civilización.

En este sentido, esta novela ha permanecido en la mente de la colectividad porque encarna la actualidad venezolana; refleja  la lucha diaria para salir de ese atraso en el que estamos sumergidos como nación, siendo un país que tiene todo para ser parte del llamado primer mundo. Su favorable posición geográfica y sus enormes recursos naturales se oponen a la pésima administración que se le ha dado, derivado en corrupción y el colapso de su estructura social, política y económica. El estancamiento, como dice Gallegos.  Y aun así, las ganas de seguir adelante, de cerrar esa brecha social que cada día es más abismal. Así perdura Venezuela aún; una querella entre seguir en la ignorancia o dar paso a la educación.

La mujer ficticia vs. La mujer real

La devoradora de hombres le dicen. Bella, escultural, fuerte, dominante, así se dibuja en el imaginario a la mujer venezolana. Y quién mejor que Doña Bárbara para representarla, ese personaje místico que todos los venezolanos llevamos en algún recuerdo de la adolescencia.

Si piensan en Venezuela,  país con terminación femenina, seguro piensan en sus mujeres. Es que sin ellas y su forma de ser, Venezuela no sería lo que es. La figura ficticia de Doña Bárbara es relacionada con cualquier mujer venezolana por su ímpetu y perseverancia, aunque aún así puede parecer atrevida la comparación. Lo que esta figura femenina representa en el libro dista mucho de la realidad venezolana actual. La obra maestra de Gallegos se escribió hace poco más de 80 años,  cuando vivían en una sociedad muy distante de la presente.

En el libro se caracteriza a la mujer como un animal que se tiene que domesticar. Doña Bárbara es de los llanos, una tierra indomable, salvaje, como ella. Una tierra que ha visto los más sangrientos enfrentamientos, como a ella también le toco vivir en carne propia cuando fue atacada por hombres en contra de su voluntad. Una muestra de hombría que desencadenó a la “indomable” y tomar la decisión de no dejarse dominar por otro hombre nunca más. A esta característica de doña Bárbara se le añade su opuesto, Santos Luzardo. Un hombre que viene de la capital, estudiado, culto, que llega a los llanos a  enfrentarse y domesticar a Bárbara. Ese fue uno de los conflictos internos al hablar de esta intrigante mujer. La necesidad que retrata de ser salvada por un hombre de su propia suerte y de su propio salvajismo. La diferencia es, espero, bastante obvia. Tomando en cuenta que en la literatura los personajes representan ideas, más no personas, la idea  de esa mujer salvaje debe ser abatida por el conocimiento de la mujer presente que ocupa más lugares en las universidades y que no es un ser irracional, ni necesita ser controlado por otra persona.

Otro punto donde dista es en el que Doña Bárbara refleja el poder femenino de conseguir lo que sea basado en las artimañas femeninas y en su belleza, es temida por los hombres e incluso se dice que tiene poderes sobrenaturales. Esta representación difiere mucho con la realidad actual, no sólo por insinuar que las venezolanas sólo utilizan tácticas y su belleza para llegar a fines, sino también por generalizar a todas como “trepadoras”. La mujer actual (no sólo venezolana) es capaz de escalar peldaños en cualquier ámbito por mérito propio. De ser racional y de luchar contra los estereotipos (muy arraigados) de lograr todo por el “ser bonita”. Han demostrado que salen adelante por sí solas y precisamente, se ha luchado por una equidad en el trato y en las oportunidades.

Y así es como concluyo. Para Rómulo Gallegos el personaje de Doña Bárbara personificaba el atraso y la barbarie. Una mujer sin educación, sedienta de poder mezclado con ánimos de venganza. Es fuerte y bella, si. Pero también avasallante y egoísta, un retrato novelesco que siempre obtiene lo que quiere, llámese hombres, fincas, poder, sin importar lo medios. Transfiriéndolo a la actualidad, no hay nada que relacione al género femenino con ser primitivo, allí está su mayor diferencia.  La comparación con las venezolanas se logra al punto que en nuestras mentes Doña Bárbara es esa representación atemporal, no de todas esas características negativas, sino que simboliza ese pueblo de mujeres echas pa’ lante, luchonas y con la fuerza interior necesaria para hacer lo que se propongan sin necesitar a nadie más que ellas mismas, sin renegar su condición de mujer, de hecho, reivindicándola. Como menciono anteriormente, Venezuela no sería la misma sin estas mujeres que defienden y pelean por un lugar propio todos los días, que trabajan y sacan a su familia adelante.  Efectivamente, con esa descripción seguro caigo en lo romántico e incluso feminista, pero lo más importante del retrato de Doña Bárbara es que inmortaliza la fuerza de la mujer no sólo venezolana, simboliza a la mujer latina.

 

Bibliografía:

1. Gallegos, Rómulo, Doña Barbara, Fondo de Cultura Económica. México. 1975