Por José Luis Huacles (Perú, 1992), integrante de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas

[Este texto es parte del especial “Lxs calientes en América Latina” que incorpora reportajes, crónicas e investigaciones desde 12 países de la región]


Hace 25 años en Lima Norte no existían grandes centros comerciales. Pocos empresarios apostaban por este lado de Lima y los distritos allí apenas empezaban a urbanizarse. Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado muchísimo: Lima Norte es una de las principales zonas comerciales de la capital peruana y la más fructífera en emprendedurismo empresarial.

No hay límites para vender objetos u ofrecer servicios aquí: en cada cuadra, por ejemplo, puedes encontrar un banco, una escuela, varios restaurantes, un edificio lleno de boutiques, etc. Dentro de esta variedad de comercios florecientes unas tiendas llaman la atención: las del sexo.

“¿Ves la tienda de dentro? Ahí venden esas cosas… esas cosas… pues, pe-nes, de plástico, entra y revisa, ya vas a ver”, cuenta con voz baja un vendedor ambulante como para que no lo oigan cuando se le pregunta por un sexshop, anunciado en un volante.

Solo en el 2011 se calculaba que la oferta de sexshop en Lima Metropolitana era de ocho tiendas; ahora, en la actualidad, aunque no exista un estudio sesudo, los dueños de los sexshop estiman que en Lima hay unas 30 tiendas. En Lima Norte aún se cuentan con una mano, pero ya son parte de esta tendencia.

Sexo al más mínimo detalle

Un hombre alto y bien vestido recibe a los clientes en Pasion Sexshop, Gabriel Fernandez de veintinueve años ha aprendido a administrar esta tienda desde hace unos seis, pues ha trabajado en otras tiendas de sexo como vendedor. Este negocio ahora es suyo.

Gabriel tiene una mirada decidida, es hábil con las cuentas y conoce cada producto que vende: es un empresario nato de los juguetes sexuales. Sabe dónde comprar, qué países son los que ofrecen mejores importaciones, cuáles son los materiales óptimos para sus clientes y cuánto es el stock que él debe comprar.  Uno de sus secreto es ofrecer hasta el más mínimo detalle del producto a sus clientes, además ha implementado la compra online vía tarjeta de crédito o pedido.

Él mismo es el que contesta los mensajes, las llamadas, y enseña a clientes y curiosos cómo funciona un vibrador, por ejemplo. También publica los mensajes de ventas en Facebook y en otras páginas que curiosos de la red visitan para encontrar un juguete sexual.

El dueño de Pasion Sexshop habla sin tapujos y calmadamente: “usted introduce el consolador en la vagina, de preferencia con un lubricante, y suavemente lo empuja hacia adentro al ritmo que usted desee… no, no son tóxicos”, le responde a la voz de una señorita dudosa por el teléfono.

Ellas compran

Pero, ¿quiénes compran los juguetes sexuales en el Perú? En Placer Sexshop, comercio ubicado a unas cuadras del Centro Comercial Plaza Norte –por cierto, una de las más grandes del Perú y Latinoamérica–, responden que el 60% de sus ventas es para mujeres, entre consoladores, vibradores y lencería son los más requeridos por ellas.

“Son mujeres independientes con ganas de conocer su cuerpo mucho más, mujeres que han desatado las ataduras que limitaban el disfrute de su sexualidad”, dice Erika, compradora ocasional de lubricantes y juguetes. Tiene 28 años, es arquitecta, soltera y vive en Los Olivos. Junto a sus amigas, como jugando, visitó la página web de un Sexshop, donde encontró un mundo que era desconocido para ella.

Su curiosidad aumentó mucho en los días siguientes, “me moría de vergüenza  cuando llamé a la tienda para comprar un consolador, no sabía mucho, pero al final me decidí y compré mi primer juguete sexual”. Ella cuenta que la primera vez con el vibrador, su nuevo juguete, tuvo un orgasmo a los minutos, “lo usaba como yo lo quería, dos o tres veces a la semana, era realmente excitante. No era como mis anteriores compañeros sexuales,  muchas veces ellos eran muy malos en la cama y se venían rápido. Yo diría que con el consolador fue la primera vez que disfrute mucho del sexo o mejor dicho de la masturbación”.

Hasta ahora Erika utiliza los juguetes sexuales, sin vergüenza alguna, en sus ratos íntimos para un mayor placer sexual. Y algunas veces juega junto a alguna pareja ocasional con arneses, vibradores y aceites comestibles, “que es lo que da la sensación rica al sexo, ya aprendí”, dice.

Aún hay ideas erróneas sobre los sexshop, la generalizada es la desmentida anteriormente: un sexshop solo es para un público femenino. La realidad es que se vende todo tipo de juguetes sexuales para satisfacer a ambos sexos. Para los hombres los productos de mayor demanda son los anillos vibradores que estimulan la base del pene y los labios vaginales de la mujer en el acto sexual, o los más novedosos como el vibrador de próstata que se introduce por el ano, lo más viable en el alto placer masculino.

Sin mencionar que también se venden muñecas inflables con vaginas y anos superrealistas, masturbadores-vaginas (una especie de tubo con la cavidad superior en forma de vagina en el que se introduce el pene), bombas de vacío que alargan el pene, entre otros productos básicos que no falta en un sexshop como el retardante.

Hay que saber que un sexshop, acá en Lima Norte, es casi como una tienda de productos normal, abre temprano a eso de las nueve de la mañana y cierra a las nueve de la noche, reparte volantes en la avenida más concurrida, que atraviesa todo Lima Norte, la Panamericana Norte. Pagan impuestos, dan un comprobante de pago por la compra, ofrecen descuentos y cuentan con un fanpage en Facebook y una web.

Eso sí, los sexshop siempre cuentan con luces de neón para crear un ambiente más íntimo, bien en el anuncio de llamada exterior o alrededor de toda la tienda sobre los productos. Además los productos están a la vista de todos para ser tocados y vistos por el cliente, por demás está decirlo, todos los sexshop relucen en limpieza.

Las ventas discretas

Es cierto, los clientes de los sexshop prefieren hacer sus compras por internet, eligen los productos por un catálogo en línea. Luego escriben a la tienda vía correo electrónico o por Whatsapp, “es más fácil, rápido y seguro, porque los pagos se realizan a contraentrega, es decir, te llevamos el producto a tu casa y lo pagas ahí. También puedes realizar el depósito de dinero en el banco, presentar el boucher y el courier se encarga de llevártelo. Todo con tal de darle la confianza suficiente al cliente”, comenta un encargado de un sexshop.

Quizás el rezago de vergüenza sea la primordial causa para que las ventas electrónicas sea la principal fuente de ingresos. “El cliente elige, paga y recibe el producto en su casa, muchas veces nos enteramos del estilo de vida o quiénes son exactamente los compradores días después cuando ya tienen consultas”, concluye un vendedor de juguetes sexuales.

Alrededor del 65% a 70% de ingresos de un sexshop proviene de sus ventas por internet, es por eso que tratan de tener sus páginas de web actualizadas, publican fotos muy claras y colocan los precios en un lugar visible. No pueden perder un cliente si un producto no tiene precio o si no existe el número de contacto en la página web. Es un “delito”, enfatiza el dueño de un sexshop.

Los días de San Valentín y Navidades son los de más venta para un sexshop. “Nadie se quiere perder el darle una sorpresa a la pareja o regalarle un juguete a una íntima amiga”, comenta un repartidor de volantes en la calle, quien también trabaja en un sexshop. Literalmente algunas tiendas envuelven los juguetes sexuales en papel de regalo a gusto del cliente.

Los sexshop están buscando formas novedosas de atraer a un público más joven, por eso muchas tiendas, como Placer Sexshop, han renovado su marca y línea gráfica, con un nuevo estilo más fresco, han reactivado sus fanpages y, por supuesto, han remodelado sus tiendas para ofrecer una mejor experiencia a sus clientes. Es que los sexshop han decidido no estancarse para vender sus productos en Lima Norte, una zona de Lima que crece rápidamente y apunta a mantenerse como uno de los focos más dinámicos en la economía de Lima.