La muerte es inevitable, pero como muchos de nuestros aspectos personales mientras tenemos vida, nuestra muerte terminará siendo un número en las estadísticas. ¿Pero cómo contamos a los muertos? Hay mucho desconocimiento sobre cómo enumerar a la muerte y sus problemas al hacerlo, sobre todo cuando queremos tocar temas como tipos específicos de muertes, como las muertes violentas, y aún más específicos: los homicidios y, aún más más específicas: los feminicidios.

Medir la muerte tiene sus problemas. Autores clásicos en el tema como Arriaga (1988) explican que en la información sobre la mortalidad existe un subregistro de defunciones, errores en el registro de la defunción y también un problema en el detalle de la información publicada. Esto varía entre los países, pero en general muchos estudios cuantitativos de la mortalidad complementan los registros vitales con los datos de los sistemas judiciales.[i] Existen también estudios cualitativos que abordan el fenómeno a través de otras herramientas como las autopsias verbales, para establecer los detalles de la muerte.

La muerte también es estudiada desde el punto de vista de la salud pública, donde nace el concepto de “muertes evitables”. El concepto de “evitabilidad” implica que se trata de muertes innecesarias y que se pueden prevenir mediante acciones individuales y sociales, y constituyen un problema de salud pública porque se pueden evitar a través del control del entorno socioeconómico  y la atención en salud (Whitehead y Who, citados por López Jaramillo, 2010).

Las muertes violentas son las ocasionadas por accidentes, suicidios, homicidios y otras lesiones en las que no se sabe si hubo intencionalidad, lesiones resultantes de operaciones de guerra y otras no especificadas (Ramírez, 1999, citado en Pascua Purón, 2010), éstas podrían ser evitables con una serie de medidas mixtas (individuales e institucionales).

Se puede decir que, en un sentido amplio, el feminicidio es la muerte evitable de mujeres por razones de género. Esto incluye otras muertes producto de las estructuras sociales patriarcales, como la mortalidad materna y otro tipo de muertes evitables ocasionadas por enfermedades propias de la mujer, además de los homicidios perpetrados por violencia de género. Sin embargo a partir de los 90’s se empezó a utilizar el término de feminicidio como “asesinato misógino de mujeres por hombres” (Russell and Radford, 1992, citados por Kaye, 2007).

Esta última tipificación del feminicidio implica un reto en su estudio. Pues es importante establecer que la muerte es el final de una violencia contra la mujer. Esto implica un desglose de la información bastante detallado para establecer tasas de incidencia en lugares o grupos de edad. Sin embargo el feminicidio es una categoría que ha servido para estudiar casos específicos como los casos de los feminicidios en Juárez y en Guatemala.

 

[Elaboración propia]

 

En ese sentido, se debe recordar que los feminicidios no son todos los homicidios de mujeres. Sin embargo, para tener idea de la incidencia del fenómeno, se pueden combinar la información disponible. En México algunos registros vitales incluyen la presencia de violencia familiar o bien se puede establecer a través de la relación de la víctima con el homicida (si es su pareja, por ejemplo).

Otra manera es el uso de encuestas especializadas sobre el estudio de la violencia, como en el caso mexicano lo es la ENDIREH, y poder establecer relaciones de la violencia contra la mujer y los niveles de muertes violentas. Un ejercicio parecido al que se propone es el desarrollado por Pascua Purón (2011), quien establece la relación de la violencia en contra de las mujeres tomando en cuenta los niveles de violencia social a nivel municipal. Si bien este tipo de estudios no nos dan una tasa de incidencia de los feminicidios, sí nos indican qué tanto se relacionan la violencia contra la mujer con los homicidios perpertrados.

 

Para consultar

Sobre los registros de mortalidad en México

http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/espanol/proyectos/continuas/vitales/bd/mortalidad/MortalidadGeneral.asp?s=est&c=11144

Sobre las Causas de Muerte tipificadas

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:CIE-10_Cap%C3%ADtulo_XX:_Causas_extremas_de_morbilidad_y_de_mortalidad

Referencias:

Arriaga, Eduardo (1988) “Problemas relacionados con la medición de la mortalidad”, en Bronfman, Mario y Gómez de León, José, Comps., La mortalidad en México: niveles, tendencias y determinantes, México D.F., El Colegio de México, pp. 143-158.

Kaye, Jossie (2007). “Femicide”.  http://www.massviolence.org/Article?id_article=41

Hernández-Bringas, Héctor y Narro-Robles, José. (2010). El homicidio en México, 2000-2008. Papeles de Población, Enero-Marzo, 243-271.

López Jaramillo, Ana María (2010). Evolución de la estructura de las muertes evitables en la frontera norte de México entre 1998 y 2007 y sus factores condicionantes. Tesis para obtener el grado de Maestra en Demografía por el Colegio de la Frontera Norte.

Pascua, Mónica (2010).  Asociación entre el nivel de violencia contra las mujeres dentro del hogar por parte de su pareja en 2006 y el nivel de homicidios en su municipio de residencia : un análisis en los municipios mexicanos. Tesis para obtener el grado de Maestra en Demografía por el Colegio de México.


[i] Por ejemplo Hernández-Bringas y Narro-Robles(2008) para el caso mexicano explican que las estadísticas vitales publicadas por el INEGI  se les reconoce siempre un nivel de subestimación, atribuible en parte al subregistro y mal registro, dados los procesos burocráticos de levantamientos de las actas. Por otro lado, la  otra fuente que ellos utilizan en su estudio,  los registros de las procuradurías de justicia de las entidades Federativas, tiene la dificultad de no contar con algunas variables demográficas y que son de acceso  restringido.