Autor: Nuno Vargas es un diseñador, periodista y algo llamado estratega digital. Trabaja con nuevos y viejos medios de comunicación, entre los EE.UU., Nigeria o Argentina, pero su casa es Porto. Si no está en un avión pueden encontrarlo optimizando datos sobre los migrantes de la OIM en Ginebra, relanzando el funcionamiento de TN.com.ar en Buenos Aires o en el Estadio Dragón. Oh, sí, y también en @nunovargas.

Publicado originalmente en 24.sapo.pt. Traducción de Diego Pérez Damasco.


Pensar en el periodismo hoy en día es pensar en el contenido informativo, el concepto de información, pero también en comunidad, en tecnología, en velocidad y en la necesidad de convivencia de todo esto en el mismo entorno de trabajo.

Contenido. El contenido tiene que ser parte del proceso, y la redacción tiene que darse cuenta de esto y ser parte de este cambio, con un pie en las noticias y otro en la tecnología.

Esto empieza con la pregunta: ¿cuáles son los problemas que estamos tratando de resolver y para quién? Hay que aceptar que ser un editor moderno se trata tanto de la presentación y distribución de contenido editorial, como de la calidad del periodismo en sí.

Hay que apostar en narrar las historias en múltiples plataformas digitales, pensar en plataformas móviles y construir comunidad. No significa estar en todas, pero ser inteligente y cuidadoso acerca de dónde y cómo estar. Producir para Facebook es diferente de producir para Snapchat. Si hizo una mueca cuando leyó “Snapchat”, entonces tenemos un problema aún mayor.

Comunidad. Comunidad implica empezar una conversación con los lectores. Y eso implica otras cosas como medir lo que las personas hacen en los espacios digitales, lo que las hace hablar, lo que las hace felices o lo que les causa indignación. Y luego, en función de los intereses de los lectores y el análisis de su reacción a los contenidos, poder definir, en conjunto con la sensibilidad de la redacción, el contenido, las plataformas y las herramientas a utilizar para presentar la propuesta de informativa.

Este formato de equipo, llamémoslo “equipo de engagement” que, cuando se produce algún evento, por ejemplo, un atentado, verifica la información, promueve artículos en las redes sociales, gestionar los comentarios de los usuarios de forma simultánea y aprovecha la retroalimentación en línea y métricas, y los redirige hacia sus colegas de varias secciones, debería ser obligatorio en cualquier medio. Si no estamos escuchando a nuestro público, este va a obtener su información en otro lugar.

ElDiario.es cuenta con más de 19.000 socios que pagan un mínimo mensual de 5 € para tener periodismo de investigación y enfoques diferentes de los otros medios. Un medio con muy poca jerarquía, con una fuerte base tecnológica y 19.000 socios que, mensualmente, representan casi el 40% de los ingresos.

Podemos llamar a este diálogo una especie de User Experience (UX): iniciar un diálogo. Las historias son efectivas si las personas las leen. Preguntar a las audiencias qué preocupaciones e intereses tienen, qué historias le gustaría ver y por qué, y evitar la sensación de que sabemos lo que quiere el público.

Formato. Tenemos que dejar de tomar noticias pensadas para papel y forzarlas a encajar en un formato digital, ya sea un teléfono móvil o una pantalla de ordenador. Ya que mencionamos esto, las páginas o sitios web son una parte de este ecosistema, pero cada vez los son menos. El consumo de noticias en plataformas móviles está, en el hemisferio norte y en gran parte de América Latina, encima del 65%.

Tenemos que ir a buscar a nuestros lectores dónde ellos están y dar forma a nuestra propuesta para esos espacios informativos, publicar en múltiples plataformas, incluso si se es para medir el impacto y hacer ajustes en consecuencia. Debemos darnos si nuestros usuarios o lectores van a interactuar con nuestra marca de una manera u otra, ya sea en un formato como el podcast, o en realidad virtual, como el 6×9 de The Guardian que replica, por ejemplo, la experiencia de ser confinado en una celda de prisión.

Para esto, los medios de comunicación tienen que ser flexibles y no un barco pesado, que es incapaz de cambiar de dirección cuando sea necesario. Es necesario hacer que la redacción sea un verdadero trípode basado en tecnología, diseño y, claro, periodismo, con editores con poder y la responsabilidad, y asegurarse de que pone los usuarios y sus necesidades en el centro de todo lo que hace. También tenemos que tener una relación sin complejos con la tecnología y hacer que los periodistas, diseñadores y, por decirlo de alguna manera, programadores, entiendan un poco de lo que hace el otro.

Debemos tener más periodistas programadores, periodistas diseñadores, programadores periodistas y otras combinaciones posibles para trabajar juntos en el mismo espacio físico, teniendo en cuenta los retos y las necesidades del medio. La tecnología no es un monstruo, pero no es una panacea o un juguete nuevo para mostrar. Frases como “tenemos un extraordinario nuevo CMS” o “han visto nuestra nueva aplicación” pueden ser sinónimo de manejar un carro de la Fórmula 1 para ir al supermercado. Ninguna aplicación o CMS (gestor de contenidos) sirve para nada, si no está pensada para las necesidades del medio y los deseos de la audiencia.

Velocidad. Una persona que dirige una redacción, constantemente tiene que pensar en la velocidad. Un segundo más para subir nuestro contenido es tan importante aquí como en una carrera de 100 metros: la diferencia entre ganar la audiencia o ser simplemente uno más en subir contenidos. Un proceso con muchas ventajas es limpiar el sitio de todo lo que no es esencial. Después, es necesario que la redacción esté involucrada en el proceso, con el fin de darse cuenta de que tiene que haber un criterio y que todos los días tomamos decisiones.

Nunca tuvimos tanto el acceso a la información como ahora y nunca ha habido un público más informado y exigente que ahora. El futuro pasar más por ser un barco de vela rápido, capaz de cambiar de dirección rápidamente y adaptarse a las condiciones que encuentra en lugar de un enorme carguero, con miles de hombres y jerarquía pesada.