El 11 de marzo de 2006 asumió la primera mujer presidenta en Chile, Michelle Bachelet Jeria. Ella cambió los parámetros más conservadores, los límites impuestos por una sociedad machista y las estructuras basadas en un complejo sistema político, donde el rol de la mujer representaba una minoría.

Durante 2006, Chile vivió una situación excepcional: se hablaba por primera vez de la posibilidad de que una mujer fuese mandataria. Lógicamente, las opiniones eran diversas. Ya no sólo los grupos tradicionales participaban en la opinión política: los debates también estaban en las conversaciones del metro, en los autobuses, en algún café, en los negocios de barrio. Sobresalía la voz de mujeres simples y sencillas que hacen su trabajo en silencio. Ellas, llenas de valor, alzaron su voz.

Con mis 18 años recién cumplidos, me inscribí en el Registro Electoral para poder participar por primera vez en las elecciones presidenciales[1].  La energía que se vivía era indescriptible. Recuerdo haber participado en el término de campaña de Bachelet y sentir cómo esta figura política sencilla irrumpía con fuerza en distintos sectores, cómo la juventud se agrupaba en las calles, cómo nadie quería perderse este momento. No importa de qué sector político se sea partidario, la irrupción en la historia de Chile de una mujer presidente marcó el contexto político y social de este país.

Más allá de referirnos a resultados, aciertos o falencias durante sus cuatro años de mandato, me parece importante realizar un análisis específico sobre su política social; sus programas e iniciativas y cómo estos afectaron  las cuestiones de género.

Michelle Bachelet es una mujer de izquierda, médico de profesión, agnóstica, separada y que sufrió personalmente la dictadura militar. No son datos banales al momento de enfocar su programa político y social, como lo vimos manifestado en sus ideas liberales –siempre al margen de un control eclesiástico– sobre temas que sensibilizaron e incluso escandalizaron a la sociedad chilena. Algunos fueron el rol de la mujer, el matrimonio homosexual  o los programas de reproducción sexual.

Su estilo de gobierno buscaba la equidad de género, punto que ella misma destacó al nombrar, en su gabinete ministerial, al mismo número de hombres que de mujeres. Lo señaló también en 2008, en el discurso pronunciado ante el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica: “Se hace urgente llegar a una democracia verdaderamente igualitaria, en que la participación paritaria de las mujeres en todas las instancias donde se toman las decisiones sea por fin una realidad”.

La igualdad de género, promesa de campaña, se hizo latente en el gobierno, aunque durante su mandato fue variando debido a cambios y conflictos dentro de su bloque político (Concertación).

Buscar la reivindicación de la mujer en Chile es un tema histórico y de trascendencia. Poco a poco la mujer ha ido ganando espacio, el derecho al sufragio[2] y a ostentar cargos políticos. Incluso, antes se consideraba a la mujer incapaz (o de capacidad limitada) en el matrimonio, según el reglamento del régimen de sociedad conyugal[3].

Hoy en día las grandes falencias se ven reflejadas en la equidad laboral, debido a la discriminación todavía existente: la diferencia de sueldos entre mujeres y hombres que realizan un mismo trabajo, o los programas de maternidad y seguridad social.

 

¿Podemos hablar de avances en temas de género durante el gobierno de Michelle Bachelet?

Mi respuesta es afirmativa. En primer lugar, incorporó los temas de género como una de sus políticas imperantes, tanto así que hoy en día, lo mismo en elecciones presidenciales como municipales, existe una mayor preocupación en propuestas de campaña para mejorar la política de género.

Con su estilo propio, Bachelet abarcó programas sociales enfocados a  las condiciones laborales de las mujeres. Dentro de sus programas estuvo el incremento de Salas Cunas (centros de guardería para niños) para hacer posible una integración mayor de las mujeres madres al campo laboral o de estudios. O bien el programa “Chile Crece Contigo”, Sistema de Protección Integral a la Infancia,  focalizando a familias que presentan mayor vulnerabilidad. Durante 2008 se promulgó la Ley 20.166 sobre el derecho de amamantamiento de las madres trabajadoras a sus hijos.

Políticas de reproducción

Un tema fundamental de género es la reproducción sexual y los programas de anticoncepción. Durante el gobierno de Bachelet, este tema provocó acalorados debates y desacuerdos por parte de los sectores más conservadores del país. Su postura iba en contra, esencialmente, de la distribución de la denominada pastilla del día después o de emergencia[4].

En su gobierno, la presidenta no presentó ningún proyecto para la despenalización del aborto, por lo que en Chile sigue considerándose un delito la interrupción del embarazo, punto que comparto en plenitud con la ex mandataria. Hablar de aborto en una sociedad es llegar al final del problema, puesto que con anterioridad debe existir una mayor educación, más apoyo y libertad en programas de anticoncepción, y así no focalizarse en la etapa final. Cuando el debate sólo se centra en la legalidad o no del aborto, se deja atrás una serie de procesos en los cuales se ha fracasado, como lo demuestra cualquier embarazo adolescente.

Su visión en estas materias fue clara: al establecer la distribución gratuita de la píldora de emergencia a cualquier adolescente mayor de 14 años en los servicios públicos de salud, Bachelet apostó por un refuerzo de los mecanismos preventivos y no por esquemas abortivos que, de todos modos, no solucionan el problema de raíz. Se atrevió, incluso, a proponer medidas directas y sin injerencia de la Iglesia Católica. Esto trajo consigo una oposición rotunda entre los sectores más conservadores y la iglesia, al señalar que esta clase de medidas son, en el fondo, abortivas. A raíz de ello y a pesar de la enérgica presidenta, el Tribunal Constitucional de Chile declaró inconstitucional la distribución de la píldora.

Pero la mandataria no quedó tranquila y en 2010 se publica una ley[5] que autoriza la entrega de la “píldora del día después”. Este hecho fue un logro importante en materia de género, al reconocer la libertad de cada persona de escoger sus propios sistemas de regulación de fertilidad.

Significó  la apertura y progreso en la mentalidad de un país conservador y de doble estándar, porque en Chile los progresos más liberales se van desarrollando lentamente, como fue el caso del divorcio implementado sólo hace algunos años. Pero en materia sexual o programación de fertilidad, ¿qué podemos decir?, los tabúes son aún mayores, pues la tasa de embarazo no deseado en menores de edad y abortos clandestinos ha incrementado, afectando principalmente a los sectores más pobres de la población[6].

No podemos negar los grandes pendientes tras su gobierno, como la situación de los pueblos indígenas, vivienda social digna y medio ambiente, tan discutido estos días. Pero, aun así, la figura de esta mujer marcó de fondo la historia de Chile. Hoy se habla de género y no sólo en cuanto a la mujer, sino también a los derechos de los hombres y sus hijos. Que se haya colocado en el debate central es un avance; su continuidad y profundización dependerá de la futura visión y labor de la sociedad, que esto no se transforme en un retroceso.


[1] El Derecho a sufragio en Chile no es automático. Una vez cumplida la mayoría de edad (18 años)  siendo plenamente capaz y sin tener pena aflictiva o haber cometido delitos de terrorismo, se puede inscribir en el Registro Electoral que corresponda.

[2] El Derecho a Sufragio para las mujeres se establece en 1949 para las elecciones municipales y en 1952, por primera vez,  pueden participar en elecciones presidenciales.

[3] La Ley N° 18.802 dio un paso muy significativo en la evolución de los regímenes patrimoniales al derogar la incapacidad relativa de la mujer casada en el régimen de la sociedad conyugal.

 

[5] Ley 20.418 sobre Información, Orientación y Prestaciones en materia de Regulación de la Fertilidad.

[6] Según datos entregados por el Ministerio de Salud en 2009, en las comunas pobres la tasa de embarazo adolescente es mucho más alta que en las comunas de mayores ingresos.